lunes, 11 de mayo de 2015

UNA GRAN OPORTUNIDAD DE APRENDIZAJE por Rosa Coba


La razón es tan sencilla en planteamiento como apasionadamente compleja. 
por ROSA COBA

Que el F.C Barcelona y el Bayern de Múnich tenían que encontrarse frente a frente era una circunstancia de lo más coherente y esperable. A pesar de la naturalidad aplastante del hecho, no creo que sea habitual que un técnico pueda sentirte tan, pero que tan afortunado como creo lo es Pep Guardiola por tener la posibilidad de vivir esta experiencia.

Sin lugar a dudas, ambos técnicos van a disponer sus escuadrones de la forma más resolutiva que consideren, con la materia prima de que dispongan y, sobre todo, en función de las interacciones que vaya dictando el juego. Pero permítanme que ponga el acento en esta ocasión en Guardiola. La razón es tan sencilla en planteamiento como apasionantemente compleja. Les explico.

Como profesional de la psicología hablamos de un momento que ojalá pudiera prescribirse y generalizarse como herramienta de trabajo, pero…. que sólo va poderlo sentir y usar él, aunque los demás lo vamos a poder vivir a través del eco que las conexiones que Guardiola y Luís Enrique van a promover y que nos van a llegar traducidas en las relaciones de los veintidós que pisarán el césped, porque no olvidemos que los que se visten de corto son los protagonistas.

Protagonistas con ese plus de activación que otorga en sí mismo un partido de Champions.
Es una prueba de madurez donde las haya. Las cosas y las circunstancias pasan, las personas dejamos poso y el manejo con ese poso va a radiografiar nuestra madurez. Es como cuando te reencuentras con alguien importante que ya no está activo en tu vida pero lo estuvo…¿se sitúan? Sólo desde una actitud madura puedes sentir ese hormigueo al tiempo que una mirada sólida, con perspectiva, de esas que reconfortan y te hace sentir que la vida es un regalo, que eres afortunado, que progresas.

SE CONOCIERON CRECIENDO Y SE DESGASTARON
Tanto Guardiola, por unos motivos, como algunos jugadores, por los suyos, podrían sentir algo parecido. Ojalá así sea. Desde esa base emocional nos podrán regalar su mejor versión. Se conocen muy bien, han compartido momentos intensos, crearon un sello propio y lo mejor para mí: se conocieron creciendo en torno a un objetivo y se desgastaron en torno al mismo. Han vivido en torno a la naturalidad de un ciclo vital intenso de estas características profesionales y el sentido de la pertenencia, tan necesario a veces pero tan asesino otras, no acabó con ellos. Porque ellos (las personas) siempre están por encima de los medios.
 Finalizó un ciclo. Finalizó un sistema de relación porque Guardiola así lo entendió desde su perspectiva y desde, entiendo, no encontrar los necesarios estímulos ante “el cómo”. Con Guardiola no creo sea adecuado hablar de suficientes estímulos, sino de necesarios estímulos. Y a eso me refiero precisamente.

Todo ello les otorga un margen de maniobra muy especial a la hora de afrontar este partido. Cuán de trabajadas estén esas emociones pueden marcar diferencias y, en partidos como estos, dichos matices son algo fundamental. No confundir esto con sentimentalismos. Esos, que son tan necesarios e inherentes a la condición humana, precisamente desde la madurez amparada en la profesionalidad, quedan en otra dimensión, por descontado positiva, dentro del contexto que nos ocupa aunque algunos quieran estirar un chicle de lo más absurdo, a mi parecer.

Guardiola propone y el jugador (propio y ajeno) dispone y esa voluntad es el punto de partida para que las piezas giren en los múltiples sentidos que deban. Manejo emocional al servicio del juego. Todos los presentes sobre el campo son profesionales que defenderán con contundencia los intereses de su equipo, pero es ahí cuando digo que la circunstancia de Guardiola es un regalo ya que tiene ante sí un ejemplo mayúsculo de plasticidad. Va a tener que manejarse con el mismo talento de siempre y otros nuevos, pero a través de medios y circunstancias muy diferentes. Para un gran planificador como él debe ser algo único porque el talento necesita de un medio para cobrar forma y ahí está el reto, en ese contrapunto, en ese matiz.

SERÁ UNA GRAN FUENTE DE APRENDIZAJE
La parte que me resulta no sólo atractiva sino especial del trabajo de un entrenador es hacer visible lo invisible. Planificar, imaginar, combinar… diseñar estrategia con todos los ingredientes al servicio del juego. Así me transmite Guardiola que lo hace. Pone mucho esfuerzo de calidad en no dejar atrás nada porque no concibe trabajar sin que “el cómo” sea esencial. El foco del entrenador debe ser de gran alcance. Observar y no dejar de hacerlo es una de sus máximas. En este partido, el foco de Guardiola tendrá un escenario tan intenso, tan repleto, que a buen seguro le reportará un gran fuente de aprendizaje.

El fútbol, a resultas, necesita de una cuantificación; es un juego, pero para los que sentimos que los números en este ámbito no son más que un sistema con el que hay que aprender a relacionarse, estoy segura de que vamos a disfrutar muchísimo con este cruce. Se dan una cantidad de variables  a cual de ellas más genial. El “más difícil todavía” que los alemanes arrastran con las lesiones, unido a la eficaz impronta que el Barça está dejando en los últimos partidos disputados, es una de las lecturas que más se repite ante este partido pero, obviamente, no sabemos quién ganará en términos cuantitativos aunque, para mí, lo especial de estos encuentros va a estar, e insisto, en el aprendizaje superlativo que el azar ha regalado a Guardiola y que él nos lo hará extensivo.

El trabajo de un entrenador, de un buen entrenador, sólo entiende de generosidad. Creo que si ese aspecto se valorara debidamente… a muchos les quedarían días contados en el banquillo. Es increíble lo que ocurre en ocasiones en este mundo. Llámenme ingenua… pero me sigue sorprendiendo o quizás es que me niego a acostumbrarme. Regala lecciones a diario, es un escenario de aprendizaje constante, ofrece oportunidades de crecimiento personal increíbles y el empeño en cuantificar lo incuantificable (y no me refiero a los necesarios goles), el espectáculo zafio paralelo y la sed de muchos egos, son aspectos que ciegan las posibilidades de demasiados.

En el fútbol, como en la vida en general, hay grandes personas y grandes personajes.
Como espectadora me recreo en observar cómo un actor eleva a su personaje a la cumbre sin dejar de trasladar al público que ante todo es una persona que está interpretando. Se puede ser un genial intérprete, pero si dejas que el personaje acabe con la persona se habrá acabado con la grandeza, con lo especial, con lo que conecta al espectador y al intérprete y los sitúa en un plano en el que las emociones conectan de forma mayúscula.

El hecho más destacable de la generosidad de un técnico, en este caso les recuerdo que me estoy centrando en la que nos va a ofrecer Guardiola, va a tener una recompensa enorme en forma de aprendizaje, constituyendo un excelente ejemplo de reciprocidad adquirida en el juego, en este caso partiendo del entrenador. Él da y él recibe y de cómo resulte esa interacción vamos a poder aprender, ya que no sólo va a modelar muchos aspectos para el partido de vuelta que necesitará adaptar al resultado cuantitativo, sino para sus infinitas conexiones, esas que ocurren bidireccionalmente en su cerebro y facilita que ocurra en el de los jugadores. Ese tándem, a su vez, provoca cambios en la dúctil adaptación. ¿No les parece fascinante?

A Guardiola le caracteriza psicológicamente hablando, y desde mi humilde punto de vista, algo que ya les he comentado y que es muy potente: “el cómo”. Ganar es necesario, pero no suficiente. El trabajo que gira en torno a este aspecto se supone que es la base sobre la que debe trabajar cualquier cuerpo técnico. De la forma de hacerlo se desprenden cuestiones psicológicas fundamentales. Y en el caso del técnico catalán las que yo destaco por su distintiva forma de manejarlas son las siguientes:

Primera: Hacer crecer al jugador otorgándole un grado de compromiso coherente.
En tanto en cuanto esto se trabaje, se están acortando los caminos para las interferencias absurdas por innecesarias y por incompatibles con la generosidad imprescindible que el juego colectivo precisa. Por tanto, los egos en su justo espacio.

Segunda: Los entrenamientos son un medio de crecimiento.
Un equipo es lo menos parecido a algo estático. El puesto y el momento de cada cual lo generan las necesidades del equipo en torno al progreso y la dirección del crecimiento. Trabaja con compromiso, actitud proactiva. Lo importante cuando se entrena es querer aprender. No hay buenos entrenamientos. Hay buenos jugadores entrenando.

Tercera: Aprendizaje en torno al modelo de juego.
Ser bueno para hacer mejor a los demás en un entorno preciso. Los compañeros no sólo son algo necesario. En cada uno de los miembros del equipo residen las claves para crecer como lo que somos, un colectivo siempre en torno a una filosofía de juego, un estilo, un modelo. Esto no sólo nos da sentido de pertenencia, nos da lo esencial: tener las bases de lo que no somos. Una vez el árbitro pita el inicio del partido es complicadísimo todo lo que ocurre. Es tremendamente difícil marcar goles. De ahí que tener clara ciertas cuestiones de la hoja de ruta nos va a ayudar a ser eficaces en nuestra toma de decisiones.

Esto no tiene nada que ver con fijar la atención en lo negativo. Todo lo contrario. Saber quiénes no somos nos despeja el camino, ni más ni menos. Entrenamos con el mapa mental positivo, pero teniendo muy claro por qué. El jugador debe entender, debe saber interpretar lo que el juego le pide. Debe ser un experto manejando los límites de control que le ofrece el modelo de juego a través del que trabaja. Es el único modo de poder tomar decisiones eficaces. Vídeos, automatismos, mapas mentales y otras herramientas nos ayudan en el entrenamiento, pero nunca olvidemos que comprender, entrenar “el pensar”, es invertir con garantías de éxito.

Permítanme un inciso. Los que me conocen profesionalmente saben de una de mis máximas: al jugador le deben brillar los ojos cuando trabaja, debe querer aprender y debe ser consciente de que el compromiso ante el aprendizaje es innegociable. Debe tener una actitud general inteligente. Y para los más escépticos, déjenme exponerles que el cerebro del deportista en acción es un perfecto “aprendedor” gracias, entre otras cosas, a la propiedad intrínseca de todo cerebro: la plasticidad cerebral, modelada y modulada por los efectos cerebrales que produce, por ejemplo, todo ejercicio aeróbico que implique coordinación, toma de decisiones rápida y un grado de concentración intenso (como ocurre en la práctica del fútbol). Ello produce el aumento de la proteína IGF-1, que tiene la función de ser precursora de aumentar la segregación de BDNF (Brain Derived Neurotrophic Factor), una molécula relacionada con factores de crecimiento neuronal y con la neurotransmisión, es decir, con la comunicación entre neuronas o dicho de otro modo: el aprendizaje.

Cuarta: Ganar como herramienta para el constante crecimiento.
Además de necesario, es un termómetro para hacer los imprescindibles reajustes.
En términos generales, me llama mucho la atención que la derrota suele ser sobreexplotada psicológicamente y, en mi opinión, esto es un error. El cerebro está preparado para trabajar a pleno rendimiento en positivo. Se pueden y se deben analizar los errores, pero sin sobredimensionarlos. El cerebro se cambia a sí mismo, no lo olvidemos. Y tampoco olvidemos que tenemos neuronas espejo, las responsables de la imitación, de la empatía. Nuestro cerebro funciona más y mejor con estímulos positivos. Los estímulos a los que nos exponemos generan huella. En cualquier sentido.

Quinta: Fidelidad inteligente.
Esto no es sinónimo de tozudez. Lo es de coherencia. Cuando un entrenador diseña el modelo de juego lo hace en torno y partiendo de los protagonistas del juego: los jugadores. Pero siempre debería de ser en torno a la premisa por excelencia: “contexto multivariable”. Algunos entrenadores son calificados de valientes (con una clara connotación positiva) por ser fieles a un estilo reconocible. Yo creo que esa clasificación es poco práctica psicológicamente hablando. El entrenador debe diseñar un modelo de juego reconocible a la par que adaptable, no sólo porque el juego lo requiere, sino porque una cosa es mostrarse reconocibles y otra es ser previsibles. Por lo tanto, propongo cambiar la clasificación y pasar a llamarle “inteligente”.  La valentía tiene sus momentos, claro que sí, y es muy necesaria, pero no confundamos términos.
Para acabar, comentar que Pep Guardiola ha expresado públicamente que una de las cosas que más le gustan de su trabajo es imaginar lo que va a pasar. Cada partido le ofrece esta posibilidad, pero por todo lo expuesto en estas líneas, y desde mi punto de vista, formar al equipo que entrena ante el reto de jugar contra el Barça va a ofrecerle momentos indelebles, de los que hacen vida.

* Rosa Mª Coba Sánchez es licenciada en Psicología. Coautora junto con Fran Cervera Villena (preparador físico y readaptador) del libro “El Jugador es lo Importante: la complejidad del ser hunano como verdadera base del juego”.


No hay comentarios:

Publicar un comentario