sábado, 18 de agosto de 2018


Busquets: “Prefiero fabricar fútbol que rematarlo”
El mediocentro y segundo capitán azulgrana analiza al equipo de Ernesto Valverde y LaLiga que le espera al Barça
JORDI QUIXANO
Barcelona 17 AGO 2018 -


Ampliar fotoBusquets saluda a la afición del Camp Nou, el miércoles en el Gamper. NURPHOTO GETTY IMAGES
No suele dar entrevistas porque entiende que muchas veces no se habla de lo que sucede en el campo sino de lo que adorna al fútbol. Así que se limita a responder las preguntas a pie de césped cuando se le requiere tras los encuentros. Es ahí, en el tapete, donde Sergio Busquets (Sabadell; 30 años) se ha ganado un nombre, también la admiración del mundo fútbol.
Pregunta. ¿Cómo fue ese momento en el que Guardiola lo reconvierte a mediocentro?
Respuesta. No lo hablamos demasiado… Por entonces, actuaba de volante o falso 9. Pero me empezó a poner en el centro, quizá porque mis cualidades se reflejaban mejor en esa parte del campo. Después sí que empezamos a hablar de lo que quería del pivote y, viendo su trayectoria deportiva, si había alguna posición en la que tenía todo estudiado era esa. Compartir el año del filial y los del primer equipo ha sido súper importante para mí para entender el juego, me ayudó mucho. Con él hice un aprendizaje que no habría conseguido con ningún otro entrenador porque es el mejor.
“SACAR A TANTOS CANTERANOS SERÁ CASI IMPOSIBLE”
En la gira norteamericana ha destacado Riqui Puig, que se une a Aleñá como próximo canterano futurible para hacerse un sitio en el primer equipo. “Son buenos, sí”, interviene Busquets; “pero hay que darles tiempo. No podemos decir que serán el próximo Xavi, Gerard o Iniesta. Hay que darles confianza, poco a poco, y si tienen esa suerte y valen, lo conseguirán. Hay que ayudarles”. Entiende el mediocentro, sin embargo, que será complicado repetir la época de abundancia que ha pasado la cantera azulgrana. “Será muy difícil que ocurra de nuevo algo así, que salgan tantos jugadores tan importantes en el Barça, en las selecciones... Va a ser casi imposible”. Aunque matiza: “Pero seguro que con el tiempo irán saliendo. De otra manera, de otra época, escalonados... Todo tiene que ser diferente”.
P. ¿No tuvo miedo de que el cambio le hiciera quedarse por el camino, dado que fue en el filial?
R. Es que disfrutaba mucho en la posición. Y jugábamos en Tercera, donde el fútbol era diferente. No era muy difícil, aunque en según qué campos se sufría por las dimensiones o la propuesta del rival. Pero me gustaba porque tocaba mucho balón, intentábamos jugar bastante, en el juego aéreo también me sentía cómodo…
P. ¿Disfruta más con más responsabilidades?
R. Sí, seguro. Me gusta más fabricar fútbol que acabarlo. Por eso soy cero egoísta a la hora de hacer goles. Sé de la importancia de ser solidario en mi juego porque así me lo transmitieron Pep y todos los entrenadores. La demarcación de mediocentro, si no es la más importante para el funcionamiento del juego del Barça, se acerca. Claro que si luego aparece Leo, bueno, pues quizá ya no lo es tanto…
P. ¿Un mediocentro egoísta no puede ser un buen mediocentro?
R. Quizá en otro sistema con doble pivote no es tan importante, pero con el 4-3-3 que jugábamos era imposible. Pero vamos, que no se puede ser muy egoísta.
P. ¿Cuándo se queda satisfecho al acabar un partido?
R. Cuando no he perdido balones. O que sean los mínimos posibles y no provoquen riesgo o una contra rival. Eso es lo primordial. Pero soy muy exigente y tengo todas las jugadas en la cabeza y las repaso para mejorar. Sé lo que podía haber hecho bien, en la que podía estar mejor colocado o en la que me he confiado y hay esa pérdida peligrosa. Aunque habría que examinar cada jugada. Hay veces que intento buscar y no encuentro, otras que el rival me encima e intento regatear, y a veces me gusto un poco más de la cuenta. Pero es verdad que me gusta regatear. En ocasiones sale mal... Entonces, me digo que no hacía falta y me sabe mal. Pero en mi cabeza sé que toca pedir perdón y correr. Y si me sale bien, también está el sentimiento de haber ganado la partida. Esa adrenalina de que te ha salido lo que querías. Hay que encontrar el equilibrio y que sea en beneficio del equipo.
P. ¿Cómo prevé la temporada?
R. Dura, como todas. En LaLiga los rivales serán el Real Madrid y el Atlético, que se ha reforzado mucho y bien. El Madrid, menos, pero tiene plantilla de sobra. Y nosotros estamos en muy buena dinámica y hemos traído jugadores que nos hacen más completos. A Arturo ya se le conoce; Malcom es muy rápido y aportará desequilibrio; Lenglet tiene una buena salida de balón; y Arthur tiene cosas de Xavi. No me gusta comparar, pero ese giro, ese jugar con el balón pegado a los pies… Esperemos que entre todos logremos ser un poco mejores en Europa, que es lo que nos ha costado últimamente.
P. ¿Se resentirá el Madrid sin Cristiano Ronaldo?
R. Ojalá lo eche de menos y note la falta de gol. Pero conozco a su entrenador y hará que el Madrid sea más equipo. Nosotros a lo nuestro, a jugar como sabemos.
P. Pues de usted dice Piqué que es el mejor del mundo al primer toque. ¿Qué le parece?
R. No está mal, ¿no? Y eso que es muy difícil jugar al primer toque. Pero es tan importante mi pase como que el compañero esté bien posicionado para recibirlo. Y más hoy en día. Cuando empecé a jugar era más sencillo porque los equipos no estaban tan preparados táctica y físicamente, había más espacios.
P. ¿Piensa mucho jugando?
R. Demasiado. La cabeza me va a tope. Soy así en mi vida, soy muy pesado con todo. Me gusta tenerlo todo controlado y en orden. Y en el campo, pues me pasa lo mismo. Pienso que es tan importante crear juego que saber dónde están los delanteros rivales, no dejar en igualdad a mi defensa con su delantera, bascular, tapar agujeros… Y en ataque lo mismo, ver las posiciones, los desmarques de los míos y los movimientos de los rivales… Es complicado, pero me gusta.
P. ¿Le da tiempo a todo eso?
R. ¡Se intenta! El problema es si me ponen un hombre pegado porque entonces tampoco toco mucha bola. Pero en el fondo también es un halago que te pongan a alguien encima ¿eh?
P. En la fase defensiva, sin embargo, es usted el que salta y no son pocas las veces que sobrepasa a los volantes en la presión. ¿No es raro que le cubran a usted?
R. Tengo tan metido el concepto de la presión tras pérdida que me sale casi sin querer. Es que es tan importante… Pero son dos fases. Nada más perder, esos tres o cuatro segundos, está bien que salte si veo que puedo incordiar o cortar. Pero si han pasado ya esos segundos y salto entonces y dejo espacio a mi espalda… Ahí está el error. Hay que elegir mejor, sobre todo en los partidos importantes.
P. Lo que no duda es que con el balón en los pies, siempre intenta mirar primero a Messi…
R. Levanto la cabeza y le busco. No se hace sin darse cuenta, evidentemente. Es lo que queremos. Tener a Leo en el equipo que te soluciona casi todo porque desequilibra, da goles y los mete... Cuanto más tiempo tenga el balón en sus pies, mejor y más ventaja tendremos. Nuestro juego tiene que pasar por él, es lo lógico. No es Messidependecia; es ser inteligentes y aprovechar al mejor del mundo. A partir de ahí, cuando la tengo intento buscarle. A veces, excesivamente. Pero prefiero correr ese riesgo.
P. Iniesta se entendía muy bien con Leo. ¿Se le echará de menos?
R. Claro. Pero no solo a nivel futbolístico, sino en el vestuario porque, como Puyol, Xavi y Víctor [Valdés], era un capitán, un guía. Aunque creo que el momento más difícil será cuando se vaya Leo y la generación que somos de la misma edad o casi, porque podríamos acabar casi en el mismo año. Mejor no pensarlo y disfrutar el momento.



Sergio Busquets: “Yo estoy para dar soluciones”
El medio repasa el año del triplete del Barça y su formidable actuación en la Champions ● “No hay nadie invencible, pero tenemos equipo para rato”, afirma
LUIS MARTÍN
Barcelona 18 JUN 2015 -

 JOAN VALLS/URBANANDSPORT EL PAÍS

Sergio Busquets (Badia, Sabadell; 1988), creció entre códigos, los que le marcó su madre en casa y los que aprendió de su padre, Carlos, exportero del Barça. De niño asomaba los sábados por el campo de La Masia y se entrenaba con el ‘dream team’. Desde hace siete temporadas juega en el Barça y en la selección española. A menudo, le ningunean fuera del campo; dentro, compañeros y rivales le señalaban como uno de los mejores colegas que se puede tener en un equipo y uno de los mejores mediocentros del mundo. Jugó una final para enmarcar contra la Juventus en Berlín. No suele hablar, pero cuando lo hace, siempre dice cosas con sentido.
Pregunta. Y usted, ¿Qué lee?
Respuesta. Poca cosa. Alguna vez, si me recomiendan algún libro, me lo leo. Y algún día, un periódico. Mentiría si digo que no leo prensa deportiva, pero poco, porque como lo vivo en primera persona, soy muy consciente de lo que pasa y de lo que se inventa. Muchas veces dan más información de la que existe. Antes me ponía de mal humor y prefería ni mirarlos, pero ahora entiendo lo que hay, de qué va esto y lo miro más.
P. ¿Le ha dado una nueva perspectiva tener pareja?
R. Te cambia la manera de entender las cosas. Antes vivía 18 horas del día, las que no estaba durmiendo, pensando en esto, en el fútbol. Ahora llego a casa y tengo otras cosas en las que pensar, inquietudes distintas. Te despejas más, te tomas las cosas de otra manera, vives más relajado. En cierta medida eso te lo da la estabilidad personal, la edad, la experiencia, y también saber de qué va todo. Te cabreas menos. Bueno… en el campo no.
Intento imponerle sentido común al juego. En la vida soy igual. Creo que lo aprendes en casa desde pequeño”
P. La primera parte de Berlín, ¿es la mejor que ha jugado en su vida?
R. No. No lo creo, seguro que he habido mejores.

P. Pero no perdió un balón, ¿eso qué le dice?


Sergio Busquets alza la Copa de Europa en Berlín. IMAGO SPORTFOTODIENST IMAGO/CAMERA 4 / CORDON PRESS

R. Que no jugué mal. Seguro que ha habido mejores partidos que el de Berlín, pero no sabría decirte. Es una de mis obsesiones cuando juego. Por mi posesión, si pierdo una pelota le genero un problema al equipo. Así que no puedo, yo estoy para dar soluciones. Mi posición es complicada.
P. ¿De dónde saca el sentido común en el campo?
R. Supongo que viene conmigo; en la vida soy igual. Intento imponerle sentido común al juego. Creo que lo aprendes en casa desde pequeño.
P. Dice Ángel María Villar [presidente de la Federación] que le pregunte qué se siente al ganar tres títulos en un año.
R. Se sienten muchas cosas. La alegría de ganar es permanente, no te la puedes quitar. Cuando pierdes se para el mundo. Somos futbolistas. A veces, me gustaría serlo solo cuando voy a entrenarme o cuando juego, pero es imposible. Vivo con ello todo el día.
P. ¿Es culé a tiempo completo o sólo unas horas al día?
R. Soy culé cada vez que lo pienso. ¿Si me hace distinto? No sé, supongo que sí y no, que te hace sentir las cosas más tuyas, que cuando ganas es mejor, pero cuando pierdes peor. Si me das a elegir, quiero serlo las 24 horas al día.
P. Lleva dos tripletes. ¿Cómo los ha vivido?
R. Diferentes. Pensábamos que nadie los iba a conseguir nunca más. Luchas cada día por ello y te enfrentas no sólo con el Madrid, por mucho que se diga. Juegas contra el Valencia, el Atlético, en Champions te enfrentas a todos los campeones de las grandes ligas, y, al final, dejas una temporada para enmarcar. Lo único que quieres es más, más y más. Y tenemos jugadores de una calidad increíble, una plantilla súper joven y una oportunidad única de prolongar este rendimiento en el tiempo. En la final de Champions, quitando a Dani (Alves), Mascherano y Andrés (Iniesta) creo que nadie pasaba de los 30 años. Marc (Ter Stegen) es súper joven; Ney, Jordi (Alba), y el resto estamos entre los 23 y 28 años. Queda equipo para rato, si estamos bien y vamos a una. No vamos a hacer triplete cada año, no hay nadie invencible, pero tenemos un potencial enorme.
Guardiola tuvo la capacidad de convencernos y de revolucionar el juego; ahora no ha pasado, pero hemos adquirido nuevos matices”
P. ¿En qué es diferente este triplete al de Guardiola en 2009?
R. Este tiene más valor porque el fútbol ha evolucionado, ahora nos respetan más, están más preparados los rivales y la sensación es que es más difícil. Aquel fue más sorprendente, veníamos de una época en que no ganamos nada en dos años. Ahora es distinto, nos esperan. Guardiola tuvo la capacidad de convencernos y de revolucionar el juego; ahora no ha pasado, pero hemos adquirido nuevos matices.
P. ¿Y este Messi es mejor?
R. Sí, Messi se supera cada año. También ha habido un cambio táctico que ha beneficiado al equipo y le ha beneficiado a él. En los últimos años jugaba de falso nueve y eso pilló por sorpresa a los rivales, generó más sorpresa, porque había más espacios. Ahora, al caer en la banda, desborda a partir de ahí y hace inmenso el campo. Tira pases en diagonal para Alba, por ejemplo, que son espectaculares. Eso es reinventarse. Leo evoluciona y lo hace con el equipo. A Leo es imposible pararlo. Por eso es el mejor.
Leo, desborda desde la banda  y hace inmenso el campo. Tira pases en diagonal espectaculares. Eso es reinventarse. Evoluciona y lo hace con el equipo”
P. ¿Usted se ha reinventado?
R. Hombre, no tanto como Leo. He ganado experiencia, en ese sentido sí, pero no al nivel de Leo.
P. ¿Usted corre más o menos?
R. Mira las estadísticas. Estoy entre los tres jugadores que más kilómetros recorren en cada partido. Parece que no, pero corro mucho. En la final de la Champions, el primero del equipo fue Jordi, y el segundo fui yo. No soy rápido, así que si me muevo es porque estoy buscando posición. En la final, el que más kilómetros recorrió fue Pirlo, no te digo más.
P. ¿Después de un partido como el de Berlín, el equipo que le dice en el vestuario?
R. No estábamos para decir nada. Estábamos para celebrar. La gente no da las gracias. Entre nosotros sabemos lo que hay.
P. ¿Curra para los demás?
R. Trabajo para ofrecer soluciones al equipo, para eso juego. Y Leo también, sino haría más goles. Sería Pichichi cada año si pensara en él. La evidencia está en el penalti que le dejó a Neymar el día del Córdoba. Si cada uno mira por su lado no se ganarían títulos. Cuando todos miran por su lado no sale.
P. Entre los compañeros y empleados del Barça y de la federación, tiene fama de ser muy buena gente, ¿me lo explica?
R. Cualquiera que no me conozca y me vea en el campo pensará lo contrario. Me han criado así. He nacido donde he nacido. He crecido entre buena gente. Al final te lo pasas mejor, pero no voy con la flor en la mano.
P. ¿Se tiene por jugador raro?
R. No, acepto que soy diferente. Por ejemplo, en el mundo en el que vivimos el hecho de no tener Facebook ni Twitter es raro, lo reconozco, pero no me siento cómodo y no lo necesito para ser feliz. No soy ni mejor ni peor que nadie.
P. ¿Imagina la vida sin Xavi?
R. Difícil. En la selección ya ha pasado y eso es una ventaja. Me cuesta imaginarme el vestuario sin Xavi, va a ser extraño. Siempre ha dejado algo cada día, su presencia es notable. Llega de los primeros y siempre decía algo para el grupo. En lo malo daba la cara, hacía bromas... Notaremos el vacío.
P. ¿Representa para usted alguna exigencia?
R. Lo entiendo como mayor responsabilidad. Se han ido en dos años Puyol, Victor (Valdés) y Xavi, y su espacio lo tendremos que ocupar, es evidente. Me siento exigido en ello. Está Andrés (Iniesta), están Piqué, Javier (Mascherano)… y supongo que a mí me tocará asumir ciertas responsabilidades, claro.
P. Hablando de Piqué. ¿Le pitan por una broma sobre un cantante colombiano o porque juega en el Barça?
R. No te voy a ser sincero porque no puedo. Sólo quiero que esto acabe. Si vamos con la selección es por un compromiso y queremos que vengan a animarnos con energía positiva. Es incómodo que piten a un compañero. Igual se creen que solo va con Gerard, pero nos afecta a todos.


viernes, 17 de agosto de 2018


Breve entrevista a Rodrigo Vicenzi Casarin (Chipp)
 jordiestopi / junio 26, 2018

¿Existe el modelo de juego? ¿Cómo lo concibes?
Hablar de modelo de juego es hablar de jugadores. No existe una idea sin la observación de la naturaleza de los jugadores. Por lo tanto, el modelo de juego no existe especialmente en la constitución de un papel, un documento o una idea preconcebida. Va existiendo, va ganando vida diariamente con las construcciones relacionales y químicas que van surgiendo y ganando cuerpo con la interacción jugador-ejercicio-contexto, y no ejercicio-entrenador. La idea que tenemos de fases, momentos, distribución de principios o contenidos de una forma lineal, extrapolando los “famosos conceptos”, cae por tierra. Al definir, seleccionar o fraccionar el modelo de juego y forzar, retiramos la naturaleza de su naturaleza. Es decir, su construcción es abierta y contextual. Personalmente, no tengo un modelo de juego, solo observo diariamente quién realmente es el modelo: jugadores, pelota, tiempo y espacio.

¿Se entiende el juego igual en Brasil que aquí en España?
El fútbol es un fenómeno mundial, un deporte que tiene reglas y objetivos claros para todos, pero su constitución cultural representa una diversidad importante para el juego: tener diseños y rasgos marcados. Hay muchas diferencias en todas las dimensiones procesales entre Brasil y España: en el entendimiento de juego (a causa de la cultura inicial), la información, el proceso educativo, la formación de jugadores, el perfil de entrenamiento, cómo el jugador enfrenta y soporta el entrenamiento, la formación de entrenadores, la prensa… En definitiva, existen diferencias claras. Debido a todo esto (que es inherente a la cultura) se observan diferencias claras organizativas y funcionales en una dinámica colectiva junto a una inteligencia de juego menos cinética, que al mismo tiempo da una posibilidad a la identificación caótica para generar talento y a una inteligencia de juego más intuitiva. Por la parte brasileña con la formación bruta de talento para jugar la pelota y sus tiempos anárquicos. Y por la parte española con la formación más sistematizada para jugar al espacio-tiempo, balón y su interpretación. Son algunas de las diferencias, aun siendo el mismo juego.

¿Qué método de entrenamiento crees que es el mejor para acercar al jugador a la idea colectiva de juego?
No creo mucho en los métodos. El método es una palabra que remite a algo cerrado, a una secuencia de procedimientos que particularmente no me gusta. Prefiero metodología que suena algo más abierto y contextual. Construir una idea colectiva es observar cómo los jugadores interactúan en grandes y pequeñas sociedades y cómo encaran las posibilidades funcionales del juego en esas constituciones que van generando y transformando un estado y un espíritu de descubrimiento. Por lo tanto no hay un método para fomentar una idea colectiva, sino ideas que generan nuevas ideas, pautadas por la realidad diaria que los jugadores van interpretando y descubriendo a partir de sus tiempos, espacios y sus timings: la belleza de jugar. Más que formar un colectivo, es “ser” colectivo, actuar y interactuar colectivamente. Esto existe en varios hilos invisibles del juego.

¿Para llevar a cabo una idea de juego, es necesario un jugador específico o cualquier jugador que cumpla unos procesos puede llegar a ser válido?
No sé si hay un jugador específico para un modelo específico. En mi realidad es más difícil. Quien sabe si pueden existir criterios para un perfil. Pero… ¿Es bueno? Creo que hay jugadores que poco a poco van encontrando timings e instantes dentro del juego. Es evidente que debido a la tendencia de los entrenadores a controlar el juego y ser el centro de él, existe una manía de querer contar con jugadores así, es decir, con ese perfil o parecido. No sé si eso garantiza un perfil de juego. Puede potenciar el inicio de una idea, pero si la idea no tiene alimentos diarios y sensibilidad diaria, de nada sirve tener un jugador específico si el juego no es específico para los que juegan.

¿Cree que un tipo específico de sistema de juego puede favorecer la aparición de unos fundamentos y principios específicos?
El sistema son los jugadores. Creo mucho en eso. Dejarles claro lo que quieres no es condicionar o delimitar una condición absurda y mecanizada. Es simplemente crear condiciones y probabilidades para expresar sus capacidades creativas y evolucionar dentro de un escenario que puede ser específico pero no definido y cerrado. La pelota, el tiempo y el espacio son las pociones mágicas del juego, y tratar de hacer que los jugadores interpreten eso y se identifiquen sin cerrar o delimitar reglas o miedos, es un desafío para mí. La libertad de la especificidad es el mejor camino para mí, pues crea una intencionalidad real de juego.

Últimamente existe mucho debate sobre los rondos. ¿Qué utilidad tienen para usted? ¿Qué traslado tienen en el juego?
Hay varios perfiles de rondo y varias posibilidades de ser realizados. Va a depender mucho del equipo y de lo que representa (el rondo) para ellos. La generalización y globalizan del rondo es buena, pero actualmente muchas personas lo utilizan porque se convirtió en moda. El rondo tiene muchas enseñanzas y sus variantes son tremendas en cuanto espacios, jugadores y superioridades. Es un vehículo y una herramienta potente para la identificación de aspectos micros del dominio del espacio. Especialmente para la gestión de la posición: saber estar perfilado y orientado viendo todo el campo y las localizaciones. También para reconocer quién tiene más tiempo y espacio, dar el balón con precisión al siguiente y mucho más. Además, el rondo proporciona el “actuar” y no el “reaccionar”, el estar anticipando y creando saltos futuros en los desequilibrios siguientes o transformando situaciones para el beneficio colectivo. Podemos utilizar el rondo que lo tiene todo, y no dejarlo en un ejercicio mecanizante lleno de adornos y reglas sin fundamentos.

¿Y sobre los juegos reducidos?¿Que importancia tienen? ¿Que traslado tienen en el juego?
Existen muchos tipos de ejercicios, pero delinear un ejercicio por números no suena bien. Lo importante del ejercicio es el espacio-tiempo y lo que se transforma en él, pues un 4 x 4 puede quedar en un 2 x 1 o 3 x 2 y cosas diversas que no están en los números. La configuración y la coordinación es lo que hace al “número” ganar vida, pues todo es transformado en nuevos diseños e incertidumbres en el juego. El fútbol no es solo jugar en un espacio, o espacios mecanizados dónde el jugador no puede tener libertad, y también en una única configuración numérica siempre determinada por esos espacios. Por lo tanto, existen espacios individualizantes que no son individuales y no son un “espacio mecanizante” para satisfacer las convicciones del entrenador y sus convicciones del juego que nunca van a existir. Así pues, el uso del tiempo-espacio-engaño-velocidad-precisión es lo que hace que esos espacios individualizantes tengan un significado colectivo y que el juego sea de química interactiva (cubre diversidades) y no de espacios marcados, o de superioridades limitantes. Las superioridades que no son numéricas, se van diseñando por esos espacios y por los tiempos de los jugadores en ellos, o sea los timings adecuados.



Diego Simeone: un liderazgo liberador
El entrenador del Atlético de Madrid logró imprimirle mentalidad ganadora al equipo con el respaldo de una filosofía que irradia optimismo y concentración.

Santiago Álvarez de Mon 
26 de diciembre de 2014  
El Cholo, un revolucionario DT en España Fuente: AFP - Crédito: Javier Soriano


Diego Simeone ha conseguido armar en el Atlético de Madrid un equipo sólido, rocoso y ganador porque lo convirtió en una extensión de él en el campo. Tiene su personalidad, su nivel de energía, la intensidad con la que siempre encaró su profesión.

Pero hay algo mucho más profundo que caracteriza su liderazgo desde el día en que aterrizó en el Vicente Calderón: ha sido capaz de cambiarle la mentalidad al Atlético de Madrid. No se trata simplemente de imponer un nuevo esquema de juego ni de promover a un jugador o quitar a otro. Las mayores reticencias al cambio residen en nuestra estructura básica de ideas, conceptos y creencias. Modificar esa trama mental implica una transformación radical y liberadora, pero siempre complicada. El Atleti era el club que siempre renegaba de su mala suerte, marcado por un victimismo que le impedía alcanzar el éxito definitivo.

Simeone se dedicó a renovar ese disco duro. Ha rescatado cosas que pueden parecer muy obvias pero que tuvieron un impacto notable. Por ejemplo, la expresión que funciona como su leit motiv: "Partido a partido". El líder le transmite a su grupo que debe concentrarse en el ahora y no pensar en el largo plazo. Pensar como el maratonista que se preocupa por dar el próximo paso y se olvida de la meta.

Es una filosofía que irradia optimismo y concentración. Es como decir: "Sí se puede si damos lo mejor que tenemos". Un mensaje muy claro que el grupo ha interiorizado. Pasó de pensarlo a sentirlo. Basta con preguntarle a uno de sus jugadores si se imagina ganando otra vez la Liga para que responda sin lugar a dudas que su objetivo es únicamente el siguiente partido.

El éxito del Atlético en un sistema dominado por dos gigantes el Real Madrid y el Barcelona ha trascendido el deporte en un momento particular para la sociedad española, dispersa e impaciente en medio de una crisis de múltiples aristas. El "partido a partido" invita a identificar, ante situaciones complicadas, los factores que dependen de nosotros y los que no. Cuanto más adversa es nuestra situación, más se necesita de actitud para conseguir aquello que está a mano. Un objetivo imposible sólo se puede alcanzar cuando se le quita esa etiqueta.

Simeone entendió que ganar es algo tan ansiado en una competencia deportiva que no debe convertirse en obsesión. La voluntad debe dirigirse hacia el proceso. El partido exterior se puede perder, pero lo que persigue un liderazgo como el suyo es ganar el partido interior.
Hay una constante en Simeone desde que era jugador y tiene que ver con la intensidad que impone a su trabajo. Siempre la máxima. Eso lo hermana con Pep Guardiola, aunque éste sea más intelectual y el argentino se destaque en lo emocional. Dos perfeccionistas que no toleran una mala actitud, que reclaman todo y un poco más a sus dirigidos.

La importancia del trabajo en equipo se hace evidente en cualquier organización. Pero muy a menudo los egos erosionan la cohesión y el espíritu de un grupo hasta empujarlo al fracaso. Simeone demostró una enorme capacidad para actuar como un líder firme y a la vez cercano, exigente hasta la extenuación pero también flexible cuando las circunstancias lo requieren.

Creó espíritu de equipo y dejó claro que quien manda es él. La alquimia se nota en la cancha, con hombres que pelean como posesos por un objetivo común; que dejan el 200% en cada pelota.
Hasta ahora, el entrenador del Atlético ha sido capaz de conseguir que buenos jugadores se transformaran en muy buenos. Nos queda por ver qué pasaría en un vestuario lleno de estrellas.

¿Cómo sería Simeone si tuviera que gestionar a cinco o seis de los mejores futbolistas del mundo? Seguramente tendría que cambiar. Adecuar su estilo, no su filosofía. Ese ideario que incluye todas las cualidades que necesita alguien dispuesto a desafiar el status quo, ya sea en el deporte, en la política o en el mundo de los negocios. Ambición. Ilusión. Pasión. Optimismo. Y también una buena dosis de descaro.



DIÁLOGO ENTRE SUSAN SONTAG Y JORGE LUIS BORGES (publicado en Quimera 400, marzo de 2017)

Transcripción de Christian Kupchik.

Si esto fuera una entrevista, ¿quién entrevista a quién? ¿o es un diálogo? Pero ¿qué clase de diálogo? ¿Un diálogo en la cumbre (de la literatura)? ¿Un diálogo interamericano? ¿De discípulo a maestro? ¿Intergeneracional? ¿o más bien, y simplemente, una reflexión al alimón sobre la literatura, una de las raras manifestaciones públicas de la muy selecta y secreta Sociedad de los Lectores? Sea lo que sea, he aquí un histórico encuentro entre dos indiscutibles estrellas de la literatura americana sin fronteras. El encuentro entre Susan Sontag y Jorge Luis Borges se produjo durante la Feria del Libro de Buenos Aires.

Susan Sontag: Quisiera contar algo… Me quedaré una semana en Buenos Aires y, naturalmente, estoy muy feliz por haber sido invitada a participar en la Feria del Libro y poder, de esta forma, conocer Argentina. Pocos días antes de viajar, recibí una llamada de un periodista a quien el Departamento de Estado de los EE. UU. le había solicitado que me entrevistase. Él me preguntó: «¿Cómo se siente respecto a su viaje a Argentina?». Le dije que estaba extremadamente feliz, siempre había esperado con ansiedad la posibilidad de conocer Argentina; entonces, para mi sorpresa e intranquilidad, me dice: «¿Por qué precisamente Argentina?», a lo que respondí: «Porque siempre he querido conocer la tierra de Borges».
El periodista rió nerviosamente y dijo: «Sí, sí, claro, es un gran escritor, ¿pero existe alguna otra razón por la cual esté tan feliz de viajar?». Sentí entonces que me estaba portando muy mal, y que debía ponerme seria por un momento, así que agregué: «Bueno, también quiero ir a Argentina para expresar mi admiración por el regreso del país a la democracia». Por supuesto, siento la primera razón con mucha más fuerza, ya que Borges no solamente es un escritor conocido por todos, sino también muy admirado por otros escritores. 

Nos ha enseñado muchos nuevos trucos, cosa que apreciamos mucho, ya que esos nuevos juegos que aprendimos luego los podemos aprovechar. Quizás no sea tan fácil para Borges estar en esta posición.
En una entrevista, una vez dijo algo que quisiera citar: «Me he cansado mucho de laberintos, tigres, espejos, especialmente cuando son otros los que los usan». Y luego agregó (y esta es la parte que me encantó, porque Borges sabe sacar ventaja de la desventaja): «Esa es la ventaja de tener imitadores: tanta gente está haciendo lo que yo hacía, que ya no es necesario que yo lo haga». Quisiera, pues, cederle la palabra a Borges, para que explique qué ha significado para usted esa influencia que ha ejercido sobre tantos escritores, aunque no sé si realmente la imagina, ya que cuando habla siempre es tan modesto respecto a su propia obra..
Jorge Luis Borges: No, no soy modesto, soy lúcido simplemente. Me asombra ser conocido, jamás pensé en eso. Y me llegó después de bien cumplidos los cincuenta años, la gente me notó y dejé de ser el hombre invisible que había sido hasta entonces. Ahor
a estoy acostumbrado a ser visible, pero siempre me cuesta un esfuerzo terrible. En realidad, estoy muy asombrado de la generosidad de todos; a veces pienso que soy una especie de superstición, aunque bastante difundida ahora. Pero en cualquier momento pueden descubrir que soy un impostor; en todo caso, soy un impostor involuntario. Está bien, vamos a mantener esta ficción en la cual yo soy un buen escritor, pero ya que es un juego, juguémoslo entre todos, siempre que no lo tomemos demasiado en serio.
S.: Una de las cosas que amo en usted como figura literaria…
B.: Desgraciadamente, soy una figura literaria.
S.: [Riendo.] Bien, lo que quería decir es que usted está ansioso por darse a la admiración…
B.: No, la admiración no. Lo que yo quería es la amistad y la indulgencia de todos.
S.: Usted habla a menudo con admiración de otros escritores, sobre todo de los escritores del pasado…
B.: Y sobre todo del pasado americano, al que yo tanto le debo. Si pienso en Nueva Inglaterra, en la cantidad de gente valiosa que New England ha dado al mundo (quizás los astrólogos sepan algo de esto) y comienzo a enumerarlos, ahí están Emerson, Melville, Thoreau, Henry James, Emily Dickinson y tantos otros. Si no hubieran existido ellos, no existiríamos nosotros, que somos de alguna manera una proyección de aquella constelación de Nueva Inglaterra.
B.: Yo no puedo escribir sin borradores, y en la última versión agrego un descuido evidente para que todo parezca espontáneo.
S.: Pero en un principio usted estaba interesado en la literatura inglesa.
B.: Sí, pero la primera novela que leí en mi vida fue Huckleberry Finn, de Mark Twain. Y luego leí La conquista de México del Perú, de Prescott. Y sigo continuamente agradecido, continuamente recibiendo y tratando de no ser del todo indigno con mis maestros. Yo pienso que en un escritor influye todo el pasado, no sólo un país o un idioma, sino también los escritores que no ha leído, aun los que le llegan por parte del idioma, ya que el idioma, como lo ha dicho Croce, es un hecho estético, y ese idioma es la obra de miles de personas. Yo he perdido mi vista en el año 1955, y desde entonces me dedico más a releer que a leer. La relectura es una actividad que considero muy importante, ya que uno renueva el texto: el libro y uno, ya no somos lo mismo en el momento de la relectura. Como dijo Heráclito: «Nadie se baña dos veces en el mismo río». El río fluye, y Heráclito también fluye, y yo soy ese viejo Heráclito bañándome no en ese mismo río, sino en otro, agradeciendo la frescura de esas aguas.
S.: Nadie lee dos veces el mismo libro.
B.: Es cierto.
S.: La actitud que usted expresa y que yo comparto absolutamente ya no es tan común, dado que mucha gente lo que ansía es la originalidad.
B.: Yo creo que la originalidad es imposible. Uno puede variar muy ligeramente el pasado, apenas, cada escritor puede tener una nueva entonación, un nuevo matiz, pero nada más. Quizá cada generación esté escribiendo el mismo poema, volviendo a contar el mismo cuento, pero con una pequeña y preciosa diferencia: de entonación, de voz, y basta con eso.
S.: ¿Hay alguna otra literatura, aparte de la inglesa y la americana, que le interese?
B.: Sí, sobre todo la literatura escandinava, las sagas, las eddas islandesas… bueno, toda literatura es preciosa. Imaginarse el mundo sin Verlaine, por ejemplo, sin Hugo, sería muy triste, imposible. Pero ¿por qué abstenernos de algo? ¿Por qué ser un asceta de las bibliotecas? Las bibliotecas nos ofrecen una continua felicidad, una felicidad accesible. Quizá, si yo fuera Robinson Crusoe, el libro que llevaría a mi isla sería la Historia de la filosofía occidental, de Bertrand Russell, quizá me bastara con eso. Aun- que si me dejaran llevar una enciclopedia sería mucho mejor, ya que para un hombre ocioso y curioso como yo, la mejor lectura es la de una enciclopedia. Está la más antigua de todas, la de Plinio, o también las modernas, como la Británica o la Europea, pero todas son preciosas.
S.: Si yo estuviera en una isla desierta no me llevaría precisamente la Historia de la filosofía de Bertrand Russell, ya que pienso que es una historia filosófica muy superficial.
B.: Sí, pero como yo soy un lector muy superficial…
S.: [Riendo.] Bueno, si pienso que usted la ve como una obra de ficción…
B.: Es que la filosofía es una ficción, el mundo entero es una ficción; yo, sin duda, soy ficción…
S.: Pensé que diría eso…
B.: Sí, no soy muy asombroso… pero ¿cuál es el libro que usted llevaría a una isla?
S.: Pienso que llevaría el Roger’s Treasure
B.: Una excelente elección, sin duda.
S.: ¿Qué tipo de literatura le gustaría hacer ahora?
B.: La que hago. Estoy escribiendo poemas y cuentos cortos; no me gustan pero siento una necesidad
S.: Para mí, publicar lo que escribo es una forma de deshacerme de aquello que me obsesionaba íntimamente de hacerlo, si no siguen persiguiéndome; pero una vez escritos, puedo pasar a otra cosa. Acabo de publicar un libro que se llama Los conjurados que reúne unas treinta o cuarenta piezas cortas, no sé si buenas o demasiado ambiciosas.
S.: A usted siempre le han gustado más las formas cortas que las largas.
B.: Bueno, como decía Poe, no existe tal cosa como un poema largo.
S.: Pero existe algo así como una historia larga, eso que llamamos novela.
B.: Sí. Pero por lo general yo he sido derrotado por el género. Salvo en el caso de El Quijote, de Conrad o de Dickens, las novelas más famosas, como las de Thackeray o Flaubert, me han derrotado. Lo siento…
S.: Una de las cosas más sorprendentes es nuestro común interés por la literatura japonesa.
B.: Sí. Yo estoy tratando de estudiar japonés, pero es un lenguaje tan complejo que nuestras lenguas occidentales son al japonés lo que el guaraní es al castellano. Es un idioma lleno de matices, por eso uno puede leer diversas traducciones de los haikus y son completamente distintas entre sí, pero al mismo tiempo todas son fieles, ya que los originales son sabiamente ambiguos, como los textos de Henry James.
S.: Una de las cosas que me interesan de la literatura japonesa es su pasión por la miniaturización.
B.: Y el valor del instante, que es lo que salta a la vista en el haiku, como si quisieran atrapar el instante. También he notado la ausencia de metáforas, como si los japoneses sintieran que cada cosa es única, que nada puede compararse con nada. En cambio, el contraste sí existe, eso abunda. Recuerdo un haiku muy hermoso que dice: «Sobre la gran campana de bronce se ha posado una mariposa». La perdurable campana y la suave, efímera, mariposa: basta con ese contraste, ambas cosas no se comparan.
S.: Lo que usted diría es que la acción de una metáfora sería prolongar algo más allá de un instante.
B.: Claro, sería lo contrario del objetivo de la literatura japonesa, que quiere retener el instante.
S.: Quizá lo que más me atrae de la literatura japonesa es una forma muy particular, que parece muy moderna y sin embargo es muy antigua: consiste en un libro hecho por notas tomadas en distintas época. Pienso que todo escritor está buscando siempre una forma ideal, especialmente escritores como Borges o como yo, que siempre intentamos formas distintas expresando una continua insatisfacción por la fórmula única. La forma ideal en mi imaginación sería aquella en la cual podría poner todo: cada día, al sentarme a escribir lo que necesitase, todas las palabras se amoldarían a esta forma única. Pensemos que sólo tenemos libros de notas o dietarios en la literatura occidental realiza- dos en los últimos cien años, en tanto que el ejemplo japonés más conocido data del siglo XI. ¿Usted alguna vez tuvo interés en llevar un diario?
B.: No. Soy demasiado haragán para ese género. Escribir todos los días no puedo, cada día soy más haragán.
B.: Y yo querría destruir todo lo que he escrito. Me gustaría salvar un libro, El libro de arena, quizá La cifra también.
S.: Sin embargo, volvió a escribir mucho.
B.: Bueno, todo lo que yo publico, por imperfecto que parezca, presupone diez o quince borradores anteriores. Yo no puedo escribir sin borradores, y en la última versión agrego un descuido evidente para que todo parezca espontáneo.
S.: La mayoría de los escritores están siempre quejándose de lo difícil que es escribir…
B.: No. Lo terrible sería no escribir. Para mí sería imposible.
S.: Está muy claro que Borges es una excepción. Usted siempre comunica en primer lugar ese amor generoso por la literatura, y también evoca constantemente el placer del principio, tanto cuando habla de la escritura como de la lectura. Pienso que es un correctivo fantástico para la tremenda autocompasión de tantos escritores. Creo que ser escritor es una vocación muy rara, muy extraña. Casi todos los escritores que conozco, y me incluyo, sabían desde muy temprana edad que querían serlo.
B.: Bueno. Conrad y De Quincey al menos lo sabían, y yo, sin compararme con ellos, siempre supe que mi destino serían las letras, como escritor o como lector, pero estaría unido a la literatura.
S.: ¿Imaginó alguna vez los libros que publicaría?
B.: No, nunca pensé en ello. Pensé en el placer de leer y en el placer de escribir, pero en publicar no. Jamás.
S.: ¿Cree usted que pudo haber sido un escritor como Emily Dickinson, que no publicó en vida?
B.: Sí, pero cometí esa imprudencia. En una ocasión le pregunté a Alfonso Reyes por qué publicamos, y Reyes me contestó: «Publicamos para no tener que pasarnos la vida corrigiendo borradores». Creo que tenía razón; cada vez que se publica un libro mío yo no me entero de qué es lo que ocurre con él, no leo absolutamente nada acerca de lo que se escribe sobre él. Ni sé si se vende o no. Trato simplemente de soñar con otras cosas y escribir un libro distinto, pero generalmente me salen muy parecidos al anterior.
S.: Una vez le preguntaron a Valéry como sabía cuándo se terminaba el poema, y contestó: «Cuando viene el editor y se lo lleva».
B.: ¡A mí siempre me asombra tanto cuando se habla de edición definitiva! ¿Cómo puede ser que un autor no pueda arrepentirse de un punto incómodo o un adjetivo? Es absurdo.
S.: Yo también siento que me gustaría volver a escribir casi absolutamente todo lo que he escrito…
B.: Y yo querría destruir todo lo que he escrito. Me gustaría salvar un libro, El libro de arena, quizá La cifra también; pero lo demás puede y debe olvidarse.
S.: [Riendo.] Cuando releo lo que he escrito (trato de hacerlo lo menos posible) me siento muy deprimida, o porque creo que es malísimo y me duele que exista o porque pienso que es muy bueno y que nunca más podré escribir algo como eso. Pero no soy tan fuerte como usted, ya que no puedo imaginar- me escribir sin publicar: para mí la publicación es una forma de deshacerme de aquello que me obsesionaba. Todo el proceso de la escritura está en función de una metáfora hidráulica en la cual yo tengo que mantener los grifos abiertos, y si lo produzco, me tengo que deshacer del libro, y la única forma de lograrlo es publicando.
B.: Cuando publica, luego cambia de tema ¿no?
S.: No sólo cambio de tema sino que generalmente también cambio de opinión, lo cual a veces resulta bastante incómodo, porque la actitud seria, adulta, responsable, exige estar quieto detrás, respaldando lo que uno ha producido.
B.: Y la actitud comercial, también…
S.: La mayoría de los escritores están siempre quejándosede lo difícil que es escribir
S.: No, no creo que sea la actitud comercial. Existen libros míos publicados hace veinte años, por ejemplo, y si ahora me encuentro con un joven que me está le- yendo por primera vez a través de ese libro, me sentiría muy poco amable, muy grosera si le dijera que eso que está leyendo y que escribí yo, ya no me interesa. Y no es culpa de nadie que la vida pase, que haya un nacimiento o que un ser querido haya muerto. Esto no significa que no me sienta contenta si están leyendo mis libros, sino que ya no me atañen más. Mi tarea es estar más allá de los libros publicados, descartarlos. Es una especie de convicción esquizofrénica, porque hay una parte mía que dice sí, que quiere que mis libros continúen siendo leídos, pero hay otra parte: la parte creativa, la parte de donde proviene la escritura. La primera parte, si podemos llamarle así, es el lector, y yo también soy lectora, pero mi parte de escritora, que está más anticipada, más limitada, más pervertida, no está interesada en mis libros. Entonces, me intereso solamente por lo que estoy escribiendo ahora o por lo que voy a escribir cuando termine esto que estoy haciendo ahora. Si he hecho algo, siempre quiero contradecirlo, y me siento libre de contradecirlo ya que yo lo he hecho: cierta postura que pude haber adoptado en un momento, con total honestidad y habiéndola meditado seriamente a su hora, bueno, de pronto la veo distinta. Esto hace que yo no sea muy buena ha- blando de mis propias obras y por ello me gusta más hablar acerca de la obra de otros escritores. La gente dice de mí que soy demasiado modesta porque no me gusta hablar de mis libros y sí de los otros, pero siempre debo aclarar que no se trata de una cuestión de modestia, sino que, con toda honestidad, no sé hablar de mis libros. Es como si no pudiese estar fuera y dentro a la vez. ¿Tiene usted alguna experiencia de ese tipo?
B.: No sé, yo nunca releo lo que he escrito, lo olvido fácilmente…
S.: Es hermoso olvidarse ¿no?
B.: Una purificación.
S.: Pero parece ser que es a la propia obra a la que uno no puede acceder como a la obra de otro. La gente siempre me pregunta: «¿Cómo distingo yo entre literatura y otros libros?», ya que, por supuesto, la mayoría de lo que aparece en forma de libro no es literatura, sino «productos» en forma de libros. Pienso que la definición más simple de qué es la literatura viene dada por la necesidad de relectura que el libro en cuestión puede suscitar. Luego se transforma en una especie de familia del discurso, en el cual uno pasa a formar parte del mismo.
B.: En el caso de la poesía tiene que ser ligeramente misteriosa, me parece, tiene que haber algo en las cadencias, no puede ser explicable…
S.: ¿Qué piensa Borges de las diferencias entre prosa y poesía? Yo siempre sospecho de todas las dicotomías, no creo que puedan ser divididas en dos cosas. Es lo que ocurre con términos como «izquierda» y «derecha»: tan pronto se observan un poco a fondo, cualquier diferencia se derrumba.
B.: Yo creo que la diferencia esencial está en el lector, no en el texto. El lector, ante una página en prosa espera noticias, información, razonamientos; en cambio, el que lee una página en verso sabe que tiene que emocionarse. En el texto no hay ninguna diferencia, pero en el lector sí, porque la actitud del lector es distinta.
S.: Yo podría adoptar la posición opuesta: si Dante es poesía, ciertamente hay mucha información, mucho argumento en su obra; si Kafka es prosa, no hay información ni noticias. Yo creo que la diferencia no está en la cantidad de información que pueda tener un texto, o si tiene un argumento o no.

B.: No, no, yo no he dicho eso. He dicho que lo que el lector busca es una cosa, pero no que los libros sean genéricamente distintos. Por ejemplo, creo que un clásico no es un libro escrito de cierto modo sino leído de un cierto modo.


S.: Entonces, ¿usted cree realmente que existen diferentes tipos de lectores?
B.: La originalidad es imposible, cada escritor puede tener una nueva entonación, aportar un nuevo matiz, pero nada más.
B.: Tantos tipos de lectores como lectores hay en el mundo. Del mismo modo que pienso que cada página de poesía o prosa es única.
S.: Nosotros hemos dedicado tanto tiempo a la lectura que me asombro cuando otro escritor me pregunta: «¿Cómo encuentra usted tiempo para leer?». Existe la tendencia a convertirse en una máquina de producción, de tal modo que este puede llegar a ser el motivo central de su vida y entonces, la lectura se convierte en una distracción, o sea, «distrae» de esa productividad que debe poseer al escribir. A veces también pienso que lo que más me gustaría sería no escribir, ya que es con la lectura como disfruto total y absolutamente, pero en ocasiones me digo: «Bueno, no puedo estar leyendo todo el tiempo, es mejor que escriba un poco». Cuando hablo de la lectura, no me refiero a que me perjudique para escribir, sino que para mí constituye un placer. No sé, parecería que leer es mucho más sencillo que ver la televisión…
B.: ¡Es que es mucho más difícil ver la televisión! A mí, por suerte, la ceguera me defiende.
S.: [Riendo.] Estoy totalmente de acuerdo con usted, Borges. Debemos aumentar la comunidad de lectores.
B.: Sí. Porque es una especie en vías de extinción. Esritores, sí, quedan muchos, pero lectores casi ninguno. Fundaremos la Secta de los Lectores, una sociedad secreta de lectores
Este diálogo fue publicado en el número 353 de la revista Quimera, en abril de 2013 y en el 400, en marzo de 2017.



ENTREVISTA | Ángel Cappa
"El fútbol ha sido arrebatado a la gente".

"Maradona es un ejemplo. Arriesgó todo su prestigio para ponerse a favor de Evo Morales, Hugo Chávez, Correa en Ecuador, de Fidel Castro y Cuba", afirma el entrenador
"Cristiano Ronaldo te hace 50 goles y te da de comer, y eso no se discute porque mientras él te dé de comer, tú puedes hacer poesía"
Diego Barcala Alejandro Navarro Bustamante
 01/09/2017 - 20:15h

Retirado de los banquillos desde hace varios años, algunos equipos todavía llaman a su puerta en busca de la victoria, pero también del espectáculo. Ángel Cappa (Bahía Blanca 1946) mantiene los pilares de sus ideas sobre fútbol y la vida con el vigor de un juvenil. Al exentrenador del Real Madrid, Tenerife, Las Palmas, River Plate, Huracán o Racing de Avellaneda, entre otros equipos de élite, le queda, como al poema de Blas de Otero, “la palabra”. Y en su caso es un tesoro porque es excepcional encontrar a un trabajador del fútbol decir lo que piensa. Quizá es porque es un hombre sin teléfono móvil, que nunca tuvo un representante y que siempre puso sus ideas por encima de los compromisos de un mundo millonario.
Recibe a eldiario.es en su casa de Madrid. Una vivienda unifamiliar con terraza junto a la M-30, en una especie de oasis en el inmenso aparcamiento que define a la capital. Pasará el verano en casa después de una estancia en Argentina, cuidando de la familia y viendo fútbol. O más bien soportando el fútbol. En ese guiso de corrupción y exageración que el pensamiento dominante llama modernidad.

¿Qué piensa cuando ve que un equipo paga 220 millones de euros por un jugador como ha sucedido este verano?
Es un síntoma más de que el fútbol ha sido arrebatado a la gente. Es un manejo comercial desproporcionado porque también se han introducido en el fútbol supermillonarios sin cuestionar nunca el origen de sus fortunas y gastan dinero como si fuera una broma. Es obsceno, desproporcionado y no hay nada que lo justifique. Se habla del libre mercado y de que cada uno hace lo que quiere con el dinero, y eso es la aceptación de una injusticia descomunal. Yo no lo acepto, eso es una barbaridad.

Pero hay quien dice que el fútbol es una megaindustria como el cine, en el que tampoco se cuestiona si un actor cobra lo mismo que Messi por una película.
El fútbol es entre otras cosas un gran aparato para anestesiar a la gente. Un golfista, un jugador de tenis o de fútbol americano cobra tanto o más que los jugadores. Pero también hay que tener en cuenta que eso lo cobra un número reducido de futbolistas. De todos los jugadores profesionales del mundo solamente un 2% cobra más de 750.000 dólares. Muy poca gente pero son los que están todos los días en los medios.
Nos hacemos a una idea de que todo el mundo es supermillonario y no es así. La gran cantidad de dinero que produce el fútbol no es para los jugadores. Entre ellos y los entrenadores, utilleros… solo se llevan el 16% de lo generado. Es para las grandes multinacionales.

¿Es la máxima expresión del capitalismo sin reglas?
Es el verdadero problema de la sociedad. Dicen que el mercado lo controla todo pero en realidad el poder está en las grandes multinacionales y el poder del dinero es quien controla todo. El fútbol ha sido absorbido por el poder económico y ellos lo manejan.

El presidente de la Federación, en prisión por corrupción. ¿Cómo se ha podido soportar tantos años esta situación?
Es complicado juzgar sin estar dentro del asunto a fondo. Lo que uno escucha y ve es que naturalmente se sobornaba a la gente que le vota. Puedo dar fe de eso con Grondona en Argentina, que se mantuvo tantos años a cambio de favores a uno u otro. Pero decirlo desde fuera es arriesgado. Tendrá que ser la justicia la que determine y corrobore.

¿No es extraño que los jugadores no supieran nada de unos partidos tan sospechosos?
El jugador está dentro de la maquinaria y le dicen que hay que jugar, va y juega. Muy difícil que se cuestione.

Pero con la selección parecen más libres para opinar y negarse a jugar un amistoso inconveniente.
Ahí peor. Imagina que uno dice: no vamos a Guinea a jugar, pues tendría a todos los medios en contra. Ellos viven en una burbuja, en una situación irreal. Están sometidos a entrenamientos diarios, esfuerzo y muchos partidos y no todos tienen tiempo y ganas de investigar la realidad del mundo en el que viven. Eso le pasa a la mayoría.

La sensación es de que los jugadores controlan sus decisiones sin que nadie les discuta.
Creo que el jugador decide relativamente sobre sí mismo. Nunca han logrado juntarse. Lo intentaron Maradona y Cantona, pero no lo consiguieron.
Hay un caso de unión de éxito como el de Uruguay en el que los jugadores reclamaron que los derechos de imagen de la selección tuvieran otro reparto.
Los uruguayos se reunieron y decidieron defender los derechos laborales y económicos que les corresponden. Y defendieron también a los clubes porque hay una empresa que se llevaba la mayor parte del dinero. Quiero decir el 90%. Reclamaron sus derechos y pidieron que se revirtiera el beneficio en los clubes, las instalaciones, los estadios… para que la gente estuviera mejor. Y eso lo lograron también por la participación de jugadores de selección, como Godín y Luis Suárez que pelearon para que cobraran los jugadores más modestos. Y eso es un ejemplo.

En realidad los jugadores tienen el poder y no son conscientes de ello.
Es verdad en parte. Aquí hubo una huelga para que no se jugara en Navidad. Los medios estaban en contra de los jugadores por querer parar el fútbol en Navidad. Y alguien le preguntó a Ronaldo, el brasileño, que contestó con algo maravilloso: “Mire, nosotros somos los que jugamos y si no jugamos no hay fútbol”. Como diciendo, no me amenace porque es una estupidez. Evidentemente creo que no son conscientes de su poder de protagonistas. Creo que les tiran baldes de dinero y entonces aceptan lo que sea. Pero tendrían que ser conscientes pero también todos nosotros y no permitir a gobiernos que nos exploten y nos sometan a injusticias como las que estamos sometidos.

Ahí está el caso de Maradona que siempre fue crítico con el poder.
Saben que la carrera es corta. No es sencillo. Maradona es un ejemplo. Arriesgó todo su prestigio para ponerse a favor de Evo Morales, Hugo Chávez, Correa en Ecuador, de Fidel Castro y Cuba…  ha tenido errores como todos nosotros pero ha sido y sigue siendo, quizá ahora no tanto el pobre, una persona incómoda para el poder. Lo contrario de Pelé, que siempre tiene una sonrisa con el poder y Maradona, no.
El tiempo le dio la razón a Maradona en algunas batallas como su denuncia constante de la mafia de la FIFA.
Nunca traicionó su clase. Y nunca la abandonó que es lo primero que suelen hacer los jugadores que muchos provienen de la clase obrera, inclusive de clases marginadas, y se desclasan. Eso ya lo dijo [Frantz] Fanon hace mucho tiempo. El oprimido odia al opresor y a la vez lo imita. Quiere ser como el opresor. A Maradona no le llegaron a desclasar.

En su caso, el Real Madrid le llegó a pedir que no emitiera sus opiniones políticas. ¿Cómo fue aquello?
Le preguntaron a 100 personalidades sobre si pensaban que Felipe González estaba enterado del GAL. Entre esos 100 se equivocaron y me preguntaron a mí. Entonces dije que si era un chiste la pregunta. Cómo no iba a estar enterado de un grupo parapolicial como ese. Es evidente que sí. Entonces indirectamente me dijeron que tuviera cuidado con mis opiniones porque yo representaba al Real Madrid. Y yo dije que no representaba a nadie más que a mí. Y que era libre de decir lo que quería. Pero fue indirecto y pedí que me dieran la orden por escrito. Obviamente si me la daban, iba a ir a todos los medios de comunicación. Y no me la dieron.

Entre las críticas a los futbolistas y entrenadores que opinan de política, la más incomprensible es la reiterada que recibe Guardiola cuando le dicen que un “hombre de fútbol” no debe opinar.
Te cuestionan si tu pensamiento es distinto al pensamiento dominante del momento. Si piensas distinto a la corriente, entonces no tienes que opinar. Pero si opinas lo que opina todo el mundo, entonces sí puedes opinar.
Lo que ellos creen que piensa todo el mundo.
Sí, el pensamiento dominante que ya sabemos cuál es. Si te dicen Venezuela, tienes que decir dictadura. Y si no, pues ya se duda, este de qué va, vete a Cuba a vivir… entonces ¿dónde está la democracia? Si yo opino de una manera y soy amigo de gente que opina que Venezuela es una dictadura y yo opino que no. ¿Por qué me tengo que pelear con mi amigo? Mi amigo opina de una manera y yo de otra. Pero esa democracia no les gusta. Para ellos solo se puede opinar lo que ellos creen que hay que opinar. Y utilizan los medios para eso.

No tiene móvil pero es un hombre muy al día, gran lector de los medios. ¿Cree que las redes sociales son el origen de la polarización del debate y el empobrecimiento de la prensa?
Sí, van a peor. Leí una investigación donde los medios españoles son los menos creíbles de Europa y los segundos menos creíbles del mundo. Por algo es, se va a peor. Me parece perfecto que opinen. Pero no me parece bien que no informen, que oculten cosas, que destaquen otras… No dan noticias, opinan en los titulares. Y eso es atentar contra el derecho a la información.

En el caso concreto de Venezuela, en absoluto la mayoría de gente está informada de lo que ocurre. En absoluto si sigue los medios de mayor difusión. Y eso no me parece bien. Que los medios y los periodistas opinen me parece bien, pero el periodista no puede ser deshonesto. En el caso de Venezuela han puesto fotografías que no correspondían a la información, han manipulado vídeos… han hecho cualquier barbaridad. Han ocultado resultados. Por ejemplo, lo que llaman oposición hicieron un referéndum que nadie controló y se dio por válido y sumaron según ellos 7,5 millones de votos y se dijo que era la mayoría del pueblo venezolano. Ahora el chavismo hizo una votación legal, controlada y supervisada y sacaron 8 millones de votos más o menos y dicen que eso no es la mayoría del pueblo venezolano. Eso es deshonesto. Puedes decir que no te gusta ese Gobierno y estás en contra pero me parece mal ser deshonesto para informar.

¿No le suena? Así funciona la prensa deportiva.
La prensa deportiva fabrica consumidores. Por ejemplo, del juego se habla muy poco, casi no se analiza. No se analiza nada salvo excepciones y siempre hay periodistas que desafiando todo eso, hablan del juego, pero no importa. Lo que importa es si Ronaldo miró mal a fulano, si Messi dijo no sé qué cosa, si Neymar se peleó… lo que sucede alrededor del juego porque de esa manera se fabrican ídolos y se fabrican consumidores.
Ya no interesan mucho los espectadores de fútbol, lo que interesa es infantilizar a la audiencia para vender la camiseta de Messi carísima y no es la camiseta de Messi o vender el reloj del Real Madrid porque así tú también eres campeón de Europa. La prensa deportiva en general utiliza eso para el gran negocio y para anestesiar a la gente. No lo digo yo, lo han dicho algunos de los periodistas que la gente más sigue. Han dicho que si no fuera por eso con el paro… se hubieran, cito textualmente, “incendiado las calles”. Por eso tenemos las dos actitudes, por un lado el gran negocio y por otro lado la anestesia de la gente infantilizando a la gente.

Tiene lógica que si se quiere que el fútbol sea de masas, no se hable del juego que puede que no interese a todo el mundo.
Una vez en un canal que ahora ha mejorado un poco… tenían 10 cámaras para ver un partido y yo ya tiemblo. Porque te ponen un plano desde la Luna y yo pienso, de qué me sirve a mí esa toma, yo quiero ver el partido. O te ponen una toma desde atrás a 50 metros para ver un penalti. Por ejemplo, hay una falta intrascendente en el centro del campo, entonces el tipo te pone la cara del jugador a cámara lenta, los músculos… ¡y el juego sigue! Me desespero. Se lo dije una vez a un realizador. Y me dijo, nosotros queremos que a la señora que no le interesa el juego también le guste. Es decir, le prestan más atención a los que no les interesa el juego que a los que sí les interesa que tal vez sean minoría. Van a la mayoría y dirigen la mirada a otro tipo de cosas.

En Inglaterra no es así. De hecho, apenas hay repeticiones.
Es tratado como un gran negocio. Y eso exige tener la mayor cantidad de gente frente al televisor. Y me decía, si el partido es aburrido… Ya, entonces cuando vas al teatro y la obra es aburrida ¿qué haces? ¿Pones dibujitos y el primer plano del actor? Y me decía, ya pero se me va la gente. Entonces qué defendemos. La información que en ese caso sería transmitir el partido o el negocio. Pues el negocio.

¿Ha influido ese concepto mercantil del fútbol en el cambio de la manera de jugar de equipos y jugadores?
Ha cambiado el juego pero no en ese aspecto. Siempre hubo individualistas, sobre todo los goleadores. Y siempre hubo goleadores despegados del resto de compañeros. Me acuerdo de uno famoso en Argentina que cuando hablo de él me da miedo porque es de la prehistoria. Luis Artime, que jugó en River y en Independiente era muy goleador pero no participaba en el juego. Pero ha cambiado porque el juego interesa cada vez menos. Entonces da igual el juego y en lugar de sacar la pelota jugada lanzo un pelotazo para lo que llaman segunda jugada e intento agarrar el rebote. Porque da lo mismo. Si es gol vale lo mismo que si fuera una buena jugada. Se ha quitado el placer del juego y de ver el juego. Se ha cambiado el riesgo. No se arriesga porque si la pierdo puedo generar un contragolpe. Entonces si tengo que hacer un regate o dar un pase complicado, no lo hago, doy un pelotazo a un compañero rodeado de cuatro adversarios.

Su Real Madrid jugaba con Redondo, Laudrup, Martín Vázquez y Míchel. Todos ofensivos. ¿Eso ya no sucede?
Permíteme que te corrija. En el Barcelona jugaban Xavi, Busquets, Iniesta, Messi, Eto’o o Villa. Era también lo mismo. Eso del doble pivote que decían que sin eso no se podía jugar. Y el Barcelona lo demostró, que sí se puede recuperar la pelota si todos participan en la recuperación. Pero sí, son excepciones.

Se llamaba vagos y figuritas a jugadores como Martín Vázquez y ahora viendo a Bale, la diferencia de compromiso es tremenda en defensa. 
Ha cambiado. En el caso del Madrid, Bale no es un jugador que participe en la tenencia de la pelota y Cristiano Ronaldo tampoco. Solo Benzema pero está alejado. Así es complicado para defender pero también para tener la pelota. Por eso al Madrid le vino muy bien, bueno lamentablemente, que se haya lesionado Bale o que no juegue porque al poner a Isco el equipo era más equilibrado, tenía más la pelota, los laterales se soltaban más…

El Madrid es un caso diferente porque es un ejemplo de lo que es el comercio. Como costó 100 millones de euros, tiene que jugar. Pero si el equipo funciona mejor con Isco, por qué tiene que jugar Bale. Cristiano Ronaldo te hace 50 goles y te da de comer y eso no se discute porque mientras él te dé de comer, tú puedes hacer poesía. Pero por qué tiene que jugar Bale. Porque son 100 millones. El negocio impera sobre lo deportivo.
No estoy en contra del negocio pero sí someterse a lo deportivo y no al revés. Y ahora está sometido. Si le preguntas a Zidane o Valverde si esta es la mejor pretemporada te dirán que no. Ellos dirán que prefieren estar en un lugar tranquilo, sin ir de lado a lado jugando partidos. Pero ahí está el negocio del club y eso es lo que digo que está mal.

Luego está el caso del Atlético de Madrid que consigue grandes resultados sin jugar con exceso de brillantez.
Lo que pasa es que lo que hizo Simeone es histórico y hay que reconocérselo. Y yo además de reconocerlo, lo admiro. Porque ha cambiado la historia reciente de un club. No la historia del Atlético de Madrid que era brillante desde hace muchos años, pero sí la reciente. De ser un club resignado, a ser un equipo capaz de jugar de igual a igual en cualquier campo y contra cualquiera. Otra cosa es que yo comparta esa manera de jugar, no la comparto. Pero eso no quita el respeto y admiración que me merece todo lo que ha conseguido.
Hay mucha gente, resultadista, entre comillas porque más resultadista que Guardiola que ganó todo no hay. Son resultadistas y cuestionan a Simeone porque dicen que en las últimas tres temporadas no ganó nada. Dicen que solo vale ganar y yo no estoy de acuerdo con eso. Porque aunque no ganó nada estuvo compitiendo en el máximo nivel siempre. Se gana o se pierde pero eso no desmerece: no vale solo el que gana.

También vale lo que hizo el Atlético de Madrid. También vale lo que hizo la selección argentina que fue finalista en dos Copas de América y una del Mundo, pero el resultadista extremo en Argentina dice que eso no es un fracaso. Yo que estoy en el otro extremo de ese fútbol digo que eso no es un fracaso, al contrario, es un éxito. En la final, la ganas o la pierdes. Fíjate el Atlético de Madrid que en el último segundo Ramos le mete el gol y le gana en la prorroga.

Pero el juego no es discutido, incluso se dice que solo se puede ganar así.
Bueno, eso es otra cosa. Yo no voy a ver al Atlético de Madrid porque no me gusta. Pero eso es cosa mía, tampoco voy a ver a Schwarzenegger porque no me gusta y es el que más recauda o recaudaba.

El aficionado piensa que es su única posibilidad de competir.
Imaginemos que el juego hubiese sido el de Guardiola y hubiesen ganado, les gustaría y defenderían ese juego. El aficionado quiere ganar en primer lugar. El aficionado, el jugador, yo y cualquiera. Y si ganas, vas escondiendo todo lo demás debajo de la alfombra. Pero como dijo Xavi, si ganas jugando bien, ganas dos veces y si pierdes jugando mal también pierdes dos veces, pero hay gente que tiene otra manera de entender esto.
Yo, cuando era más joven censuraba rotundamente a esa gente que veía el juego de otra manera. Pero tienen todo el derecho. A mí no me gusta y si juega el Manchester City y el Atlético de Madrid no tengo duda, voy a ver al City aunque pierda, pero no voy a cuestionar a quien prefiera ver al Atlético de Madrid y le guste. A mí no y tengo mis argumentos para defender que me gusta jugar de otra forma y también creo que si el Atlético de Madrid jugara de otra forma a lo mejor ganara igual o más, pero eso hay que demostrarlo.

El periodismo defiende que si se juega al ataque con equipos de menor presupuesto se da ventaja al que tiene más presupuesto.
Es el pensamiento dominante en el fútbol. Al no analizarse el juego a un periodista joven no le exigen que entienda el juego entonces le es más fácil entender la lucha, la pelea, el que impide que entender el juego, entender lo otro a los que juegan bien. Porque los equipos y jugadores que juegan bien siempre están bajo sospecha o están bajo la incertidumbre. Cuánto le costó a Iniesta y Xavi ser titulares. Y son, es opinable, dos de los mejores centrocampistas que vi en mi vida. Si, son buenos, pero este lucha más… Les costó mucho teniendo en cuenta la calidad que tienen.

Hay excepciones como el Rayo de Paco Jémez.
El Celta, el Rayo con Jémez que era hermoso verlo jugar y fue la mejor campaña de la historia del Rayo y eso que le cambiaban 14 jugadores cada año y eso no lo resiste nadie.

Siempre discutido Jémez.
Sí porque es otra cosa. A mí me ha pasado. Si eres entrenador y vas a un sitio y dices a mí lo que me importa es ganar, hay que levantar pesas, la preparación física… te ganaste a la mayoría del periodismo. Si vas a un equipo y dices yo quiero jugar bien al fútbol, te dicen esté de qué va, qué se cree que es.

Cuando el Real Madrid cambió a Valdano y Cappa por Capello, la prensa deportiva ensalzaba que el italiano había puesto disciplina e incluso prohibía las migas de pan en el mantel.
España es una sociedad que respeta mucho las jerarquías. Que alguien mande y alguien obedezca. Me acuerdo que me preguntaron en algún medio. ¿Estás enfadado por perder? Y dije, no. Y el titular era Cappa está enfadado y el texto decía que no. Pero como la gente esperaba que estuviera enfadado eso era el titular. El otro día vi un titular que decía: Valverde se enfada con Suárez. Vi el vídeo y era mentira. No se había enfadado pero el título era ese porque necesitamos alguien que mande, fuerte… Del Bosque era contracultural, no levantaba la voz, no hacía aspavientos, no decía nada en la banda porque ya había dicho todo lo que tenía que decir.

Pero hay cosas inamovibles como que Menotti entrenaba al Barça por la tarde porque salían de copas.
En un congreso de entrenadores, 15 o 20 años después de aquello, aparece un entrenador joven del que no voy a decir el nombre y desarrolló toda su exposición diciendo cómo los biorritmos aconsejaban entrenar a la hora de los partidos. Yo dije que eso lo dijo Menotti hace 20 años y todavía están diciendo que era porque salía por las noches. Pero eso queda para siempre. No hay manera de quitarlas. Como lo de que el Tenerife le quitó dos ligas al Real Madrid. Es una historia linda que no es cierta. No es verdad. El Madrid perdió casi todos los partidos previos.

Vivimos de las anécdotas aunque hay veces que son más dañinas. Por ejemplo, se dice que usted fue el culpable del descenso de River Plate pese a que Simeone tuvo más responsabilidad. ¿Quién fue el responsable de ese descenso histórico?
Los dirigentes fueron los responsables. Fueron 114 partidos. Simeone tenía en el primer equipo a Alexis Sánchez, Ortega… Muchos jugadores que se le fueron y Simeone salió campeón y el promedio comenzó a contar la siguiente temporada y salió último. Y luego Astrada y otro que no me acuerdo. Yo dirigí 18 partidos con el 51% de los puntos. Fui el que más puntos sacó de esos 114 partidos pero un periodista dijo que era el responsable y se terminó la historia. Nadie fue a los números. Tampoco me importa, pero eso fue la realidad.



Cronista y fabulador
Entrevista con Juan Villoro
 Por Jorge Luis Herrera

 El escritor Juan Villoro nació en la Ciudad de México en 1956. Estudió la licenciatura en Sociología en la UAM-I. Fue agregado cultural en la Embajada de México en Berlín. Ha dado clases de literatura en la UNAM, Yale y la Universidad de Pompeu Fabra de Barcelona. Es autor de una amplia bibliografía que incluye libros infantiles, de crónica, ensayo, cuento y novela; destacan La noche navegable (1980), Palmeras de la brisa rápida. Un viaje a Yucatán (1989), El disparo de argón (1991), La alcoba dormida (1992), Los once de la tribu (1995), Materia dispuesta (1997), La casa pierde (1999), Efectos personales (2000), El testigo (2004) y Safari accidental (2005). Ha recibido múltiples reconocimientos como el Premio Xavier Villaurrutia (1999), el Premio Mazatlán (2000) y el Premio Herralde (2004).

La literatura de Juan Villoro se caracteriza, entre otras cosas, por las originales e interesantes interpretaciones tanto de la realidad como de la ficción, por la prosa clara y fluida y por la importancia que recibe la figura del narrador, quien por un lado describe la acción y, por el otro, la comenta con agudeza y con un fino sentido del humor.

En esta entrevista Juan Villoro habló sobre algunos conceptos particulares —como la crónica, el cronista, la ficción, el fabulador, la verdad, la verosimilitud y la realidad—, vinculándolos con varios de sus libros, principalmente con la novela El testigo.

JORGE LUIS HERRERA. Considero que como escritor tienes dos voces principales, la del cronista y la del fabulador…
JUAN VILLORO. Comencé escribiendo cuentos y no pensé que me dedicaría posteriormente a la crónica. Por lo general, la evolución de quienes practican ambos géneros es la inversa: empiezan haciendo periodismo y luego se dedican a la literatura. El primer testimonio que escribí que no contenía ficción —al menos de forma deliberada— es la estampa de Augusto Monterroso. Es sintomático que mi primer texto de no-ficción tuviera que ver con mi maestro en la ficción. En su momento pensé que sería algo casual, pero con el tiempo me atrajo cada vez más la idea de ensayar ciertos recursos de la ficción en la realidad. Hay también una razón psicológica para ello. Como escritor de ficción uno está rodeado de libros y personajes, lo que en ocasiones puede conducir a una sensación de aislamiento y claustrofobia. Sin embargo, esto no es aplicable a todos, por ejemplo Jorge Luis Borges se sentía muy bien en su biblioteca; ahí estaba el universo entero para él. En cambio, otros autores, como Ernest Hemingway, requerían vivir en condiciones extremas para poder escribir. En mi caso, hay un punto intermedio entre estas dos actitudes.

Fundamentalmente escribo ficción pero, de vez en cuando, necesito "salir al mundo" para encontrar una historia en la marea confusa de la realidad. Todo esto me ha servido para regresar después a la ficción con otros reflejos, con otros argumentos y también con el conocimiento de ciertas cosas que sólo te puede dar la realidad. Desearía escribir más crónica, pero nunca he estado asignado a un periódico o a una revista en donde me permitan hacerlo; casi siempre ha sido un trabajo a contrapelo y he tenido que convencer a diversos editores de que las crónicas que tienen un contenido literario pueden entrar en un semanario político o en un periódico de información nacional. La percepción general sobre la crónica ha ido cambiando con los años, porque cuando empecé a escribirlas eran consideradas como algo bastante exótico. Ahora veo mi actividad en la crónica y en la ficción como mi mano izquierda y mi mano derecha; son complementarias.

JLH. Yo te veo como al doctor Jekyll y mister Hyde. Imagino que esas dos voces tuyas constantemente afloran y se entretejen…
JV. Exacto, sí. En ocasiones, en la ficción se vuelve más o menos presente la voz del cronista. Por ejemplo, en El disparo de argón hice un trabajo previo de reportaje. Como no soy médico, ni conozco la vida de los hospitales, tuve que realizar entrevistas, asistir a operaciones, estudiar los planos de un hospital, leer sobre la tradición médica y, en especial, sobre los oculistas, pues la novela se ubica en una clínica de ojos. En aquella época yo ni siquiera utilizaba lentes, de modo que estaba muy lejos de ese fenómeno, por lo que la investigación que realicé me permitió familiarizarme con el ambiente para poder escribir una ficción. Algunos elementos de la realidad se colaron, pero tan transfigurados que no forman parte de lo que podríamos llamar una crónica de los hospitales en México, aunque claramente hay un tono de cronista. En cambio, en El testigo muchos pasajes tienen un tono de reportaje de la realidad o de investigación histórica de la realidad donde el cronista y el autor de ficción se hermanan. Así conviven los dos géneros, pero en favor de la ficción porque se trata de una novela.

JLH. Y, en ese sentido, ¿cuáles son los límites del cronista y cuáles los del fabulador?
JV. El contrato que el cronista tiene con su lector es la verdad, lo que es un gran problema porque la verdad es una noción subjetiva. El cronista trata de crear las condiciones necesarias para que, en la medida de sus posibilidades, su narración se acerque al mundo de los hechos. Esto es muy distinto al procedimiento del que se vale un autor de ficción. Hay autores que necesitan familiarizarse con su entorno, haber investigado mucho o haber vivido una realidad. Ellos tienen una concepción bastante racional del espacio y, casi podríamos decir, una noción civilizatoria de la escritura; actúan como los monarcas de un reino que dominan en todos sus detalles. A mí me interesa más escribir ficción porque ignoro algo y lo descubro a través de la escritura, es decir, me interesa que mi literatura tenga zonas de sombra y de misterio, que se pueda leer en distintos niveles y que puedan darse varias soluciones. Por ejemplo, el final de El testigo podría interpretarse como la puesta en escena de un milagro y, al mismo tiempo, como un personaje que ha sufrido un accidente que lo ha hecho alucinar y está siendo traicionado por sus recuerdos y su imaginación. Cuando escribo ficción exploro la realidad a través de la ficción misma, justamente porque no conozco la realidad en todas sus dimensiones. 

Cuando hablaba de El disparo de argón y de cierto proceso de investigación para contar la historia con verosimilitud, me refería a tener detalles manipulables en la narración; no quise contar la vida de los hospitales tal como es, sino imaginarla. Esto es un principio opuesto al de la crónica. Ahí, a pesar de la presencia de mi subjetividad, no puedo falsear los hechos. Sólo puedo escribir crónica una vez que las cosas pasaron. El cronista es el que llega después y prende la luz. En ese género procuro incorporar algunas voces de los testigos, posibles interpretaciones divergentes, mi propia visión, que por sí misma codifica, cambia y puede ironizar los hechos, pero en esencia es un todo que no puedo modificar más que por la forma en que lo cuento. En cambio, la ficción es un camino de descubrimiento, como entrar a un larguísimo túnel y tratar de ver las transformaciones que están sufriendo el terreno y mi persona a medida que lo recorro. 
Por eso son situaciones tan distintas. Cuando escribo una novela larga, durante los primeros dos años, si soy sincero, debo confesar que no sé exactamente qué estoy haciendo; me mantengo en un entorno que empieza a resultarme familiar pero no dejo de explorar diversas posibilidades. Esta situación es imposible en la crónica.

JLH. ¿La ficción busca la verosimilitud y la crónica la verdad?
JV. Sí. La verosimilitud siempre es un problema literario. Cuando uno narra un hecho real a veces enfrenta el dilema de tener que desdramatizar los hechos para que sean más creíbles. Por ejemplo, cuando alguien describe una realidad como la mexicana tiene que establecer un contexto sólido para que sea verosímil. Si pensamos en los acontecimientos políticos de México —que suelen ser tan barrocos y tan surrealistas—, es necesario crear una cadena de sensatez para que puedan ser comprensibles. El criterio de verosimilitud en la ficción es a veces más fácil de manejar que en la crónica, pues uno puede establecer las coordenadas de su propio universo. No debes hacer creíble algo que sucedió con arbitrariedad, sino impedir que ocurra con arbitrariedad.

JLH. Esa es una idea central en tu obra. Por ejemplo, en El testigo dices: "Ser fieles a la realidad significaba comunicar un horror" o "Ningún cuento suyo sonó tan falso como esa confesión genuina".
JV. Existe un punto de contacto fundamental entre la verdad y la verosimilitud: la figura del testigo, tema central de mi última novela, que está atravesada por la necesidad de cuestionar en qué medida somos fieles a lo que vemos. Hay circunstancias que permiten detectar quién es un testigo válido en un sentido jurídico, pero en términos morales o psicológicos es difícil saber quién es un testigo fidedigno, porque lo que vemos entra en contacto con lo que sentimos y anhelamos, con nuestros prejuicios, con todo lo que llevamos dentro, es decir, con lo que altera nuestra percepción de la realidad. Por eso, como cronista trato de establecer un pacto con el lector en donde siempre quede clara la posición del testigo. Esto es primordial para que el lector entienda desde dónde se le está hablando, con qué grado de conocimiento de la realidad. No es lo mismo que un experto en el toreo escriba de una corrida a que lo haga un crítico de ópera que por primera vez va al ruedo. Ambas visiones pueden ser muy interesantes, pero el lector debe saber si se le habla desde la autoridad del conocimiento o desde la perplejidad del testigo de ocasión. En la ficción eso también es trascendental: cuando uno escoge un punto de vista narrativo elige un testigo, elige quién cuenta la historia —ya sea en primera o tercera persona—. Por eso la historia de la literatura es la historia de los cambios del punto de vista narrativo. La forma en que se miraba en el Renacimiento es distinta a la de la Ilustración o a la actual. El convencimiento de lo real, la distancia que guardamos y la manera de asimilarlo tiene que ver con un cambio de percepción de las cosas que las hace más o menos creíbles. Eso es fascinante en la novela.

JLH. A lo largo de toda tu obra has evidenciado tu preocupación por la tensión existente entre los hechos fácticos y los ficticios, y por la posibilidad de interpretar la realidad desde ambas perspectivas. Ejemplos sobran, en Palmeras de la brisa rápida. Un viaje a Yucatán, mencionas a tu abuelo materno, Juan Ruiz, que tiene el mismo nombre que el Vikingo, personaje de El testigo. También a tu tía Florinda, quien a su vez es personaje de El testigo y con quien comparte varias características esenciales como su fealdad, su soltería designada y su fobia a los espejos. Además, haces referencia a Yambalalón, tema central de un cuento de La noche navegable.
JV. Sí, desde luego. Toda la literatura surge de situaciones reales. Sería impensable una novela sin el menor asidero con la experiencia del autor. Hace algunos años me tocó traducir un texto autobiográfico de Stanislav Lem, y fue interesante descubrir que cuando él estaba escribiendo la novela Solaris encontraba vínculos psicológicos profundos con la sensación de aislamiento que padeció durante la Segunda Guerra Mundial en el gueto de Varsovia. Es una circunstancia difícil de extrapolar pues son escenarios muy distintos, pero para Lem era algo psicológicamente equivalente. Si esto es válido para una novela de ciencia-ficción, más para mí. El testigo describe a una parte de mi familia paterna dedicada a fabricar mezcal, que se vio perjudicada por el reparto agrario y se alimentaba continuamente de un tiempo perdido que quizá nunca existió, pero que había perfeccionado hasta el detalle con su nostalgia; esto lo transfiguro en El testigo. Fue importante incluir también herencias de parte de mi familia materna y de las cuales ya había hablado de forma lateral en Palmeras de la brisa rápida. Un viaje a Yucatán. Hice como un maridaje entre dos familias que nunca se conocieron.

Disfruto, de vez en cuando —aunque espero no ser abusivo y, sobre todo, no muy repetitivo—, hacerle guiños al lector atento para que sepa que algo que fue real ahora trabaja en nombre de la ficción. Además, hay que tomar en cuenta que la ficción es una forma de lo real. Me gusta mucho la definición de Juan José Saer que cito en el prólogo de Safari accidental: afirma que la ficción no es lo contrario a la verdad sino que es sólo una verdad inverificable. En ese sentido, el relato que nos cuenta la ficción es parecido al relato religioso: un milagro es inverificable y es cuestión de fe creer en él o no. En el caso de la ficción, que también es inverificable, la creencia no es cuestión de fe sino de verosimilitud. Quienes creen en los milagros estructuran su trato con la realidad a partir de esto, de la misma manera en que quienes leen ficciones llevan dentro de sí un imaginario que forma parte de la realidad. Algunas fábulas, como las leyendas del rey Arturo —que no se han podido constatar en la vida real—, conforman el imaginario de occidente. Muchas veces, cuando recordamos una época específica, son más determinantes las situaciones conocidas a través de una novela que a través de un libro de historia. Esto va configurando verdades falsas que acaban siendo realidades.

JLH. ¿La ficción es una forma simbólica de la realidad?
JV. Sí. Toda ficción tiene que ver con la realidad y con la imaginación, que es otra forma de la realidad. El testigo aborda elementos reales de México, por lo que está emparentada con la crónica, pero la determinación final no es real. Sería muy irresponsable que dijera "así es la realidad de México"; más bien es una lectura simbólica de la realidad de México. Por ejemplo, hablo del Niño de los Gallos, para lo cual me sirvo de una anécdota verídica —un niño que se convierte en mártir por querer salvar a un gallo de una iglesia— y le doy una vida totalmente imaginaria porque invento una continuación de ese mito. Lo que acaba dominando en El testigo, aunque hay múltiples guiños a la realidad, es la ficción. Desde que regresé a México —cuando ya había concluido la novela— han pasado muchas cosas que de alguna manera podrían estar en la novela; por ejemplo hablo sobre el narcotráfico y, en épocas recientes, hemos estado viendo una cantidad de vicisitudes que superan a lo ocurrido en El testigo y que de alguna manera están relacionadas. Incluso me han hablado de cosas que han sucedido en la región donde se ubica mi historia, entre Zacatecas y San Luis Potosí, donde ha habido un resurgimiento de una cultura católica, en ocasiones vinculada con los cristeros. De modo que estos temas están en discusión hoy en día; en ocasiones la ficción los intuye. Se puede decir que la ficción es un diagnóstico de cosas que no han ocurrido, pero podrían hacerlo.

JLH. ¿El testigo es la novela de un cronista?
JV. Es una definición muy posible. Cuando escribí mi primera novela, El disparo de argón, tenía miedo de que no me tomaran en serio como novelista porque sólo había escrito cuentos, crónicas y un par de ensayos. Temía que fuera vista como la novela de un cuentista. Luego, cuando escribí mi siguiente novela, Materia dispuesta, ya no tuve el mismo miedo pues ya había escrito una novela con una estructura continua. Por eso está conformada por siete relatos o novelas breves; lo que les da unidad es la vida enmarcada entre dos terremotos, el de 1957 y el de 1985. Pero tanto en Materia dispuesta como en El disparo de argón me ocupé de que la realidad que trabajaba estuviera alterada para ocultar la voz del cronista. 

En El disparo de argón todo se narra desde un barrio que se llama San Lorenzo; al inventar las calles y las costumbres del barrio podía hacer un retrato simbólico de la ciudad, es decir, inventar una isla que tuviera características de la ciudad pero donde pudiera alterarlas a mi manera, como si yo fuera el alcalde de ese pequeño espacio. Después de crear estos territorios, el siguiente reto fue tratar de unir la voz del cronista y la del novelista. En El testigo muchos hechos están cambiados, pero no hay un afán tan marcado de crear una extraterritorialidad. La última línea pretende, por el contrario, sugerir que han trascurrido 500 páginas para definir una palabra: "tierra". LC