“Nosotros pensábamos en la camiseta; hoy, no sé”.
El campeón del mundo en Estados Unidos 94 analiza la
situación de Brasil, eliminada en la fase de grupos de la Copa América
JUAN I. IRIGOYEN
Barcelona 13 JUN 2016 -
Mazinho, este lunes en Barcelona. JOAN SÁNCHEZ
Campeón del mundo en Estados Unidos 94, Mazinho
(Paraíba, Brasil; 1966) cita a EL PAÍS en un chiringuito frente a la playa
en Gavà. Sus hijos Thiago y Rafinha se criaron bajo el sello de la Masia.
Mientras el jugador del Bayern comienza su camino en la Eurocopa, el azulgrana
espera disputar los Juegos Olímpicos en un Brasil en llamas, tras caer
eliminada en la fase de grupos de la Copa América.
Pregunta. ¿Brasil dejó de ser Brasil?
Respuesta. Hoy en día hay tantos intereses en el
fútbol… Las grandes promesas del fútbol brasileño están todos en el Shakhtar.
El mayor fabricante de jugadores brasileños es Ucrania. Van a Brasil, fichan a
los jugadores cuando tienen 16 años y cuando cumplen 18 se los llevan para
Ucrania. Los compran a cuatro millones de euros y después los venden a 40. Un
buen negocio, pero nosotros no acabamos con la formación de nuestros
futbolistas. Y no los venden más temprano porque la FIFA no lo permite. El
negocio se antepone a la formación.
P. Sin embargo, Dunga queda como el
gran señalado...
R. No creo que sea un problema de Dunga. El
problema es de los propios jugadores. El entrenador pinta menos en esto,
aunque, lógicamente, puede tener una cierta parte de culpa.
P. ¿Cuál?
R. El sistema: jugadores muy defensivos y sin
jugadores creativos. El problema es que tampoco tenemos esa clase de
futbolistas.
P. ¿Ni delanteros?
R. Es que se acabó todo. Nuestro hombre se
llamaba Adriano, pero con todos sus problemas se estropeó. Y como él,
Pato, Fred y así podemos hablar de mil. A mí me gustaría saber qué pasa por la
cabeza de estos jugadores.
P. ¿Les falta hambre?
R. No lo sé, pero no es como antes. Cuando me
convocaron para el Mundial del 94 compré fuegos artificiales y los tiraba en mi
casa de la alegría. Nosotros antes pensábamos mucho en la camiseta. Ahora, no
lo sé. No sé si es un tema de dinero, o que muchos prefieren irse de
vacaciones.
P. ¿Cuándo se perdió el fútbol brasileño
vistoso?
R. Hace poco pensaba: ¿cuándo perdimos la
técnica? Y creo que fue cuando ganamos el Mundial en 1994, porque fue cuando
cambiamos el sistema. Nunca antes un equipo brasileño había jugado con un
4-4-2. Nuestro fútbol era un 4-3-3 o un 4-1-5. No teníamos hombres fijos en la
mitad del campo. Pero, por la necesidad de ganar un título en Estados
Unidos, cambiamos el sistema. Habían pasado 24 años desde la última vez que
Brasil había conquistado el Mundial y Parreira pensaba que tenía que igualar la
fuerza europea. Dejó a Bebeto y Romario arriba, sin preocupaciones defensivas,
y el resto teníamos que trabajar como locos. A partir de entonces, los clubes
brasileños empezaron a copiar el sistema. Ese fútbol combinativo que teníamos
parecía lento porque la gente no se movía, pero no lo era. Corría el balón, no
los jugadores. Nadie era capaz de robarnos una pelota. No había esa prisa.
P. ¿Ahora el resultado comenzó a ser más
importante que el juego?
R. Sí, porque si un entrenador pierde tres
partidos se va a la calle y eso les genera inseguridad. No existe el plan a
medio o a largo plazo. Todo se resume en el resultado. Se comenzó a jugar con
gente más trabajadora y jugadores técnicos se fueron quedando de lado. Se
acabaron los 10, se acabaron los extremos, y ya no fabricábamos tantos grandes
laterales. Hoy jugamos en función de Neymar.
P. ¿Es imposible no depender de un jugador como Neymar?
R. Es normal depender de un jugador así. Le pasa
a Argentina con Messi, y eso que tienen cantidad de jugadores con la
calidad. Su presencia convierte automatismos que cuando no están el equipo no
sabe qué hacer. Claro que puedes tener un jugador que te resuelva un partido,
pero tienes que pensar en el colectivo. Y eso es lo que le pasa a Brasil. Se
generó una dependencia tan grande de Neymar, que cuando no está él, falla algo.
P. ¿Neymar es el último exponente de la esencia
del jugador brasileño?
R. Por el momento no podemos hablar de otro
jugador. Quizás mañana surge otro futbolista importante, pero ahora no hay
otro. En el 70 estaba Pelé y cuatro más a su alrededor, en el 82
tenías a Sócrates, Zico y Falcao, que eran las hostias. En el 90 y 94 había
jugadores importantes. Antes cada equipo en Brasil tenía cinco jugadores
internacionales. Y tú que no eras aficionado del Flamengo o del Fluminense
sabías el equipo que tenían. Hoy, yo que soy aficionado del Vasco de Gama, no
sé cuál es su alineación. Perdimos esa fábrica de jugadores.
P. ¿Le da lástima que Thiago no juegue para
Brasil?
R. Me da lástima, sí, pero no es culpa suya. Fue
culpa de la Confederación. En el año 2006 o 2007 llegó su primera convocatoria
para la selección española sub-17. Yo no quería y llamé a Brasil, que estaban
todos mis amigos del 94 trabajando en la Confederación. Le dije que aquí en
España tenían tres jugadores para controlar: Thiago, Rafa y Rodrigo. Tres jugadores
que pintan muy bien. Y me dijeron que la política era que no querían chavales
formados fuera de Brasil. “Somos brasileños”, les dije. Pero si en casa nos
dicen que no, entonces vamos a jugar para España. Pero volvemos a lo que le
mencioné antes, los intereses que hay en el mundo del fútbol. Los grupos de
empresarios entran en el medio y quieren que jueguen en la selección sus
futbolistas que juegan en los clubes de Brasil, porque si juegan en la
selección los puedan traspasar a Europa. Nadie ganaba dinero con Thiago. Hay
mucha gente que está trabajando de una forma muy sucia en el fútbol.
P. ¿Por qué Thiago no logra explotar todo
su potencial?
R. Quizá fue perdiendo confianza, antes
arriesgaba mucho. También ha tenido problemas con las lesiones que lo han
frenado un poquito. El otro día hablábamos y le dije: ‘Intenta volver a
arriesgar, a romper líneas, esa es la única manera para recuperar la confianza.
Si fallas es porque lo intentas y la gente lo va a entender’. El fútbol es una
diversión. Tiene que volver a divertirse.
P. ¿Cómo está Rafinha?
R. Cuando empezó a tener confianza y a jugar, se
lesionó. Hoy está genial. Tiene una estructura física diferente de la de Thiago
y es más vertical. Ha tenido la infelicidad de la lesión y es normal que haya
tenido problemas musculares, pero Rafa está en un buen momento.
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