sábado, 27 de junio de 2015

CONVERSACIONES SIN TRAMPA.


por KEVIN VIDAÑA.
Esta es una conversación a tres bandas.
Kevin Vidaña.

El entrenamiento no existe, es un invento. Dime qué se puede entrenar que no se pueda jugar. Ocurre que los entrenadores de fútbol nos hemos convertido en especialistas de lo inexistente, prestigiamos nuestra labor porque nadie soporta ser prescindible ni tampoco ser evidenciado por no respetar la mentira repetida, o la verdad creada. Dividimos lo indivisible, controlamos lo incontrolable, nombramos lo innombrable y en ese ejercicio de vanidad nos alejamos de la esencia: los jugadores. Jorge Valdano dijo que los buenos estaban en peligro de extinción, que jugar bien acabaría siendo motivo de mofa, y no le falta razón.

Obviamos que los protagonistas juegan per se y son la táctica entre sí. Infravaloramos sus capacidades en favor de nuestra vanidad y nuestros miedos, cuando son ellos los únicos que saben de fútbol aunque no sepan que saben. Tuve un jugador que no sabía ni su nombre, ni atarse los cordones; si le hubieran sacado tarjeta se la hubiera cogido al árbitro en agradecimiento. Pero en su primer partido recibió el balón, regateó a cuatro rivales, hizo una pared con uno de sus compañeros para enfrentarse al portero, dentro del área pequeña amagó hacia la derecha para irse por la izquierda e hizo el único gol del partido. No lo celebró porque no sabía que los goles se celebraban.

El destrozo futbolístico acontece cuando nos ocupamos de grabar esa acción, analizarla, re-analizarla, volver a analizarla, para luego atrevernos a corregir el gesto de carrera o el momento de aceleración, como el que enseña a respirar y luego se atribuye la supervivencia del aprendiz. Hacemos pensar a los jugadores como nosotros queremos que piensen y no como les pertenece hacerlo, siendo el objetivo final la colonización y el adiestramiento. Dos palabras muy alejadas del juego.



Pedro Gómez
El entrenamiento sí existe, pero nos ocurre que al disfrazarlo de demagogia acaba por despistarnos. Pretendiendo subrayar nuestro buen hacer, otorgamos toda nuestra atención al método, nos comparamos con el resto de profesores reprochándoles sistemáticamente y castigamos al jugador de rodillas contra la pared por no cesar de alzar la voz y el brazo para pedir turno. ¿Cómo podemos dormir tranquilos? Llenamos nuestra conversaciones de afirmaciones y argumentos fundados en creencias partidistas y casi nunca centradas en el potencial innato de nuestro contexto humano. Ansiamos protagonismo cuando no molestar debería ser nuestro único objetivo, y así nos pasa: convencidos de que nuestra irrebatible llama diaria activa la reacción futbolística se nos ciega la perspectiva ante la obviedad; somos meros catalizadores de algo que ya existe, que ya está en marcha.

¡El entrenamiento claro que existe! Pero tenemos la mala costumbre de maquillarlo para luego prohibirle salir de la madriguera de nuestra certeza, ¡no vaya a ser que alguien nos robe a la chica! Solo cuando renunciemos a estos celos y envidias tendremos el valor suficiente para desposeerle de esta superficialidad y descubrir la verdadera esencia de este proceso, que no es otra que el propio juego. Él será el verdadero maestro, él será quien sepa atender las necesidades de cada alumno. ¿Nuestra labor? Garantizar que el aula esté en orden, animar a ciertos alumnos a que se sienten con quienes más y mejor les puedan ayudar, estimular la pasión del discente. Más analítico, más integrado, más táctico, más contextualizado… Bla bla bla… reconocer y potenciar asociaciones, principio y fin de nuestra labor, y el que quiera salir en la foto, que le hubiese pegado mejor al balón.

Leví Cantero
No es que el entrenamiento exista o no: surge o aparece solo cuando emerge el conocimiento entre los distintos componentes del colectivo, pero esto solamente surgirá a través de las interacciones obtenidas a través del juego. En la actualidad resulta que en esta incesante necesidad precoz para que te cataloguen como buen entrenador parece que se necesitan preparadores físicos, psicólogos, ojeadores, entrenadores de porteros, y ya al final, y digo solo al final, que los jugadores realicen en el campo lo que el entrenador quisiera hacer él.

Si no tienes modelo de juego no tienes ni idea; si prescindes de preparadores físicos, es que no sirves para esto. Como bien decía Kevin, aquí lo medible es lo concreto y aquello inmedible lo hacemos evidente compartiendo una mentira común. Necesitamos, ante la hambruna actual de alimentar nuestro ego por encima de todo para convertirnos en entrenadores precoces, querer tener respuesta para todo, y es ahí donde empieza el problema.

No queremos darnos cuenta que nunca hay dos jugadas iguales, que cada jugada ha de convertirse en una sorpresa para el adversario. Lo importante es hacer con la pelota lo que se sabe, lo más simple, cuando no se ha nacido para hacer con ella lo que la naturaleza da a unos pocos, pero esto solo se consigue como antes he dicho a través del entrenamiento del conocimiento. La convivencia social y futbolística impone grandes demandas intelectuales que hay reconocer a los miembros del colectivo, respetar las jerarquías, sacar provecho de la situación, mentir, hacer coaliciones, conocer las intenciones de los demás, anticipar sucesos, procesar diferentes órdenes de intencionalidad.

Y siguiendo con la gran reflexión de Pedro, nuestra labor es respetar la asignatura que se dé en el aula a través del conocimiento obtenido en la misma. No es que el aula esté en orden, sino en un orden conocido por todos en ese momento, ya que habrá asignaturas (situaciones globales del juego) en la que algunos se sientan más libres, mas cómodos, sepan de quién se tiene que copiar para sacar mejores notas o a quién hay que pedirle los apuntes. ¿De qué depende esto? De que cada uno se conozca en clase. Nuestra labor, en todo caso, es interaccionar en ese conocimiento con ellos para convertirnos en el profesor con el que se sientan felices.

Kevin Vidaña
Edgar Morín dice que la complejidad no es una palabra-solución, sino una palabra-problema. No es como la religión, que te consuela y mantiene inconsciente de realidad, sino todo lo contrario. El pensamiento complejo te hace ver lo ignorante que eres, lo oscurantistas que eran, son y serán tus creencias. Y el fútbol es pura complejidad, mientras que el entrenador es opinión solamente.

Somos humanos, por lo que la neutralidad no existe, ni la objetividad. No se pueden afrontar problemas con una mente carente de prejuicios, por lo que estamos obligados a equivocarnos; en eso consiste vivir. El entrenador transforma la realidad de manera inevitable, forma parte del todo que transforma y le transforma. Como dijo Lillo, no tener ideas es una idea en sí misma.

Sobre entrenamiento, la interacción por repetición no produce mejora, no hace falta conocer a la persona para congeniar con ella. El conocimiento conlleva error e ilusión; me atrevería a decir que no existe, pero será que no lo entiendo. Lo que creo es que debería ser siempre inédito. Cuando Óscar Cano dice que los equipos entrenan de domingo a domingo, ¿por qué no? Cualquier tipo de reiteración conduce a la previsibilidad, antónimo de fútbol bien jugado.

Dice Vítor Frade que nadie necesita lo que desconoce, que nos hemos hecho dependientes de lo que no existe, ¡porque es lo único que sabemos! Si la mayoría de personas en el mundo cree en Dios, si los jugadores se han creído las mentiras y las barbaridades que se han contado durante años, tenemos dos caminos: darle pasto a las ovejas o atrevernos a colonizarlas. Resulta paradójico, colonizar para liberar…
¿Quién soy yo para hacer ver a los creyentes que Dios no existe? Nadie, aunque considere que nos dirigimos hacia un fútbol idiotizado.

Para mí, uno de los objetivos sanos y fundamentales del entrenador consiste en mantener vivo el deseo de jugar. “Vivo con la ilusión de vivir con la ilusión de…”. También encontrar ese equilibrio entre jugar e impedir jugar. Lo primero surge por la inspiración de los jugadores; lo segundo me gustaría creer que también nace de ellos o que puede hacerlo, que existe el talento defensivo.

Pedro Gómez
¿Dónde acaba y dónde empieza nuestra labor? ¿Cuánta influencia tenemos en nuestros jugadores? ¿Cómo podemos atrevernos a asegurar que hemos hecho mejor a uno de nuestros jugadores? ¿No era ya Messi el mejor jugador alevín de toda Argentina cuando el F. C. Barcelona lo fichó? ¿Al jugador lo hace mejor su contexto, sus asociaciones o nuestros entrenamientos?

Convivir con la complejidad del ser humano nos empuja hacia el abismo del desconocimiento y la duda constante, mientras que prohibirle a esta la entrada a nuestro hogar nos facilita el conquistar de afirmaciones los dormitorios vacíos que previamente había reservado la incertidumbre.

Asfixiado por el entorno, intento sortear al torbellino de la dialéctica al que aludía Panzeri y me suelo cuestionar: si la teoría sin práctica es una incongruencia y la práctica sin teoría una aberración, ¿por qué la gran mayoría de entrenamientos se conforman de tareas muy similares? ¿Por qué no existe una verdadera correlación entre lo que pregonamos delante de la cámara que es mejor para nuestro equipo y los entrenamientos universales que obligamos engullir a nuestros jugadores? ¿Por qué si todos elegimos ejercicios de posesión muy parecidos nuestros equipos no se desenvuelven de igual modo durante el día de partido?

La respuesta se acerca, pero nosotros, egoístas e infieles con la evolución, atemorizados e inquietos, continuamos protegiéndonos con la mentira instaurada, como el niño que descubrió a sus padres junto al árbol de Navidad la madrugada del 6 de enero pero que sigue escribiendo año tras año la misma carta a los Reyes Magos, no vaya a ser que se abra el pastel y se acabe el chollo; no vaya a ser que descubramos que nuestra labor, más que enseñar a jugar, consista en molestar lo menos posible y permitir que aflore lo innato, instintivo, facilitando y no generando, potenciando y no limitando, desde el segundo plano que realmente nos corresponde y no desde la divinidad protagonista que nos encanta recordar tan solo cuando vienen bien dadas.

Leví Cantero
Pero es que el talento no es ofensivo ni defensivo, no podemos esperar a que surja cuando queramos. ¡Por eso es talento! Aparece para quedarse en el momento y lugar que nunca podamos esperar. Claro que existe el talento sin divisiones algunas, pero es que nosotros, al carecer de él, no lo apreciamos. El problema surge cuando en nuestro afán de grandes ególatras queremos entrenarlo, pero para convencer de que esto es posible ya hay infinidad de materiales, libros, webs, etc., con interminables “soluciones comunes para cualquier colectivo”. Si no, también podemos buscar “principios y subprincipios en las fases del juego” de grandes ¿entrenadores? publicados para adaptar o simplemente copiar para cualquier equipo que se preste, pero esto a mí no me pertenece.

Retomando el tema del talento, dándome igual ofensivo que defensivo como he mencionado antes, en todas sus vertientes se da de igual forma ¡con buenos jugadores!
Lorca necesitaba a Alberti y el de Cádiz al granadino para que el talento fluyera en ayuda de ambos. Góngora añoraba a Quevedo para que esa incomplementacion entre ellos hiciese que se necesitasen como los más fieles amantes. Y de igual forma, Piqué sin Puyol no son ni Piqué ni Puyol. Si les preguntásemos a ellos por separado nos dirían que juegan bien con cualquiera, y es verdad, pero sin quererlo, al aparecer alineados en la posición que comparten, el talento defensivo es impregnado a todos sus colindantes… y volvemos a lo de siempre: si le sumamos a estos dos la figura del pivote ¿defensivo?, Busquets, y así unimos seres por todos conocidos, el talento es absorbido y creado desde la nada para ser expuesto por estos poetas de la generación Barça.

El problema surge cuando desde el desconocimiento más absoluto queremos conocer y transmitir que ese talento es nuestro (de los entrenadores), cuando de nuestras bocas escupimos expresiones como “…debemos ser un buen bloque defensivo…”, “…lo importante es que estemos juntos y ordenados…”,”…somos un equipo trabajado…”, “…¡rómpelaaaa!…” y demás sandeces que todos hemos dicho siempre.

Al igual que Dios escribió los 10 mandamientos en las tablas sagradas, creo que se tuvo que producir el mismo cuento en su día grabando a fuego una serie de mandamientos universales en lo que a forma de ver y entrenar se refiere. Y así, subordinado a la tabla de mandamientos y en versión 2.0, nos ha llegado la PT portuguesa. Sí, la parafernalia táctica, una idea tan innovadora que aquellos que la crearon aún buscan explicar qué es, pero con la obligación a todos sus fieles seguidores de la creación de un prestigioso modelo de juego, común o distinto da igual, pero que son tal mecanismo súper servible hará que seas un gran entrenador por encima de todo y todos. La planificación pitonísica más absoluta te llevará al éxito y cuanto más de tus subprincipios tenga tu equipo en cada fase del juego, mayor será tu auto-prestigio y más sabrás de fútbol. ¿Y los jugadores? Da igual, harán lo que tú les ordenes, por eso eres el entrenador.

Y ante todo esto, al jugador que aprisionamos por el miedo de no obedecer nuestras directrices o consignas lo colocamos en la difícil tesitura de decidir si jugar como mandamos en tales directrices o en la de no jugar como su instinto lo impulsa. Pero por suerte para nosotros, los no adictos, aparece la figura de Özil. Los fieles feligreses de la parafernalia táctica tienen que decir que “…le falta intensidad en fase defensiva…”. Y cuando el alemán nos alegra la vista personificando toda la imaginación posible con un regalo para el espectador en forma de pase derivado de su yo innato, los grandes adeptos siguen diciendo que “…Mourinho está enseñando a ser mejor futbolista a Özil…”.

Y entonces…¿Qué entrenamos? Pues creo que conocimiento, pero no desde una perspectiva primaria, ni secundaria. ¡Sin perspectiva! Simplemente haciendo ver qué es lo que tenemos y qué es lo mejor en ese momento sobre los jugadores en cuestión en el instante compartido. Y esto pienso que no se consigue de otra forma que no sea jugando al fútbol y, repito, jugando. Y liberando al jugador en todo aquello que espontáneamente quiera hacer o el momento del juego en que se encuentre le lleve a intentarlo
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Yo no puedo cultivar tulipanes en Granada aunque piense que sepa, porque no es el entorno para obtener la flor holandesa, pues de igual forma no queramos cultivar el mismo jugador en todos los diferentes equipos donde estemos.

Hagamos ver el terreno, las características del mismo y en función apostemos por la flor idónea en ese instante

Kevin Vidaña
En definitiva, entrenar/jugar debería ser la capacidad de adquirir capacidad.
Hay excesivo interés en saber cómo son las sesiones con las que trabajo y no hay fuegos artificiales ni atracciones, nada especial. La opción pertenece a los futbolistas, hay que escucharlos. El valor del entrenador está en su grado de vanidad o de sordera.

El método acaba siendo una elección entre inteligencia natural o inteligencia artificial. La segunda es dirigida, por lo que no puede ser inteligencia pero, desgraciadamente, ambas ofrecen resultados deportivos similares –aunque consecuencias distintas, invisibles pero trascendentes para el futuro de este juego–.
Carthy acuñó el término de inteligencia artificial en 1956, definiéndola así: “Es la ciencia e ingeniería de hacer máquinas inteligentes, o la capacidad de razonar de un agente no vivo”. Tratamos a humanos como robots para pretender humanizarlos.

Mientras que la inteligencia como tal es una capacidad mental muy general que, entre otras cosas, implica la habilidad de razonar, planear, resolver problemas, pensar de manera abstracta, comprender ideas complejas, aprender rápidamente y aprender de la experiencia. Más bien, el concepto se refiere a la capacidad de comprender el entorno, el que pertenece exclusivamente al individuo en cuestión.

* Kevin Vidaña, Leví Cantero y Pedro Gómez son entrenadores de fútbol.


LOS JUGADORES SON LA TÁCTICA ENTRE SÍ.


CUALQUIERA PUEDE SER ENTRENADOR. LO DIFÍCIL ES SABER DE FÚTBOL.
por KEVIN VIDAÑA .
perarnaumagazine.com.

Los técnicos restamos importancia a las competencias que demanda el juego en pos de honrar la acepción que parece describirnos: “Entrenadores de fútbol”. Preocupados por lo intrascendente, confundimos a los jugadores haciéndoles necesitados de lo que nunca fue necesario y además les perjudica, dándole la vuelta al entrecomillado.

Entrenar juego solo sirve para jugar cada vez peor. La enseñanza en fútbol mejora al malo empeorando al bueno, puesto que se guía por un ideal de juego producto de la vanidad, el miedo y la quietud, considerando que todos los individuos degluten de la misma manera en su exclusiva digestión del aprendizaje.

En este camino hacia la deshumanización, hasta los partidos benéficos acabarán sin goles. La colonización y el adiestramiento en el fútbol constituyen aspectos contrarios a su esencia; de esta hace referencia Óscar Cano diciendo: “El fútbol es sorpresa; cuando pasa algo no sorpresivo me sorprendo”. También Dante Panzeri, que fue periodista porque no quería sentirse culpable, defiende que “el fútbol es arte de lo imprevisto y dinámica de lo impensado”.

En una sociedad donde los jugadores han dejado de jugar para ser jugados, alguien tuvo la decencia de juntar a Iniesta, Messi, Xavi y Busquets para insistir en la conceptuación del fútbol como juego y demostrar que la realidad es tan compleja que no entiende de dicotomías.

Su estilo corporeizado en torno a la pelota alude a lo lúdico, relativo a la diversión, por lo que verlos jugar no puede provocar sino inevitable fascinación, a no ser que se sufra de sadismo; o en el peor de los casos, de desamor. Paco Seirul·lo dice: “Es distinto divertirme con una chica que enamorarme de ella. Tenemos que disfrutar y, sobre todo, enamorarnos del juego que realizamos”.
Su manera de jugar representa la locura transitoria y la quintaesencia del pasatiempo. Se trata de lo más puro y perfecto.

Descubriéndose sus componentes funcionales de manera natural; mostrándose dotados de libertad y con poder creador en un teatro espontáneo, propio de los patios de recreo; valiéndose de un proceder distintivo que resta rédito al azar desde la competencia que siente, piensa y obra bajo los aspectos constituyentes de su ser.

Mientras algunos no sabemos cómo agradecer la aparición de estos divertidos seductores que escapan de cualquier descripción haciendo del fútbol una actividad inherente a los seres humanos, otros se creen que ganaron al Córdoba porque el cuerpo técnico trabajó 8 horas diarias preparando el partido. También hay quienes se atreven a decir que Pep Guardiola es mourinhista. Claro, si no puedes con el enemigo, alístalo en tus filas.

El jugador es contextual, no con textual –que reproduce literamente palabras o textos–. El entorno es el que oferta las posibilidades individuales, siendo el juego fruto de las interrelaciones. Sobre esto, Lillo dice que “Andrés Iniesta casi siempre elige la peor opción, ya que tiene todas las posibles y solo lleva a cabo las que sus compañeros le entienden”.

La teatralización de conceptos existe, pudiendo ayudar al desarrollo del juego, pero actuando como máscara ante lo verdaderamente trascendente. Recientemente, Tito Vilanova dijo a sus jugadores: “No me necesitáis, sois demasiados buenos”. Y nadie ha hablado del tema.

De la misma manera han intervenido Andrés Iniesta y Leo Messi, pero sus comentarios también han sido omitidos para evitar desnudos que parecen no convenir. El manchego asegura: “La esencia que tengo del juego es absolutamente lúdica, natural, es la de la pista del colegio en Fuentealbilla. Yo juego como juego porque me sale, eligiendo en cada momento la opción que intuyo que me ofrece el juego. Cuando estás en el campo es el jugador el que debe decidir. Hay patrones, pero el fútbol es el momento, tomar decisiones al instante. Es táctica, esquema y todo lo que quieras, pero al fin y al cabo es técnica individual, improvisación en una décima de segundo”.

Por otra parte, el argentino remata diciendo: “Mi manera de jugar no se trabaja, ya de chiquito jugaba así. Alguna vez me corregirían en La Masia, pero no lo recuerdo. Me respetaron la manera de jugar, aunque es verdad que aquí la filosofía es parar y tocar de primera. ¡Pero yo no se la daba a nadie!”.
Es decir, no importa el cómo sino el quiénes, que tienen su cómo derivado. Guillermo Fernández, entrenador adjunto de Óscar Cano, comenta que “alinear es más que elegir a once jugadores, se trata de organizar las relaciones del juego. Elegir quiénes juegan es la mayor estrategia operativa, puesto que dentro de la alineación está ubicado el rival y los matices competitivos”.

Cualquiera puede ser entrenador. Lo difícil es saber de fútbol.

* Kevin Vidaña es Técnico Deportivo de Fútbol Nivel II. Técnico de captación del fútbol base del Levante UD en Andalucía.


PALABRA DE RAFAEL BENÍTEZ.


por MAGAZINE el 4 junio, 2015 •

El periodista Orfeo Suárez publicó a finales del año 2011 un excelente libro titulado “Palabra de entrenador” (Ed. Córner) con el que recorre la trayectoria de numerosos técnicos españoles de prestigio.
 Con su autorización y la de Editorial Córner reproducimos unos párrafos del capítulo dedicado a Rafa Benítez, recientemente nombrado entrenador del Real Madrid:
– ¿Es difícil trabajar con usted?
– “Yo creo que no, pero sí es cierto que el jugador valora más el trabajo del técnico cuando pasa el tiempo y ya no está. Hacemos entrenamientos dinámicos, el 80 % del tiempo con balón, y siempre con objetivos. Hay momentos en los que has de dejar que el futbolista se exprese libremente, pero en otros has de conducirlo. Todos los técnicos tienen jugadores incómodos, pero no se pueden conseguir títulos si no haces las cosas bien”.

Sobre la formación de los jugadores, Benítez se expresa así:
“A menudo se piensa que el entrenador interviene poco en lo ofensivo, pero yo no estoy nada de acuerdo. En mi caso, tengo un defecto que puede ser una virtud: soy profesor. El futbolista tiene una capacidad grande de aprender, y nosotros estamos para enseñar, para darle fundamentos, conceptos. Los que han querido hacerlo conmigo, han mejorado. Ahí están no solo Torres, sino Luis García, Arbeloa, Pepe Reina o Xabi Alonso, distintos después de su paso por el Liverpool”.

En aquel otoño de 2011, Rafa Benítez reflexionaba con Orfeo Suárez sobre las distintas realidades que percibía entonces en el fútbol de cantera del Barcelona y Real Madrid:
“El Barcelona tiene años de ventaja, plasmados en su cultura del juego, y eso se refleja en la seguridad con la que actúa. Requiere tiempo, que el Madrid ha perdido con tantos cambios. Ahora no es fácil, porque ganar exige tener a los mejores ya y eso aboca a fichar. En la cantera hay que crear la expectativa. Pep Guardiola lo ha hecho y  ahora se beneficia en competitividad y sentimiento de pertenencia (…) Pep ha cerrado un círculo virtuoso que se retroalimenta: cantera, victoria y respeto”.

Benítez evoca en “Palabra de entrenador” su temprana vocación como técnico:
“Con 13 años ya era un poco entrenador. En una libreta que me dio mi padre apuntaba las alineaciones de mi propio equipo, la lista de goleadores y hasta las cuentas de una especie de trofeo de la regularidad. Nadie lo sabía, claro. Todo eso que ahora te dice el ordenador con apretar una tecla”.

Y detalla sus fuentes de inspiración y sus principales referencias técnicas:
“He viajado (…) por España, Italia, Holanda y los Estados Unidos viendo trabajar a otros compañeros y haciendo preguntas sobre cualquier tema, ya fuesen de orden técnico, táctico, físico o psicológico, relacionado con los equipos. Y no solo de fútbol, también me interesan aspectos de otros deportes y sus filosofías, como el baloncesto, el rugby y el atletismo…

Durante mucho tiempo me dediqué a analizar puntualmente y a fondo el Milan de Arrigo Sacchi, con el que por cierto tengo una magnífica relación. Aquel proyecto revolucionó el fútbol en esa época. Seguí mucho al Barcelona de Cruyff, al Deportivo de Irureta y me llamó mucho la atención el Valladolid de Maturana. También he encontrado trabajos muy bien hechos en clubes a los que he llegado. Es el caso del Valencia, donde partimos de la excelente base dejada por Héctor Cúper. Sobre ella construimos un modelo de competitividad”.


El libro “Palabra de entrenador”. 

jueves, 25 de junio de 2015

MUCHAS HISTORIAS Y POCO JUEGO EN COPA AMÉRICA.


COPA AMÉRICA 2015.
elpaís.es
El torneo cierra su primera fase lastrada por las cuestiones extradeportivas y por el escaso rendimiento en el campo de sus protagonistas.

PEDRO CIFUENTES Santiago deChile.
El próximo lunes, en Santiago de Chile, se jugará la primera semifinal de la Copa América. El cruce podría ser una repetición del Chile-Bolivia, de nuevo en el Estadio Nacional, escenario de todos los encuentros de La Roja en un calendario hecho a su medida que le ha evitado cualquier desplazamiento (a diferencia de todos sus rivales). El partido terminó 5-0 y su reedición constituiría un bocado muy poco apetitoso para las semifinales de un torneo que cuenta con varios de los mejores futbolistas del planeta, incluso ausente Luis Suárez, pero que presenta hasta ahora un balance bastante pobre en cuanto al juego y al rendimiento de sus protagonistas.

Aunque los grupos han presentado una notable igualdad, se ha hablado más de indisciplinas varias que de fútbol en un campeonato cuyo mejor partido hasta la fecha probablemente sea el Argentina-Paraguay de la primera jornada, con permiso del Brasil-Colombia, cuyo epílogo dejó al evento sin la chispa de Neymar Jr.

A la espera de los 'cracks'
Las estrellas no han aparecido aún: además del pésimo campeonato de Radamel Falcao o el comportamiento de Neymar, puede destacarse el bajón de James Rodríguez, la poca puntería de Edinson Cavani o Paolo Guerrero, cierta imprecisión de Alexis Sánchez e incluso los cambios de humor de Messi. Entre lo mejor, junto al luminoso inicio del crack brasileño o algunas jugadas de la Pulga, está el liderazgo de Godín en Uruguay, la dirección de Néstor Ortigoza en Paraguay, el funcionamiento colectivo de Chile contra Bolivia (recuperación progresiva de Valdivia incluida), la actuación de Miranda, destellos de Javier Pastore, el gol de Agüero y el lateral derecho peruano, Luis Advíncula, como símbolo de la velocidad e intensidad peruanas. Los perdedores de la primera fase fueron la selección ecuatoriana de Gustavo Quinteros y Venezuela, frenada en seco por la expulsión de Fernando Amorebieta.

El once ideal de esta etapa, según la organización, queda conformado por el portero Claudio Bravo (Chile); los defensas Gary Medel (Chile), José María Giménez (Uruguay) y Thiago Silva (Brasil); los centrocampistas Arturo Vidal (Chile), Carlos Sánchez (Colombia), Carlos Lobatón (Perú) y Charles Aránguiz (Chile); y los delanteros Lionel Messi (Argentina), Lucas Barrios (Paraguay) y Sergio Agüero (Argentina).

El crack del Barcelona entregó la única actuación memorable de esta primera fase y era el elegido para devolver (o al menos intentarlo) la gloria perdida al pais do futebol, pero descendió a los infiernos durante cinco minutos en los que agredió físicamente al árbitro chileno Enrique Osses. Su expulsión del torneo sucedió tras la milagrosa curación del abatimiento producido por el accidente de Arturo Vidal con varias copas encima, que tuvo a todo Chile 48 horas preguntándose (otra vez más) si sus futbolistas se merecen tanta consideración y, sobre todo, si tenía sentido sacrificar una medida ejemplarizante en el altar de la victoria futbolística que el país andino ansía desde hace un siglo.

La exhibición contra una débil Bolivia (ya clasificada) y la euforia posterior parecieron dar la razón a los partidarios de privilegiar los objetivos deportivos, más optimistas que nunca ante el pobre papel de Colombia, el rendimiento irregular de Argentina y las dudas de un Brasil en plena reconstrucción. Su enemigo de cuartos, Uruguay, es la selección más laureada del campeonato: el miércoles será una noche decisiva para el fútbol chileno. Los dos grandes favoritos sobre el papel, albicelestes y cafeteros, disputarán unos cuartos de final fascinantes el viernes en Viña del Mar. Brasil-Paraguay y Perú-Bolivia completan el cuadro.

Pese a la tangana de Neymar, Bacca y compañía, los incidentes y la dureza son similares a otras ediciones, al menos en el registro de tarjetas: 82 amarillas (79 en 2011) y 4 rojas (5). Se han marcado hasta el momento 40 goles en el torneo (37 en 2007, 49 en 2007). Chile, de quien preocupaba la falta de puntería días antes del comienzo, ha marcado el 25%. El máximo goleador es precisamente su rey Arturo Vidal (3). El futbolista que más veces ha rematado, Leo Messi.

Desidia y fatiga
Su selección ha experimentado un síndrome parecido en los tres partidos, bajo marcadores y circunstancias diferentes: tras imponerse durante una hora se ha visto acorralada por equipos inferiores. El caso más sorprendente fue Paraguay, que remontó un 0-2 con amenaza de goleada. Aunque Gerardo Martino alega el cansancio de sus jugadores, hay un rastro de desidia y descontrol no explicable por cuestiones físicas. La fatiga mental acecha a futbolistas con más de 50 partidos en la temporada y cuyo grado de compromiso con el campeonato es variable.

Un tema de conversación entre la prensa acreditada es la elección de los países invitados: la débil selección B presentada por México y el voluntarioso equipo jamaicano depararon algunos encuentros de escasísima calidad. La Conmebol, cuyo silencio en la competición está alcanzando límites surrealistas, tendrá bastantes ocupaciones cuando el balón deje de rodar y la corrupción masiva descubierta en la entidad que rige el fútbol sudamericano vuelva a la primera plana de la actualidad.


LOS TEST PSICOLÓGICOS DE MIHAJLOVIC


El nuevo técnico del Milan, que dice que la fuerza mental es fundamental en un equipo, utiliza cuestionarios para conocer mejor a sus jugadores
ELEONORA GIOVIO 

La fecha fijada para la vuelta al cole del Milan es el 3 de julio. Habrá nuevo profesor. Igual que el año pasado y el anterior. Esta temporada el elegido es Sinisa Mihajlovic, 46 años, que acaba de terminar una gran temporada con la Sampdoria.

El técnico serbio dejó al equipo en la séptima plaza con 57 puntos (por delante del Inter) y clasificado para la Europa League. Disciplina –que se lo pregunten a Eto’o que se quedó fuera del equipo titular por saltarse algunos entrenamientos-, orden, entrenamientos duros y trabajo mental son los pilares de Mihajlovic.

 “La fuerza mental es fundamental en un equipo porque todo empieza en la cabeza. Hay que encontrar la medicina correcta para cada uno. En este sentido, me ayuda tener cinco hijos, cada uno con un carácter diferente”, confesaba el entrenador serbio que en su día fue ayudante de Roberto Mancini en el Inter.

 Para individuar qué medicina necesita cada uno, Mihajlovic somete a la plantilla a una serie de test psicológicos (unos pequeños cuestionarios); es una forma para conocer la personalidad de los jugadores y sus reacciones a determinadas situaciones. Lo hizo con la Sampdoria en la pretemporada y lo volvió a repetir a lo largo del año.

“Mis equipos tienen que tener organización, principios de juego y mentalidad ganadora. Eso significa entrenarse duro y jugar para ganar y no para no perder. Si un equipo quiere ganarnos no sólo tiene que ser mejor técnicamente sino también tener más carácter”, contaba Mihajlovic en una entrevista en el Corriere della Sera.

 ¿Y cómo se entrena el carácter? “Los huevos se tienen o no se tienen… pero un entrenador tiene que hacerse seguir y yo estoy seguro de que si le digo a mis jugadores que se tiren por la ventana, lo hacen y luego ya me preguntarán por qué”, contestaba.


LA CUANTIFICACIÓN DE LA CARGA EN EL FÚTBOL.


DAVID HERRERA .

Uno de los objetivos primordiales que persigue el entrenamiento es mejorar el rendimiento del futbolista en competición. Es por ello que el análisis del rendimiento se convierte en un pilar fundamental para conocer en qué medida alcanzamos ese objetivo, por lo que debemos conocer en profundidad las características específicas del deporte en cuestión, principalmente las demandas que se producen en competición.

Para ello, será necesaria la observación de la misma, así como de su entrenamiento, pues ambos procesos están íntimamente relacionados; los comportamientos que los jugadores muestran en competición son el resultado de las adaptaciones inducidas mediante el entrenamiento, y, a su vez, en el entrenamiento se aplican los medios diseñados según la información obtenida de la competición (Garganta, 1997).

Sin embargo, el control de entrenamiento y competición en fútbol es una labor extremadamente compleja, debido a aspectos como:

-         Las características tan específicas del deporte
-         La interacción (colaboración-oposición)
-         El medio en que se desarrolla
-         La velocidad de las acciones
-         La incertidumbre
-         La enorme dificultad de establecer relaciones causa-efecto
-         El contexto

Ante esta complejidad, algunos entrenadores optan por acercarse e intentar obtener un conocimiento más preciso del deporte y sus características, mientras que otros, han hallado la excusa para alejarse del control de la competición y el entrenamiento.

De manera tradicional, la única forma de controlar el rendimiento se basaba en la observación por parte del entrenador que, de manera subjetiva, emitía juicios y opiniones de tipo cualitativo sobre la actuación de sus jugadores, y se servía de éstas para preparar el próximo partido.

Hoy, sin embargo, contamos con numerosos medios que nos precisan, de manera cuantitativa, una ingente cantidad de datos sobre el tipo de esfuerzos requeridos durante la competición en el fútbol, tales como analizadores portátiles de lactato, GPS individuales, analizadores de gases y/o monitores de frecuencia cardíaca.

Ahora bien, ¿de qué nos sirven todos estos datos científicos si no sabemos transformarlos en información?

El estudio de deportes de conjunto, desde perspectivas bioenergéticas, biomecánicas y médicas, si bien nos puede acercar a algunos aspectos relacionados con las demandas de la actividad, así como a algunos factores que influyen en el rendimiento, resultan insuficientes para analizarlos (Álvaro, 2005, Gómez 2006, Pino, 2009).

Sólo nos muestran una pequeña parte de un todo, que para alcanzar a comprender, habría que empezar por definir el paradigma que envuelve el ámbito de actuación de este deporte.

Resulta obvio, llegados a este punto, que necesitamos una visión mucho más amplia, buscando no sólo la mayor información posible, sino que ésta sea válida y aplicable, lo cual solo puede conseguirse si el dato queda contextualizado (Garganta, 2000), dado que durante la tormenta de toma de decisión en la que se ve inmerso el jugador intervienen tres factores: el tipo de situación, las características del que decide y el contexto (Mora, García Toro y Zarco, 1995).

Surge así uno de los principales interrogantes: ¿cómo definimos, contextualizamos y medimos el dato?
La respuesta parece estar en el paradigma ecológico. Dicho modelo plantea la explicación e interpretación de los fenómenos a través del contexto y ligados a su especificidad, llegando a poder ser considerado como una nueva perspectiva de análisis en el ámbito del deporte de Alto Rendimiento (Álvaro y Col, 1996).

Para indagar en esta nueva visión, es necesario concebir al jugador como un ser complejo, condicionado por el entorno y condicionante del mismo, incidiendo como mínimo sobre estas tres capacidades:  
- SOCIO-AFECTIVAS: de las relaciones inter-personales-grupales.  
- EMOTIVO-VOLITIVAS: para la identificación con el yo personal.  
- CREATIVO-EXPRESIVAS: para la proyección del yo personal (en el terreno de juego).
  
Bajo este prisma, Seirul-lo (1998) sienta las bases del “microciclo estructurado”, el cual concibe al jugador de manera íntegra, sin separar sus componentes, haciendo especial énfasis en la toma de decisión del mismo y en la especificidad de las tareas, priorizando en éstas aspectos técnico-tácticos.


Además, aboga por la no linealidad de las tareas, por entrenar en la variabilidad, ya que, no lo olvidemos, estamos trabajando con seres vivos hipercomplejos, cuyas estructuras anteriormente mencionadas interactúan de manera conjunta para la consecución de un fin.

No se trata de medir lo “físico”, mediante mms de lactato en sangre, porcentajes de V02Máx, o pulsaciones por minuto con una fiabilidad científica de +/- 2-3%, sino de plantear tareas de aspectos exclusivamente cognitivos o tácticos, tareas orientadas, asociadas a acciones simuladoras de balón, a la vez coordinativo, socio-emotivo, afectivo y condicional (Seirul-lo, 2000).

A su vez, Vítor Frade (años 80) en su archiconocida “Periodización Táctica” enfatiza la asimilación de una forma de jugar en sus principios: organización del ataque, de la defensa y de la transición de un momento a otro, dando capital importancia a la concentración. Todo gira en torno al modelo de juego con una especificidad e intensidad máxima constantes.

El profesor portugués nos habla del principio de alternancia horizontal, refiriéndose a la variación de los distintos tipos de esfuerzo a lo largo del microciclo semanal, según la proximidad de la competición. Para ello, divide las tareas según la contracción muscular: velocidad, tensión y duración de la contracción, otorgando un componente de fatiga no sólo a nivel fisiológico, sino a nivel del SNC (aspectos cognitivos). Todo ello, en un marco totalmente subordinado a la dimensión táctica.

Existe, como vemos, una magnitud difícil de cuantificar como es el desgaste emocional que las tareas de entrenamiento y la competición producen en el individuo. Para acercarnos, en la medida de lo posible, a comprender e intentar medir dicho esfuerzo, valga la Escala de Borg, una herramienta de apreciación subjetiva del esfuerzo realizada por parte del jugador de manera individual, en la que refleje la fatiga producida (mental-física) por las tareas en una escala numerada, como la que muestra la siguiente figura (y que el jugador tendrá que interiorizar previamente para ponerla en práctica):

“Llevo muchos años trabajando en esto y he llegado a plantearme si realmente merece la pena cuantificar la carga de entrenamiento. El patrón de los microciclos a lo largo de la temporada es muy común e incluso repetitivo en cuanto a estructura interna. Si hablamos de carga externa, existen soportes informáticos como AMISCO o PROZONE, que nos sirven para establecer la relación de aspectos cuantitativos entre competición y entrenamiento. En lo que a carga interna se refiere, he empleado años analizando la percepción subjetiva del esfuerzo, a través de las valoraciones de los jugadores tras la sesión y siempre se mantiene el mismo patrón de esfuerzo a lo largo del microciclo, según las cargas aplicadas respecto a la proximidad de la competición. Con todos estos datos (carga externa, valoración subjetiva del esfuerzo y complejidad de las tareas) sacas un índice en el que siempre se repite el mismo ciclo, por lo que La verdadera importancia reside en definir la orientación de la tarea, qué buscamos, qué objetivo perseguimos... A partir de ahí, sólo varía el volumen, pues la INTENSIDAD siempre debe de ser MÁXIMA" (Domínguez, 2012).


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sábado, 20 de junio de 2015

EL BALÓN PARA CARGAR PILAS.


Rafel Pol apuesta por la seducción del juego a partir de la pretemporada. El Barça empieza su estadía en Inglaterra

FONSI LOAIZA Barcelona


Luis Enrique, Edu Pons y Rafel Pol, en un entrenamiento del Barça. / DAVID RAMOS (GETTY IMAGES)

En las sesiones magistrales del profesor Paco Seirul·lo, director del área de metodología del entrenamiento en el Barça, siempre se escucha una frase que retumba en las aulas: “Debéis esforzaros en construir un proyecto que permita a los jugadores que se enamoren del juego, que digan: esto es lo más bonito que hago en mi vida. No que se diviertan; que se enamoren, que es distinto”.

 Rafel Pol es el alumno aventajado de Seirul·lo. Este año trabajarán codo con codo. El nuevo preparador físico es de la generación del 87, como Messi y Piqué. Él será quien proponga los ejercicios a los cracks del Barcelona.
Luis Enrique ya estuvo con Pol en el Roma y el Celta y comparten filosofía. “Al principio hay objetivos físicos, pero hacemos la mayoría de ejercicios con el balón. Será una pretemporada atípica porque no hay gira. Queremos aprovechar mucho los entrenamientos para trabajar y repetir todas las situaciones que se dan en los partidos”, explica el entrenador.

La concentración en Inglaterra
Nueve entrenamientos. El Barcelona parte hoy rumbo a Birmingham. Trabajará en St. George's Park, sede de la Federación Inglesa. Allí efectuará nueve entrenamientos y el 2 de agosto jugará en Niza.
Una lista de 26 jugadores. Futbolistas del primer equipo: Ter Stegen, Masip, Bravo; Montoya, Mathieu, Alba, Bartra, Piqué, S. Roberto, Xavi, Song, Afellay, Busquets, Iniesta, Rakitic, Rafinha; Pedro y Deulofeu. Ocho del filial: Ié, Patric, Grimaldo; Samper, Halilovic; Adama, Sandro y Munir. Los ausentes son: Adriano por lesión, Luis Suárez por sanción, Mascherano, Messi, Dani Alves y Neymar. Estos cuatro mundialistas se incorporarán al trabajo el 5 de agosto. Un día antes del encuentro ante el Nápoles en Ginebra. El Barcelona además tiene dos partidos más programados: el 9 de agosto contra el Helsinki en Finlandia y el 18 de agosto contra el Club León de Rafa Márquez en el Trofeo Joan Gamper.

Pol ha desmontado falsos mitos dictados por los dogmas clásicos del entrenamiento en su libro La preparación ¿Física? en el fútbol. Para el preparador físico azulgrana: “La velocidad colectiva es la que determina la velocidad del juego” y “las desaceleraciones y aceleraciones son mucho más importantes que la velocidad de desplazamiento”. Y sentencia: “El modelo de juego, no es el posicionamiento de los jugadores (1-4-4-2, 1-4-3-3), sino la forma en que se relacionan entre sí”.

Pol es crítico con los métodos conductistas: “El jugador debe saber qué quiere provocar el entrenador con cada situación”. El preparador físico azulgrana lucha por la prolongación de la vida útil del futbolista, señala los males del exceso de entrenamiento y considera la técnica y la táctica como interdependientes. Según el extremo del Celta, Nolito: “El fútbol es un estado de ánimo y Pol siempre te tiene enchufado aunque no estés al 100% físicamente. Se agradece que no sea un sargento. No recuerdo un preparador físico que apueste tanto por el balón. El 90% de sus ejercicios son con pelota”. El centrocampista del filial, Babunski, que se entrena con el primer equipo, remarca: “Se entrena a máxima intensidad, pero se escucha el sonido del balón”.

La pretemporada es cuestión básica en el librillo de Pol: “Debería basarse en la readaptación del futbolista al juego. El trabajo general es innecesario. Cargar las pilas, rellenar el depósito no tiene base fisiológica. Es el periodo de observación entrenadores-jugadores. La pretemporada significa el inicio de la creación del modelo de juego”. “Los entrenamientos deben ser como partidos, sino los partidos se convierten en entrenamiento”, es una de sus máximas.

El fútbol es un estado de ánimo y Pol siempre te tiene enchufado aunque no estés al 100% físicamente".

Nolito
Pol dice no tener respuestas, solo interrogaciones: “¿Por qué se entrena la técnica en ausencia de fatiga? ¿Por qué entrenar la táctica intentando eliminar la fatiga? ¿Por qué valorar la resistencia de forma aislada al juego? ¿Estamos entrenando la técnica para el minuto 1?”. Su propuesta es seducir a los futbolistas y que recuperen la pasión y vuelvan así al juego posicional, al espíritu colectivo, a la presión intensa y al repliegue rápido. Y dejar el pasar por pasar para que con el pase pasen cosas.

Dejando a un lado el nivel futbolístico, básico sin duda, lo que más ha llamado la atención del final de temporada del Barça es cómo han llegado físicamente. Basta ver cómo lo han hecho el Bayern o el Real Madrid, asolados por las lesiones.

Aparte del factor suerte, importante, queda claro que hay un enorme trabajo en el aspecto físico. Y si hablas con la gente de dentro del vestuario y los jugadores, los que saben de verdad lo que sucede en el día a día, todos coinciden en un nombre: Rafel Pol.

El mallorquín que ya trabajó ya con Luis Enrique en la Roma y el Celta. Nolito, un ejemplo de la faena de Pol, lo resume a su manera: “Rafel siempre te tiene enchufado sin ser un sargento y casi todos los ejercicios son con balón”. El ‘profe’ Paco Seiurl·lo debe estar orgulloso de su alumno, todo un catedrático.