domingo, 6 de enero de 2019



El ex jugador, Jorge Valdano, habla de sus dos pasiones: el fútbol y la literatura
Redacción Cromos
El antiguo director técnico del Real Madrid, estuvo en Bogotá y con su caballerosidad de siempre nos recibió para hablar de esas dos pasiones que lo hacen vibrar: las palabras y el balón.



El ex jugador, Jorge Valdano, habla de sus dos pasiones: el fútbol y la literatura
 Para usted todavía no se ha escrito la gran novela del fútbol. ¿A qué se debe? Es muy difícil hacer un juego literario con lo que ocurre dentro de la cancha. El fútbol es un fenómeno tan espontáneo y tan atado al presente que no debe resultar fácil representarlo ni en la literatura ni en el cine. Pero si hay un juego posible con todo lo que ocurre alrededor: el futbolista es un gran héroe que tiende puentes con las mujeres, el dinero, millones de aficionados… De ahí, para quien tiene talento hay material para la gran novela. A mí me dijeron muchas veces que es muy difícil hacer literatura en un territorio eminentemente emocional, pero eso no puede ser verdad, porque entonces no podría existir literatura sobre al amor, y el amor ha alimentado la literatura de todos los tiempos. 

Ha dicho que cuando leyó a Vázquez Montalbán para usted no fue lo mismo jugar un partido de fútbol, ¿por qué? Porque me sentí representante de algo mucho más complejo que de un juego primitivo. Él empezó a tender puentes entre el fútbol y la política, la identidad, la sociedad… Yo todo eso lo intuía, pero no me animaba a profundizar porque me parecía muy pretencioso. Él lo hizo con tanta altura que nos puso ante un nuevo carril de reflexión: el ensayo de fútbol como expresión de un lugar y un tiempo.

¿Qué tanto determina a la literatura sobre fútbol la nacionalidad del autor que la escribe? Influye fuertemente. No solo la nacionalidad, sino la regionalidad. A Vázquez Montalban se le sale la catalanidad por las orejas. Solo él puede definir al Barça como ejército desarmado de Cataluña. El «Negro» Fontanarrosa es indiscutiblemente rosarino. Y así. A lo mejor ahora eso es más difícil. El color local es más difícil de encontrar, pero eso pasa también con el estilo de los jugadores. Y esto ocurre porque el fútbol no solo expresa un lugar sino un tiempo y estamos en época de globalización. 

¿Qué deben tener los buenos relatos sobre fútbol? Deben tener emoción. Una cuota de sentimiento, que es en lo que se especializa el fútbol. 
 ¿Por qué cree que en este momento es más frecuente encontrar crónicas, biografías y autobiografías sobre fútbol en las librerías que ficción?  Yo soy de la idea de que se han escrito más libros sobre fútbol en el siglo XXI que en todo el siglo XX. Hay editoriales en España y Argentina, como Al poste, Al arco y Cornerque se  dedican solo a títulos deportivos. Pero no hay ficción,  son puras biografías que tiran de Wikipedia… Se hacen con sentido de la oportunidad. Un jugador mete dos goles en tres partidos seguidos y ya tiene su libro. El fútbol no encontró su Hemingway todavía. 

 ¿Se le teme a la ficción? Prácticamente todos los libros sobre fútbol los escriben los cronistas y ellos están más atados a la actualidad. La ficción es más compleja. Sin embargo, en los 90, después de haber escrito un libro sobre el tema que fue muy exitoso –porque justo en ese momento me ficharon como entrenador del Real Madrid–, nos reunimos con Juan Cruz y nos propusimos a involucrar a diferentes intelectuales en un proyecto para el que necesitábamos que escribieran cuentos de fútbol. Mandamos cartas a gente muy diversa: Skármeta, Roa Bastos, Umbral, Benedetti…. El 90% nos devolvió un cuento, hasta el punto en que tuvimos que publicar cuentos de fútbol 1 y 2. Tuvo mucho éxito. Y algunos escribían desde una visión muy negativa del fútbol. Porque cuando uno juega al fútbol de pequeño y lo juega bien, eso significa mucho para bien, sobre todo en términos de integración, y si juega mal, significa mucho para mal. A estos intelectuales, que habían tenido una relación muy distante con el deporte, el fútbol los había hecho sufrir. 

 ¿Se puede hablar de un proceso de cambio o evolución de la literatura sobre fútbol? Hay una literatura que no hemos mencionado, la de los cronistas. Hay periodistas realmente extraordinarios. Hay una recopilación de crónicas de Santiago Segurola, que se llama Héroes de nuestro tiempo. Es un libro extraordinario, en el que convierte la crónica de un partido o el retrato de un jugador en una pieza literaria. Hay crónicas de Segurola que son mejores que el partido, dan más ganas de leer la crónica que de ver el partido. Pero el periodismo se ha disparado hacia las dos puntas, una muy chabacana, polémica y poco intelectual, y otra muy bella que dignifica el fútbol.

 ¿Por qué cree que los intelectuales ahora se muestran interesados en el fútbol? Le han perdido el miedo. Creo que la cultura ha agrandado su ámbito de acción y ha integrado las emociones. Por eso la moda, la gastronomía y el fútbol ya hacen parte de la cultura. Todavía en minúscula, pero hacen parte de la cultura. Eso desinhibió, desprejuició a los intelectuales. El fútbol se hizo más serio y los intelectuales se hicieron un poco menos serios. Por otra parte, el fútbol es parte importantísima de la industria del ocio y los intelectuales tampoco quieren quedar por fuera de la fiesta económica.

 Pero, entonces, ¿eso quiere decir que la literatura sobre fútbol es menos seria? La ficción no deja de ser un juego literario, así que es una redundancia, un juego dentro de otro juego. Pero se hace difícil encontrar novelas actuales en Inglaterra o en Argentina donde el fútbol no sea parte del paisaje social. Es imposible hacer un retrato de Madrid sin hablar del Atlético o del Real. El museo más visitado de la ciudad, después del Prado, es el del Real. Y el fútbol es el mayor productor de conversaciones. Pero claro, una cosa es ser parte del paisaje y, otra, ser el tema central de una novela. De hecho, el fútbol ha animado muchísimos cuentos y muy pocas novelas. 

 ¿Para qué le sirve el fútbol a la literatura y viceversa? La literatura al fútbol le sirve para ayudarle a pensar. Los intelectuales nos dejaron mucho tiempo solos y durante todo ese tiempo el fútbol se consideraba una expresión casi animalesca. Y eso se retroalimentaba: como el fútbol no se pensaba, los intelectuales lo despreciaban, y así… Un fenómeno que mueve a tantos cientos de miles de personas en el mundo merece ser reflexionado en profundidad, la torpeza consistió en haberlo hecho a un lado o encararlo desde el prejuicio. El fútbol le sirve a la literatura para lo mismo que le sirve el comic, para impulsar a los niños a que lean. El fútbol agranda el recinto mental del niño, ahí uno puede aprovechar para aprovecharlo como puerta de entrada a los libros.

 ¿Qué ventajas tiene la literatura que no tiene el fútbol, y qué ventajas tiene el fútbol que no tiene la literatura? La literatura tiene la ventaja de que si tú fallas un gol lo puedes tachar y reescribir. En el fútbol, la reflexión, la decisión y la acción son parte de un mismo movimiento y no hay vuelta atrás. Y el fútbol tiene la ventaja de que, si das con el adjetivo justo, hay 100.000 personas que se vuelven locas. Cuando uno escribe, nunca sabe lo que hay del otro lado, en cambio en el fútbol, bueno o malo, el estímulo produce una reacción instantánea, en miles. El fútbol es una gran meritocracia porque hay muchos testigos. El presidente de un club no puede poner de delantero a su hijo porque la gente mata al hijo y al presidente. 

 ¿Qué escritores están dentro de sus favoritos? Osvaldo Soriano jugó al fútbol y todo lo que escribió tenía gracia e inspiraba pasión. El  «Negro» Fontanarrosa, que para mí es el número uno, fue capaz de llevar todo lo simbólico que hay en el fútbol al terreno real. Es increíble como bajaba a la realidad cosas que estaban flotando en el inconsciente. Juan Sasturaín es maravilloso. Eduardo Galeano tiene una obra magnífica y es un gran observador, aunque se le nota que no jugó al fútbol. Luego están Juan Villoro, que reflexiona sobre el fútbol y sus alrededores, y Eduardo Sacheri. En Colombia, Daniel Samper Pizano: un fanático que vive equivocado; es del Rosario, del Barcelona, todo lo tiene al revés, y eso no lo inhabilita del todo, pero sí un poco (ríe). También está Nick Horby, en Inglaterra, que pone al hincha en un lugar central. Incluso le reprocha al futbolista: ¿él en dónde se encontraba hace diez años y donde estará en diez años? El hincha es el único que puede decir eso con todo derecho, porque él hace diez años estaba sufriendo por su equipo y dentro de diez estará viviendo lo mismo. Es un libro precioso. 




Entrevista con Juan Villoro; fútbol y literatura
Juan Villoro, gran apóstol del balompié, asegura que el fútbol es un fenómeno cultural en todo el mundo, es el espejo que somos en lo bueno y en lo malo.





Entrevista: Jaime López  | Cámara: Óscar Hernández | Texto: Alejandro Carrillo |
Yo soy uno de esos seguidores de la “tribu”, aquellos que exploramos las cábalas, los ritos y las ceremonias dentro esas catedrales de concreto que conocemos como estadios, soy uno de esos que encuentra semidioses en la cancha y predicadores en las tribunas todos los domingos, soy de una religión con millones seguidores en donde “dios siempre es redondo”. Los ateos con ínfulas de intelectuales dirán que no se trata sino de “una herramienta de control social, ¡pan y circo para el pueblo!”, y jurarán odiar al fútbol por sobre todas las cosas y jamás verán un partido, pero en el fondo vivirán con la angustia de no saber entender el delirio de los fieles. Así sea.

Juan Villoro, gran apóstol del balompié, asegura que el fútbol es un fenómeno cultural en todo el mundo, es el espejo que somos en lo bueno y en lo malo, trastoca las aristas más humanas de los individuos y de las colectividades; y además es una poderosa máquina del tiempo capaz de devolvernos a los niños que fuimos. Añadiría que el fútbol es un catalizador de las bellas artes: La jugada que empieza en las manos del arquero y termina en las redes contrarias después de catorce o quince toques, eso es arquitectura. El baile del “diez” con tres defensas encima y con “caño” incluido, eso es danza. Los canticos de 10 mil en la tribuna es la más bella pieza musical. El lance del portero sobre la horquilla del arco para mandar el balón a tiro de esquina, es la mejor de las pinturas. La “mano de D10S” en el Argentina-Inglaterra del 86’, justo después de la guerra de Las Malvinas, ¡eso es cinematografía! En fin… ¿Qué es un partido? Sino una historia que ocurre durante un tiempo determinado y como en la literatura, esta historia puede ser buena o mala.

De acuerdo con Villoro, el fútbol va más allá de ser un simple deporte; es la forma mejor repartida de la pasión en el mundo y nos cautiva porque es simple tanto en su reglamentación como en su infraestructura y equipamiento; “para jugarlo sólo se necesita de un par de suéteres como portería y algún objeto que haga de balón”. El fútbol nos llena porque probablemente repara alguno de nuestros anhelos, cumple alguna de nuestras ilusiones y compromete nuestra imaginación.

“El fútbol sucede en dos tiempos, en el campo y en la mente del espectador”. Ineludiblemente el juego es una escuela de resignación que corre al parejo de la vida y no se puede detener; “es la pasión del 0-0, la pasión del no partido, del no resultado que es inimaginable en otros deportes”.
Es el único fenómeno social que va contra la evolución de la especie, que recupera la parte reptiliana de nuestro cerebro, es aquí donde las antorchas y los gritos de guerra nos regresan a lo primitivo, a la salvaguarda de nuestra tribu. Llenamos los estadios, suspendemos nuestras conversaciones y a veces hasta nuestros matrimonios, vuelve a jugar la parte cancelada de la civilización y el pie obtiene su venganza ante la mano.

Es un fenómeno social unificador e incluyente; no por nada la Federación Internacional del Fútbol Asociación (FIFA) tiene más países asociados que las Naciones Unidas. En lo individual, el fútbol puede cambiar carácter de las personas a niveles extraordinarios; de repente el prudente y reservado se pinta la cara y le mienta la madre a cuantos árbitros y rivales tenga delante de sí, y el despistado conoce de memoria la ficha técnica de Berbatov, Arshavin y Pavlichenko.

Entre otras cosas, el autor de “Dios es redondo”, considera que el fútbol es la mejor de las democracias con el peor sistema de jurisprudencia. No importa si son ricos, pobres, gordos, flacos, negros, blancos, amarillos o azules, poco importa si durante la infancia tuvieron polio, sufren de enanismo o tienen una bala incrustada en la cabeza, si nacieron en el Palacio de Buckingham, en una favela o en el barrio bravo de Tepito; el fútbol no sabe de clases sociales y todos pueden jugar.

Es cierto, las vicisitudes del juego no son ningún misterio, todos conocemos la podredumbre que rodea la grama de una cancha: las mafias, los malos manejos, la publicidad en exceso, el uso de drogas, los prejuicios raciales, el oportunismo político, las sumas exorbitantes de dinero, y principalmente la corrupción dentro del gremio, son aspectos que empobrecen la profesión del futbolista y del aficionado, son el fruto podrido que está mandando todo al carajo, la prostitución.

Queda entonces declararnos aficionados de la afición que es la razón de ser del juego, queda entonces impedir que nos roben la infancia porque hemos aprendido que siempre hay tiempo de compensación y nunca se sabe quién se llevará el mejor resultado. Finalmente, los dejo con una reflexión que es más bien un recordatorio del genial Villoro, que nos acompañó a lo largo de este artículo y quien en días pasados dio una cátedra fenomenal sobre fútbol ante nuestras cámaras con estadio a reventar y gol de oro en el último minuto.

“Antes de salir al campo conviene recordar a los a los jugadores de sombra, los que se quedaron en el camino, con los huesos o los nervios rotos, aquejados por las variadas circunstancias con que los días preparan su asedio. Ellos, nunca vistos, fueron tan necesarios como las líneas blancas que separan las letras de los libros”. Amén.



Entrevista a Ángel Cappa: “Yo no puedo jugar bien si no tengo la pelota como tampoco puedo nadar si no hay agua”.



ENTREVISTA A ÁNGEL CAPPA | Su figura esbelta y enjuta aparece por la puerta de una céntrica cafetería de Madrid. Pese a que por sus venas corre sangre argentina, Ángel Cappa (Bahía Blanca, 1946) exhibe una puntualidad más propia del Reino Unido. Es 6 de diciembre y el que fuera uno de los rostros más influyentes del fútbol español en la década de los 90 sigue conservando ese bigote tan característico que acompaña al movimiento de su boca cuando desayuna un café y un par de croissants mientras recuerda, ríe y explica un fútbol que, pese a todo, no deja de apasionarle.
PREGUNTA: Empecemos con una pregunta compleja. ¿Qué es jugar bien al fútbol para Ángel Cappa?
RESPUESTA: La pregunta indica que hay una confusión muy grande. Es lo mismo que si te preguntan qué es ser una buena persona. Quiere decir que el tema está jodido. ¡Ahora no se sabe lo que es ser una buena persona! Antes nadie preguntaba qué era jugar bien: se sabía qué era jugar bien. Pero ahora no, ahora hay que aclararlo. Yo me resisto a explicarlo. Simplemente digo que pongan un vídeo de la Selección española de hace dos o tres años, antes de empezar la lógica transición que están teniendo ahora, y eso es jugar bien. O el Barcelona de cuando estaba Guardiola. Pongan eso y lo verán.
P: ¿Hablamos entonces de juego de posición, ofensivo, de toque?
R: Insisto: yo me resisto a explicar qué es jugar bien. Como también me resisto a explicar qué es ser una buena persona. Recuerdo que una vez, en un congreso de entrenadores, Óscar Tabárez habló antes que yo y dijo que había hecho una encuesta para que la gente definiera qué era jugar bien. Y como la gente no lo sabía explicar, él concluyó que jugar bien era ganar. Yo, que hablé después, dije que había hecho otra encuesta preguntando a la gente qué es una puerta. Y no fue fácil definir qué era una puerta. Entonces, como la gente no se ponía de acuerdo en la definición, yo concluí que no había puertas, que no existían. Con esto quiero decir que hay cosas que uno sabe lo que son aunque no pueda definirlas. Pero si yo digo que abran la puerta, todo el mundo sabe lo que es. Y si yo hablo de jugar bien, todo el mundo sabe igualmente lo que es, aunque cueste definirlo.
P: ¿Cuáles son los conceptos fundamentales en el libreto de Ángel Cappa? Cuando eras entrenador, ¿qué era imprescindible para ti?
R: Lo primero, conocer el juego, saber cómo se juega. A mí, por ejemplo, me gusta mucho el baloncesto, pero no sé de baloncesto. Yo, si me pongo a jugar al baloncesto, no sabría qué hacer porque no conozco el juego. ¡Hay que saber cómo se juega primero! Eso está antes de cualquier táctica. En el juego puedes jugar con tres, con cuatro, puedes hacer lo que quieras, pero lo primero que tienes que saber es cómo se juega. Segundo, lo más importante de este juego sigue siendo la pelota, a pesar de ser lo más antiguo. Quiere decir que yo no puedo jugar bien si no tengo la pelota como tampoco puedo nadar bien si no hay agua. Tiene que haber agua como tiene que haber pelota. Después, qué hago para defender. Puedo hacerlo más arriba, puedo hacerlo más atrás… Eso quedará de acuerdo a las posibilidades de mi equipo, pero la pelota es sagrada. Y después está el cómo se tiene la pelota. Una cosa es tener la pelota y otra es saber usarla, porque si yo tengo un millón de euros y me compro un saco de caramelos, pues sigo siendo pobre aunque tenga muchos caramelos. ¿Qué quiere decir esto? ¿Que no hay tener un millón de euros? ¡Sí, hay que tenerlo! Pero hay que saber usarlo, y la pelota también. Número uno: tenerla y después usarla bien. Eso para empezar. Después la historia será como sea.
P: Guardiola, por ejemplo, dice que él odia el ‘tiki-taka’, el tener la pelota por tenerla, que si no hay una intencionalidad no sirve de nada…
R: Claro. Yo he parado muchos entrenamientos porque el jugador se acomoda a la facilidad de dársela a un compañero. Y una cosa es dársela a un compañero y otra cosa es dársela a un compañero por ser perezoso. Yo he parado entrenamientos diciendo: “Bueno, a ver, ¿para qué estamos teniendo la pelota?”. ¿Para nada? Eso no sirve, tenemos la pelota para fabricar un espacio, porque hay mucha gente que habla y dice que en el fútbol moderno no hay espacios. El fútbol consiste en fabricar esos espacios, porque para eso tengo la pelota, para distraer, y entonces tengo que saber que el pase es lo más importante del juego. El pase tiene que ser fuerte. El pase y el control son fundamentales para jugar bien al fútbol, porque si yo se la doy al lateral derecho y la pelota tarda lo suficiente como para que el equipo contrario se rearme, ese pase no sirve para nada. Tiene que ser fuerte, rápido. La pelota tiene que correr más que el jugador. Si el jugador corre más que la pelota, estamos jugando mal.
P: ¿Cómo fue acompañar a Menotti y a Valdano en dos gigantes como son Barça y Real Madrid? ¿Fue fácil desarrollar vuestras ideas en clubes que están siempre tan exigidos por ganar desde el primer momento?
R: En el Barcelona simplemente iba a ver a los rivales y creo que sólo dos o tres veces me metí también en el entrenamiento. Ahí simplemente estaba aprendiendo. Iba al entrenamiento a mirar cómo se entrenaba, pero mi función era observar a los rivales. Con Valdano fui compañero de viaje. Fuimos una dupla. Él no tenía experiencia y yo no tenía nombre. Y, ante la falta de experiencia de él y la falta de nombre mía, hicimos una dupla. Son cosas diferentes una y otra.
P: En el caso del Madrid, entonces, ¿cómo fue esa llegada a un equipo que llevaba cinco años sometido al Barça del ‘Dream Team’ y que estaba tan exigido a ganar? ¿Fue sencillo implantar vuestro estilo?
R: Muy fácil. El estilo parte siempre de los jugadores. Hay una idea y hay jugadores. Si tú tienes una idea y no tienes jugadores, no puedes ganar un campeonato. Y si tú tienes jugadores y no tienes una idea, como le pasa al Real Madrid desde hace bastante tiempo, sí puedes ganar. Porque los jugadores son los protagonistas principales. En el Madrid nosotros teníamos jugadores y teníamos una idea, así que fue fácil. La clave está en hacer un funcionamiento acorde a lo que uno quiere hacer, porque tiene que haber un orden. Pero como en la sociedad, hay un orden para reprimir o hay un orden para despertar. Somos once y tiene que haber un orden. ¿Para qué? Para jugar, y hay órdenes que se hacen para no jugar, para impedir que el rival juegue. Nosotros hicimos un orden para jugar. Como había jugadores apropiados no fue nada difícil.
P: ¿No os encontrasteis un equipo deprimido ni acomplejado?
R: No, para nada. Esto es igual que si tienes a un pájaro mucho tiempo en una jaula. Cuando abres esa jaula el pájaro está feliz, sale y va para un lado o para el otro. Cuando a un jugador le incitas a jugar, dicho jugador está feliz. Salvo aquél que no tiene alas. Si no tiene alas y le dices que vuele, el tipo se pone mal, le amargas la vida. Pero si tiene alas no hay ningún problema.
P: ¿Cómo es trabajar con un hombre con una personalidad tan marcada y con un aura de divinidad como es Menotti?
R: Menotti es mi amigo, mi amigo íntimo. Lo de la divinidad y todas esas historias son una cuestión periodística, pero no es real. Menotti es un señor de barrio que a través del fútbol llegó a ser popular. Además, yo con Menotti aprendí, tuve la suerte de dar con alguien como él con el que siempre estaba aprendiendo. Y sigo todavía aprendiendo.
P: A Menotti también le acompañaste en el Mundial de 1982. ¿Qué aprendiste allí?
R: Aprendí de los rivales. Por suerte, me tocó enfrentarme a Brasil y disfruté como un loco. Ese equipo de Brasil era una maravilla. El Brasil de Telê Santana. Con Toninho Cerezo, Sócrates, Zico y Falcão. Era hermoso y un placer verles. De delantero tenían a Éder porque Careca se lesionó.
P: Del Menotti entrenador, ¿qué es lo que destacarías con más profundidad?
R: Su capacidad y su velocidad de análisis. Tiene una capacidad enorme de analizar a un equipo o a un jugador tácticamente de manera inmediata. La claridad que tiene en los descansos para transmitir al jugador, lo que vio y cómo corregir o afirmar lo que está haciendo. Su permanente investigación acerca de lo que es este juego y lo que significa. Para mí, Menotti, junto con Rinus Michels, son los dos entrenadores más importantes en la historia reciente del fútbol. Rinus Michels por la táctica y la búsqueda de los espacios y Menotti por los conceptos. Es como si hubiera puesto al fútbol en una camilla y hubiera hecho los que estudian medicina, empezar a ver sus partes a través de una disección.
P: ¿Crees que la figura de Valdano como entrenador está infravalorada?
R: Valdano no fue entrenador nunca. No tuvo vocación de entrenador. Fue entrenador, pero quiero decir que no se sintió nunca entrenador. Él mismo lo dijo, por eso me animo a decirlo ahora. Valdano es un tipo muy inteligente. Tiene una inteligencia superior a la media y es capaz de adaptarse a cualquier oficio dentro del fútbol, pero para ser entrenador no alcanza con ser inteligente o conocer el fútbol: hay que tener vocación y esa característica él no la tuvo nunca. Por eso él nunca se sintió entrenador. En cuanto pudo lo dejó.
P: ¿Se puede decir, entonces, que eras tú más entrenador él? ¿Que tomabas más decisiones?
R: No, no, estábamos los dos. Éramos los dos los entrenadores. Yo digo que él era muy inteligente, capaz de hacer eso y de hacer otras cosas. Fue un jugador importantísimo siendo un delantero muy limitado en sus comienzos. A partir de la inteligencia fue progresando como jugador y terminó siendo uno de los goleadores más importantes de la Selección argentina, fue campeón del Mundo y fichó por el Real Madrid.
P: Y marcó en la final del Azteca…
R: Claro, y eso lo hizo porque es una persona muy inteligente. También cuando trabajó de entrenador él se adaptó gracias a su inteligencia, pero no por vocación. Él no tenía esa vocación, no le gustaba o no disfrutaba de entrenar y de todo ese tipo de cosas que significan ‘meterse en el barro’. Cualquier idiota te dice cosas si pierdes y todo eso a él le molestaba mucho porque no tenía esa vocación. Eso sí, entre los dos lo pasábamos muy bien y disfrutábamos mucho.
P: ¿Tanto en Tenerife como en Madrid?
R: Tanto en Tenerife como en Madrid, sí. Disfrutábamos muchísimo, nos reíamos mucho.
P: Tus detractores dicen que nunca has sido capaz de ganar nada a pesar de que estuviste a punto de salir campeón con Huracán. ¿Duele que no se mire más allá del resultado?
R: Yo no puedo contestar a los detractores. Por ejemplo, por más que Manuela Carmena haga, Esperanza Aguirre va a decir que está mal. Y Carmena no trata de satisfacer a Esperanza Aguirre. A mí los detractores me dan igual lo que digan, son problemas que los vas a tener siempre. Por lo tanto no les contesto nunca.
P: ¿Y en cuanto a ese resultadismo que tanto impera en el fútbol de hoy?
R: Mira, sí he ganado cosas como entrenador. Pero, como todos los entrenadores, cuando uno tiene una trayectoria larga generalmente pierde mucho más de lo que gana. Bielsa dijo que los entrenadores somos administradores de la derrota, y es verdad. Bielsa ha perdido mucho más de lo que ganó. Bilardo ha perdido muchísimo más de lo que ganó y, sin embargo, está considerado como un ganador. Son cosas que no se pueden modificar. El otro día Diego Latorre dijo algo que ya sabía: Menotti en su vida ganó seis títulos y Bilardo dos, pero Bilardo está considerado un ganador y Menotti no. Y eso no se modifica de ninguna manera. Está así y punto. A los que somos ‘menottistas’ no nos interesa quién la tiene más larga, nos gusta el ‘menottismo’, y a los que son ‘bilardistas’ les pasa exactamente lo mismo, es decir, les gusta el ‘bilardismo’. Ahora, hay una cosa que sí que es verdad: cuando los resultadistas pierden se aferran al merecimiento.
Durante el Mundial de Italia, cuando a Brasil la elimina Argentina con el gol de Caniggia, Sebastião Lazaroni, que era el entrenador brasileño, decía en la conferencia de prensa algo así como que ‘No me vengan con mala cara, que acá ganamos tantos partidos, en tantos minutos’. Pero perdió con Argentina, mereciendo ganar. Entonces dijo que, efectivamente, habían merecido ganar. Y tenía razón. Pero él, que se aferraba solamente al marcador, resulta que entonces se aferró a los merecimientos. Como dijo Kipling, el triunfo y la derrota son dos impostores. Tú tienes que hacer lo que tienes que hacer, defender lo que tienes que defender y a veces ganar y a veces perder. Con mi manera de ver el fútbol unas veces me fue bien y otras me fue mal. Y tenía el mismo discurso, la misma manera, el mismo diálogo. Porque finalmente es un juego y nadie te garantiza el triunfo como tampoco la derrota. Cuando el Atlético de Madrid perdió con el Real Madrid la Copa de Europa de Lisboa Simeone dijo: “Hoy aprendí que no todo es ganar”. Después se olvidó, ya que cuando perdió la segunda dijo que “ser segundo no sirve para nada”. Lo importante es en qué momento dijo eso, porque tenía razón. Se abonó por un ratito a esa manera de entender, no solamente el fútbol, sino también la vida.
Me voy a referir a una relación con una mujer. Tú eres el mismo y, sin embargo, te va mal con una y te va bien con la otra. Y en el fútbol también. A mí me interesa el resultado, ojo. Claro que me gusta ganar. Sin embargo, con Huracán nos roban el último partido, en el cual perdimos alevosamente, en un fútbol tramposo y corrupto como es el fútbol argentino. Los detractores dicen que no gané nada, pero no tienen razón. Aunque hubiéramos perdido bien, legalmente, disfrutamos durante muchos partidos porque jugábamos bien y porque la gente estaba feliz. El último momento no es solamente el que define todo, el ‘mientras tanto’ también vale. Como en la vida, ¿no? No vas a estar esperando a jubilarte, sino que cada día es un día hermoso para disfrutar. En el fútbol es igual. Muchos periodistas me han dicho que es mejor ganar que perder. Me acuerdo de una vez que le ganamos a San Lorenzoestando yo en Huracán. Ganamos el Clásico 1-0. Yo dije que estaba contento por el triunfo, pero que no me había gustado cómo habíamos jugado. Y entonces un periodista me dijo: “Ah, ¿pero a usted también le gusta ganar?”. Claro que me gusta ganar. ¿Qué quieres? ¿Que me guste perder? Ahora, ¿qué es lo que tengo que hacer para ganar? ¿Tirar la pelota a la tribuna? Entonces no. No solamente lo digo yo, y los ‘menottistas’. También lo dijo en su día Xavi Hernández“A mí me duele más fallar un pase que fallar un gol”, queriendo decir que le da más valor al juego que al resultado. E Iniesta piensa exactamente igual. No es que lo diga yo, que soy un perdedor, un romántico, sino que también lo dicen estos tipos que ganaron más de lo que perdieron.
P: ¿Qué es lo que pasa para que un día te canses de entrenar?
R: Tener muchos años, y eso es algo inevitable en la vida. Ya no tengo el entusiasmo ni la voluntad que hay que tener para ejercer una tarea tan complicada como ésta. Hay que tener mucho entusiasmo para superar las piedras en el camino. La vida te va marcando y el tiempo es implacable y no se detiene. Es jodido admitirlo, pero es así. Los años pesan.
P: ¿Quién ha sido la figura que más te ha marcado como técnico?
R: Menotti. Pero antes de Menotti hubo muchos jugadores que jugaban bien. El club de mi barrio, que estaba en Primera división, el Bahía Blanca, tenía muchos jugadores que jugaban bien. El Huracán del 73 que dirigía Menotti…Yo siempre admiraba a los grandes jugadores, a los buenos, y lo que me propuse siendo entrenador fue ser fiel a eso, a esa gente que me emocionó de niño y que me enseñó. A veces gané, a veces perdí, pero nunca fui infiel a ese propósito, y eso me deja tranquilo. Aun en los momentos más difíciles, en los que me he jugado el puesto, nunca he dejado de ser fiel a eso. Y me ha costado alguna vez el puesto, pero mi tranquilidad es haber sido fiel a todo eso.
P: Hablando de futbolistas, ¿tuviste algún ídolo cuando eras jugador?
R: Sí, cuando era niño. Ernesto Grillo, que jugaba en una delantera mítica de Argentina: Micheli, Cecconato, Lacasia, Grillo y Cruz. Jugaban en Independiente y nunca fueron campeones, pero fueron una delantera mítica, de las muchas que hubo. Grillo fue el primero que le hizo un gol a los ingleses, en el ‘Día del Fútbol’, en el año 1953. Inglaterra jugaba en Buenos Aires, Grillo empató —Argentina perdía 0-1— y después se ganaría por 3-1. Yo ponía un póster de Grillo en el ropero, abría la puerta, levantaba un poquito la persiana y me dormía mirando a él. Después trabaje con él en la cantera de Boca. Yo hablé con él mucho. Bueno, le pregunté. Nunca le discutía, me daba vergüenza.
P: ¿Y el mejor jugador al que hayas entrenado?
R: Hay muchos. No sabría quedarme con uno, es imposible. Citaría a Redondo, Diego Latorre, ‘Matute’ Morales, Fernando Hierro, Sanchís, Raúl, Pastore, Capria… Muchísimos. Todos me enseñaron.
P: Es lógico pensar que el Cappa entrenador se va forjando en su carrera en Olimpo. ¿A quién se parecía ese volante central?
R: Voy a contestar como le contesté a un jugador que me preguntó. Siempre me preguntaban cómo jugaba y yo decía que muy bien. Era un jugador que tenía limitaciones técnicas en cuanto a la pegada de la pelota. Yo manejaba más o menos bien la pelota, era un buen jugador desde mi punto de vista, en cuanto al nivel en el que jugaba. Estaba en la selección de Bahía Blanca y era un buen jugador para ese nivel. Cuando venían equipos de Buenos Aires, de media tabla, jugaba a ese nivel. Pero llegaban Boca o River me daba cuenta de que a ese nivel no llegaba. Me daba cuenta jugando. Pero yo siempre contesto: “¿Viste jugar a Redondo? Pues nada que ver” (risas).


 


martes, 27 de noviembre de 2018


Quique Setién : Conceptos futbolísticos y modelo de juego

 El que haya visto jugar al Lugo, tendrá claro que detrás de ese juego vistoso hay una clara propuesta futbolística y un trabajo que ayuda a expresar dicha propuesta.
En futbolofensivo hemos querido recoger la charla que tuvo lugar en el congreso de entrenadores de Coruña,en donde Quique expuso su visión sobre el fútbol y todo aquello que le llevó a intentar reflejar el modelo de juego que hoy lleva a la práctica en el Lugo.

Conceptos futbolísticos
Johan Cruyff ha sido el espejo de mi idea futbolística,cuando yo los veía mantener el balón con el mínimo esfuerzo, lo veias pasar cerca de ti y sin embargo te hacian creer que estaba lejos porque era imposible de recuperar.

Creo en sentir y comprender como un futbolista. No hace falta estar en un plano diferente siempre que expliques claramente en que situación está cada uno. El futuro del entrenador está en manos de sus jugadores y es mejor estar cerca de ellos y saber lo que piensan que estar alejado.

Tengo que hacerles creer para que caminemos juntos en el camino porque yo como jugador tuve que hacer muchas cosas en las que no creía y mi rendimiento era muy,muy bajo.
Hay acciones que el futbolista no es capaz de percibir dentro del terreno de juego, cuando se la explicas con imágenes, cambia totalmente su percepción, hay que preguntarles qué les parece y si ven una manera diferente de solventarla.

Lo importante de verdad es que el futbolista sepa que tiene que hacer en cada momento y entienda el juego.
Lo primero que debe percibir el jugador es que el que tiene en frente está convencido de lo que pretende hacer. Cuando lo aceptan es más fácil y cuando lo comprenden todavía mucho más. El jugador debe comprender, entender porque le pides que haga las cosas que tiene que hacer.
Todo el mundo tiene libertad para equivocarse pero tiene la responsabilidad de saber que tiene unas obligaciones y el equipo un orden que se debe mantener para poder hacer lo que pretendemos en nuestro modelo de juego.

Cada jugador tiene unas obligaciones impuestas en función de su puestos sobre cómo se debe desenvolver en el campo que ha de cumplir.
Todos los partidos que jugamos los analizo con máximo detenimiento para ver en que hemos fallado y después se lo muestro a los jugadores para que lo vean y lo discutamos hablando ellos y yo aportando nuestras opiniones al respecto de cómo podemos solucionarlas.

La situación ideal para mi es tener al equipo contrario metido en su área, defendiendo en su portería y alejándolo de la nuestra. Es cierto que esto a veces facilita las contras, pero creo que las menos en comparación a si tuviéramos que estar defendiendo permanentemente. Jugar de la forma en la que lo hacemos nos cuesta muchos menos perjuicios de lo que la gente se cree, no corremos tantos riesgos como pueda parecer.
Hemos conseguido que jugadores vinieran a jugar con nosotros cobrando menos que en otros lugares por la propuesta futbolística que tenemos que los atrajo.
El defender esta idea ha sido posible por el apoyo total del club, sobre todo que crean en tus ideas, aún perdiendo.
Modelo de juego
El modelo de juego que expone Quique Setién es un modelo combinativo que trata de expresar un gusto por el balón y que trata de desarrollar las tres fases del modelo: 1) fase inicial 2)fase creativa 3) fase de finalización.
Sin balón trata de desarrollar el pressing tras pérdida y mejorar las situaciones de atención-concentración del futbolista.
Pasamos a exponer las funciones por puestos:
Portero : Ha de ser uno más en la concepción del juego, decidir y los errores que se produzcan de esa lectura, tiene que cargar el entrenador con ellos para que así el portero gane en confianza.
Laterales: Su situación variará en función de la presión de los rivales, dando siempre amplitud buscando líneas de pase.
Centrales : Estar siempre ordenados en disposición de poder jugar.
Salir conduciendo por un lado u otro va a reconducir lo que pase después.
Mediocentros: Uno de ellos debe ser consciente si se coloca delante o detrás de los centrales, según necesite la salida del juego, el otro medio centro debe manifestar progresión en el juego y ser el enlace con la línea contigua.
Media punta: Aporta creatividad al juego, tiene libertad para aportar en la búsqueda de mejores soluciones para conseguir ocasiones de gol.
Bandas: Siempre parten de posiciones muy arriba para luego venir a recibir, a partir de ahí, deciden ellos.
Punta: Arriba, intentando ser el último eslabón de la cadena que desarrolla el modelo y siempre pendiente de establecer progresión en zona de finalización, tratando de rematar todo aquello que llega.
“De jugador nunca tuve el deseo de ser entrenador; es un puesto muy complicado. Muchos de los entrenadores que tuve no me enseñaron nada y no guardo un buen recuerdo de ellos. De otros sí que aprendí. No sabía si me iba a satisfacer de lleno ser entrenador”.
“Tener a Luis Aragonés de entrenador me hizo ver lo que yo ahora trato de hacer ver a otros jugadores: que no se tienen que conformar”.
“Eso de que yo juego en función de los jugadores que tengo no lo lleva a cabo ningún entrenador. Los equipos juegan como quieren sus entrenadores. Transformas a los futbolistas para que hagan lo que tú quieres, no lo que ellos sienten”.
“A muchos futbolistas les digo que corren demasiado, que van a todos lados. Deben correr con más inteligencia, entendiendo los espacios”
“Es importante hacer circular rápido el balón, pero también es importante saber retenerlo para atraer rivales y generar espacios en otras zonas”
“No hay mayor satisfacción para mí que venga un colega y me diga, cuando me da la mano, que da gusto vernos jugar”



Pep Guardiola
Por David Lagar | 2 octubre, 2018

Pep Guardiola, el entrenador del que quizás haya sido el mejor equipo de la historia, el F.C. Barcelona. Inspirándose en Cruyf, Lavolpe, o Lillo entre otros ha conseguido reinventar el fútbol, actualizando y perfeccionando los aprendizajes extraídos de estos. Escuchar o leer sus palabras sobre fútbol es cultivarse. 


Por ese motivo hemos decidido hacen una recopilación de sus mejores frases junto con la interesante charla que mantuvo con Jorge Valdano en el programa de televisión de este.

  1. Sobre táctica:
    • “La táctica es, estos defienden de esta manera el espacio estará aquí… La táctica es esto, qué hacen ellos y a partir de ahí adaptar las cualidades de los jugadores“.
    •  
    • “El fútbol le pertenece a los futbolistas, nunca debemos olvidarlo”.

    • “Yo solo busco dotar a mis jugadores de unos principios de juego que reduzcan los riesgos al mínimo y potencien sus virtudes al máximo”.

    • Si no hay una secuencia de quince pases previos es imposible realizar bien la transición entre ataque y defensa, imposible“.

    • “Solo quiero que avancen juntos unos metros al principio para que, si perdemos el balón, no nos pillen separados.

    • “La intención no es mover el balón, es mover al oponente”.

    • “Es que yo odio eso de pasarse el balón porque sí, eso del tiquitaca. Eso es una porquería que no sirve para nada. Hay que pasarse el balón con una intención, con la intención de hacer gol en la portería rival”.

    • “La táctica depende de la calidad de los jugadores. Cuando tenemos a Xavi, Iniesta, Busquets, Messi y Fábregas, es normal jugar por el centro. Cuando tenemos a Sané, Sterling y De Bruyne, jugadores que atacan más los espacios, jugamos de forma diferente”.

    • A veces fichamos jugadores y les estamos limitando su creatividad porque todo es: desde el punto de partida y a partir de ahí… a veces la forma de jugar les condiciona“.

    • “Metí a los laterales a zonas interiores para tener más extrapases y además nos generaba en las pérdidas transiciones más efectivas por dentro”.

  2. Sobre la preparación física:
    • “Al principio les (jugadores del Bayern de Múnich) sorprendió que no hiciéramos series de carreras de 1km… De hecho sin balón no hacemos nada, solo algunas recuperaciones y algún trabajo específico para ajustar a algún jugador”.

  3. Sobre la dirección de equipo:
    • “Si dudas no le hables (a los jugadores), vete a casa, y mañana ya veremos. Cuando les hables es porque lo tienes claro… porque los jugadores cuando te ven débil no perdonan”.

    • “Necesito abrazar a mis jugadores y explicarles, necesito convencerles, no hay cosa más maravillosa que intentar meterles tus ideas en las cabezas a tus jugadores”

    • “Perdonaré a los jugadores que no acierten, pero nunca les perdonaré que no se esfuercen”.

    • “Cuando ya no puedes motivar a tus jugadores como entrenador es cuando sabes que ha llegado el momento de marcharte”.

  4. Sobre la convicción:
    • “En el proceso hay muchas dudas, lo único que vale la pena es la convicción de tener una idea clara”.



Paco Jémez
Por David Lagar | 24 noviembre, 2014

Paco Jémez, uno de los entrenadores del momento, actualmente dirige al Rayo Vallecano F.C. con el que ha cosechado dos permanencias en Primera División siendo una de ellas la mejor clasificación en la historia del club quedando en 8ª posición con 53 puntos, siendo la mejor temporada (tanto en puntos como en clasificación). De ellas podemos aprender mucho.

 He aquí algunos ejemplos:
Dicen que hemos tenido el 74% de la posesión y la posesión no vale ni para tomar por el culo si cada vez que llegan nos meten“.
“Somos los más pequeños de la categoría, los más mierdas de la categoría somos nosotros. Cuando sepamos eso podemos competir con cualquiera”.
Hay jugadores que te fuerzan a demostrar quién la tiene más grande y aquí el que más grande la tiene soy yo“.
“La cuestión es cuánto eres capaz de arriesgar para llevar tus ideas adelante cuando vienen duras”.
Para sacar el balón jugado hace falta un adiestramiento y un convencimiento… ‘¿Pero y si fallo el pase?’ ‘Ese es un riesgo que tenemos que correr. Los partidos se pierden de cualquier manera. Es más: se pierden más regalando balones con pelotazos largos que perdiéndolos por un pase mal dado. Porque si tú miras el cómputo general del año los goles que nos hacen por errores nuestros en la salida del balón no son ni el 5% de los goles que recibimos. Cometemos unos siete errores en el año y nos cuestan tres o cuatro goles. No es una cantidad como para que nos planteemos que esto nos está llevando a la ruina“.
La peor decisión es no tomar ninguna decisión. Si tú te quedas parado no vas a acertar nunca. Tú muévete. Es posible que te equivoques, pero ya has hecho algo por buscar una solución. Odio a los jugadores que se paran“.
“Habitualmente se piensa que la línea defensiva tiene que moverse en virtud de lo que hagan los delanteros… Si nuestra línea defensiva se queda por detrás de los delanteros rivales jugamos 11 contra 11. Pero en el momento que la línea se pone por delante, sus tres delanteros ya no juegan porque se quedan en fuera de juego: entonces somos 11 contra 8. No es tanto tirar el fuera de juego (nosotros no tiramos el fuera de juego) sino ocupar una situación ventajosa antes de que se produzca el pase largo del rival. Conque los zagueros den cuatro o cinco pasos los delanteros rivales ya no pueden jugar. Pero tienen que ser cuatro pasos rápidos. Si lo haces lento habilitas al rival“.
Siempre manda el central que más cerca está del peligro, porque el resto, por la orientación, lo ven tanto a él como al balón… Si él da dos pasos no tiene ni que avisar. El resto debe seguirlo. La clave es la atención y la perspectiva: el primer central no se va a colocar en función de los otros porque no los ve”.
El mejor es el que se desordena y es capaz de ordenarse para que el contrario no aproveche ese desorden. Porque si todo es orden, orden, orden… ¿Cómo sorprendemos? Con el talento individual, vale. Pero tu capacidad como equipo se ve mermada.
Buscamos que nuestros desórdenes se produzcan en las zonas más alejadas del balónPor eso metemos mucha gente en la zona activa del balón con mucha presión para que el contrario no pueda salir a donde nos haría más daño. Esa presión juntándonos en 20-25 metros hace que nos ordenemos hacia el balón y nos desordenemos por fuera, y que tengamos que estar reajustando continuamente. Si veo que un compañero va a hacer una ayuda y ha generado un desorden en nuestro sistema tengo que ir a taparlo.  Al final los jugadores lo hacen por intuición Yo soy un enamorado del desorden pero siempre que vaya acompañado de un orden. Porque si te desordenas y luego no te ordenas te acaban destrozando“.
“Los movimientos de adelante hacia atrás me gustan menos que los de atrás adelante. Porque un paso atrás tuyo es un paso adelante del contrario. Me encantan los jugadores que juegan de atrás adelante. No me gusta la gente que a las primeras de cambio sienten temor. He visto grandes jugadores convertidos en mediocres por el miedo”.
Queremos que el contrario sea reactivo, no activo. Prefiero que nos esperen antes que tener que verlos venir. El lateral no tiene que preocuparse del desorden que crea. De eso tiene que preocuparse la gente que tiene por detrás. Yo nunca le he dicho a un lateral que suba y que esté pensando en defender: ‘Si tú estás atacando ataca, y ataca lo mejor que puedas… Si pierdes el balón ya nos habremos organizado en función tuya”.
Hay un tópico que dice que ningún equipo puede estar presionando los 90 minutos. Es mentira El tema es hacerlo con ayudas y que al final esas carreras sean cortas. Lo que no aguanta un equipo son 90 minutos yendo y viniendo pegándose carreras de 60-70 metros. Nosotros perdemos el balón y tardamos una media de 5,4 segundos en recuperarlo. ¿Acaso no se pueden hacer esfuerzos de cinco segundos? Lo que ocurre es que si coges el balón y lo pierdes inmediatamente te cansas… Contra equipos grandes te cuesta más. Pero al final todos los años somos el tercero o cuarto equipo con más posesión de Europa”.
Si no eres capaz de convencer a tus jugadores tienes dos opciones: o cambias de sistema o presentas tu dimisión. Lo que no se puede hacer es que presionen ocho por un lado y dos por el otro. Ante eso, lo más sensato es replegarte y esperar atrás, que es lo que hacen otros equipos”.




Marcelo Bielsa
Por David Lagar | 22 octubre, 2017

Marcelo Bielsa, el maestro de los maestros, aquel al que todos los entrenadores brindan su respeto y admiración. Su pasión por lo ofensivo y lo analítico le lleva a analizar el fútbol hasta el más mínimo de los detalles. De él aprendimos los cinco tipos de desmarques que hay (https://goo.gl/198Cjo) o cómo se debe defender una pared (https://goo.gl/HBMWGz), cada palabra suya es elocuente y merece ser tomada en cuenta.

 He aquí sus mejores frases:
  1. Sobre la dificultad de fichar o describir el talento en aquellos jugadores que no sobresalen en demasía: “Pep, a los buenos jugadores los vemos vos, yo y la mayoría de la gente. Pasa lo mismo con los jugadores malos. El mérito está en advertir y saber que el jugador normal va a ser bueno.
  2. Sobre el papel fundamental del entrenador:
    • “Un buen entrenador debe acercar a sus jugadores a su máximo potencial, o descubrirlo. Esa es su principal función”
    • “Un entrenador no es mejor por sus resultados ni por su estilo, modelo o identidad. Lo que tiene valor es la hondura del proyecto, los argumentos que lo sostienen, el desarrollo de la idea.”
    • Las operaciones y los cambios se hacen en la victoria, no en la derrota. La adversidad es el momento de la observación de las cosas”.
  3. Sobre su estilo de juego:
    • “La única manera de la que entiendo el fútbol es la de la presión constante, jugar en campo rival y el dominio de la pelota”.
    • “Lo importante no son los porcentajes de posesión, lo importante es la cantidad de llegadas que usted obtiene”.
    • “Todo el mundo defiende espacios cortos y ataca espacios grandes. En cambio, yo quiero atacar espacios pequeños y defender espacios grandes”.
  4. Sobre la fase ofensiva:
    • Hablando sobre el pase: “Sin riesgo a la interceptación no hay eliminación de rivales”.
    • Cuanto más cerca esté el rival de uno, ese es el mensaje de que la pelota hay que recibirla por detrás de él. Cuando el rival esté viniendo hacia a mí, busco la espalda”.
    • “Para desmarcarse hay que hacer un movimiento previo para llevar al defensa a un lugar desde a donde a él le resulte más incómodo ir hacia donde yo ya decidí que voy a ir”.
  5. Sobre la fase defensiva:  
    • “¿Sabe cuál es mi lectura? Hasta me da vergüenza decirla: es que defendemos con demasiada gente. Porque siempre, siempre, en todas las situaciones de gol hay más jugadores nuestros que del rival. Este tema de defender con más gente y volver más hermético el sistema defensivo no se soluciona agregando más jugadores. La cantidad de gente con la que defendemos es altísima, y la solución no pasa por lograr que se defienda mejor poniendo más jugadores”.
    • No se puede presionar si cerca del lugar de presión hay un hombre libre del rival porque seguro la pelota le va a llegar al hombre libre. Por eso hay que tener igualdad numérica y respaldo en el sector de la presión”.
  6. Sobre la filosofía de la cantera y formación:
    • “Dicen que todos los equipos del club tienen que jugar con el mismo esquema. Mi opinión es que todos los equipos del fútbol formativo tienen que jugar un año con cada esquema y su derivación”.
    • “Se escucha mucho la pregunta ganar o jugar bien. Creo que debería ser una afirmación: jugar bien para ganar, y no una interrogación entre dos opciones.”
    • “Para saber que hay que enseñar hay que ver que contiene el juego, porque lo único que hay que enseñar es lo que el juego contiene” .
    • “Las mejorares condiciones de elección del pase se dan desde el puesto de central”.
    • “El ejercicio hay que vivirlo, no actuarlo, cuando el ejercicio se actúa, este no sirve”.
    • “Los tiempos en el fútbol (el timming del desmarque) no son tiempos anárquicos, son tiempos que se pueden aprender”.
  7. Sobre el éxito y el fracaso:
    • “Si uno intenta y falla, merece el reclamo, pero mucho más reprochable es la no acción”.
    • “Soy un especialista en fracasos y sé perfectamente que las adhesiones se pierden cuando se acaba el éxito. Hay gente exitosa que no es feliz, y gente feliz que no necesita del éxito. El éxito es una excepción y no un continuo”.
    • “Cuando mi equipo gana, y gana con regularidad, no reviso mucho las opiniones que giran alrededor de él. Lo puedo hacer por vanidad porque hablan bien, por hobby porque me sobra tiempo, pero no lo necesito. Pero cuando mi equipo pierde, sí lo necesito. Porque en la adversidad, los mensajes que surgen del alrededor convergen al primer equipo, a los intérpretes” .


lunes, 12 de noviembre de 2018


EL ENTRENADOR Y LA GESTIÓN DE RESULTADOS.
/Conceptuando. /opinión.

Sobre la influencia del entrenador en los éxitos o fracasos de sus equipos  podríamos decir que depende. Es quién debe tener claridad para descubrir en que sector de la cancha resulta más eficaz un jugador, por ejemplo. Y ensamblar esas características a una idea colectiva de juego. Él será quién defina las estrategias y tácticas. En definitiva es un organizador. Si se equivoca, el conjunto se verá en circunstancias complicadas. Debe ser el entrenador un gran complemento para las ideas, capacidades, de sus jugadores, es vital eso. Un buen entrenador debe convertir a sus jugadores en lo más importante del juego, a través de su talento, su creatividad, su motivación, su carácter, personalidad, su clase,  su manera de transmitir lo que se necesita.

Dice Angel  Cappa que se puede ganar un partido de varias maneras. Inclusive de casualidad, pero hay una sola forma de  jugar bien. No hay alternativa, se juega bien o se juega mal., aunque de vez en cuando la suerte influye perjudicando o protegiendo a un equipo.

Lo primero que define la calidad de un equipo es su relación con la pelota. Innegociable. Paciencia, control y pases precisos, combinaciones rápidas para mover al adversario, amplitud en juego por bandas que permita utilizar con ventaja los carriles interiores, defender bien para atacar mejor, o atacar bien para defender mejor pero siempre que vayan unidas en ese accionar de conexiones, interacciones, que exige un inteligente juego colectivo.

Un entrenador tiene su idea de juego. Pero debe adaptarla no solo a las características de sus jugadores sino a su saber hacer. Eso es clave. Dar en la tecla, como bien dice Guardiola. A partir de ahí va llevando progresivamente a sus jugadores, construyendo y reconstruyendo siempre, aprovechando cada entrenamiento, cada juego, cada triunfo o derrota, gestionando con inteligencia, coherencia ese orden y caos que se alternan durante todos los momentos del partido.

El jugador de fútbol debe convencerse razonando. No obedeciendo. Jugar, actuar, sin sentido a lo que se hace en la semana previa al partido es nefasto. El jugador debe concientizarse de que cada que entre a un entrenamiento o juegue un partido, al finalizar éste debe salir mejorado. La autoexigencia será un factor clave para ir en la búsqueda de esa excelencia, que será imposible de alcanzarla, pero le obliga a avanzar, crecer, mejorar.

Primero están las ideas, después los jugadores y sus características y luego el modelo de juego y su continua evolución. El entrenador ver-observar-comprender- todas las situaciones que se van viviendo e ir adaptándolas.

El juego y su intratable dinámica impensada, muchas veces no gana quién tiene las mejores cartas, sino quién juega mejor con las que ya tiene. En la vida, en el fútbol, y su maravilloso juego, no existe una verdad única que sea igual para todos. Hay que distinguir lo diferente. Apreciar lo similar. Cada quién es cada cual. La incertidumbre y la certeza juegan un papel decisivo en su acertada gestión de cara a los intereses del equipo y los rendimientos.  

“Voy avanzando muchas veces con más dudas que certezas. Sé que la duda es ansiogénica y la certeza es analítica, pero en ese camino, construyendo conocimiento, prefiero convivir con el riesgo de la incertidumbre que con la ilusión de la certeza”.

miércoles, 7 de noviembre de 2018


Perarnau: “Guardiola ha aprendido a matar el dogma”
Para comprender a Guardiola, hay que seguirle los pasos desde muy cerca. Eso es lo que ha hecho Martí Perarnau durante los últimos 3 años. Le entrevistamos
MARCEL BELTRAN04/11/2016.

Camisa blanca, sonrisa de hilo y manos encajadas con ternura, como si estuvieran protegiendo a un pajarillo. A su derecha, un cuadro de colores. A su izquierda, una mesa de madera sobre la que descansan un pilón de folios y dos vasos de agua. Por todos lados, palabras. Martí Perarnau nos atiende en plena promoción del segundo libro que ha escrito sobre Josep Guardiola, La metamorfosis (Editorial Córner). Sabe que le caerán encima muchas preguntas durante las próximas semanas. Lo sabe. Pero aun así estira y estira sus respuestas, dejando que su voz ocupe todo el espacio necesario. 
Tal vez lo hace por cortesía; tal vez porque es consciente que en estos tiempos nombres como el de Pep flotan en el imaginario colectivo envueltos en material explosivo, y no conviene ponérselo fácil a los pirómanos. A lo largo de la conversación, insiste en que el nuevo técnico del Manchester City no se corresponde con la figura que las etiquetas indican. Un poco como él mismo, un poco como Martí Perarnau, piensa el periodista. Un hombre alto que habla bajo. Una mente analítica que dice no saber nada. Un apasionado del deporte que cita a Nietzsche. Un observador silencioso que, durante el día de hoy y los que siguen, es y será el observado.

Saltador olímpico, periodista y escritor sobre fútbol. Estaremos de acuerdo que no es el relato común. ¿Cómo se gesta un cambio así?
No hay ningún plan. Las cosas te llevan al cambio. Yo era atleta, y luego empecé a trabajar como periodista escribiendo de atletismo. Por aquel entonces, mis maestros en la profesión, gente como Alfonso Soteras o Alex Botines, sabían mucho de fútbol, y se encargaron de que yo fuera aprendiendo algunos de sus fundamentos. También es verdad que aquella era una época en la que el trabajo de periodista era más próximo, más cercano a los protagonistas. Yo, por ejemplo, tuve relación con Johan Cruyff desde muy jovencito, porque ese fútbol al que yo me acerqué por primera vez era mucho más abierto, podías estar al lado de los jugadores y de los entrenadores. Así fui aprendiendo. Aunque uno nunca sabe de fútbol, ni de ningún deporte. El conocimiento es algo gradual, y siempre te deja la sensación de que falta mucho por comprender.
Te has apartado de los medios de comunicación en dos ocasiones.
Sí, bueno. Primero los abandoné para dar el salto a otros ámbitos de gestión. Monté mi propia empresa de publicidad, que es de lo que sigo viviendo, y estuve más o menos diez años sin tener ninguna relación con los medios. Después, de la mano de Jordi Basté, volví un poquitín a la radio, más tarde retomé mis colaboraciones con algunos periódicos, y así hasta que hubo un momento en el que parecía que casi volvía a ser periodista. Pero luego vino la propuesta que le hice a Pep de ir el primer año a Múnich y hacer un libro sobre él (Herr Pep), y claro, eso me creó una contradicción, que era conocer las interioridades de un equipo de élite y luego a la salida seguir ejerciendo mi labor en los medios. Me pareció que eso era incompatible, y por eso volví a abandonar el periodismo. Entonces, en esa evolución, descubrí que el mundo del libro era muy interesante y apasionante, y ya voy por el tercero. Pero insisto: no hay ningún plan.
¿Cuándo y cómo conociste a Guardiola?
A Pep lo conocí en 2010, cuando yo estaba trabajando en Senda de campeones, un libro sobre la metodología de trabajo de La Masia. Durante el proceso de documentación para ese proyecto, se me ocurrió que él me podría echar una mano, aportándome algunos datos sobre el tema. Se lo propuse, tuve la suerte de que aceptara y un día tomamos un café durante una hora en el Camp Nou, en la que estuvo contándome su visión sobre la cantera del Barça. Después de eso ya no volví a verle más hasta 2013. Yo estaba buscando un tema para escribir un segundo libro, porque me había gustado la experiencia del primero, y no me salía nada, pero de pronto un día el Bayern anunció que fichaba a Guardiola, y pensé: ‘hombre, pues esta sería una aventura que me gustaría vivir: irme a Alemania, conocer la Bundesliga y ver cómo le va a Guardiola’. Pero yo me imaginaba más bien haciéndolo desde el exterior, como un observador. Al final me decidí a hacerle llegar esa idea, para saber qué le parecía, y al cabo de unos meses recibí la respuesta. Me dijeron que Pep no lo veía mal, y que sí, que me acercara y que ya iríamos viendo. Entonces me fui a Múnich, y de la manera más natural, ocurrió. En otro momento hubiera sido imposible, pero me abrió las puertas y poco a poco, porque esto no fue desde el minuto cero, se fue creando una cierta confianza entre nosotros. Él vio que me podía ir contando cosas y que yo no las soplaría en la calle. Y así es como primero salió Herr Pep y más tarde La metamorfosis.
Imagino que radiografiar a Guardiola en su dimensión de entrenador no es tarea sencilla. Su mente tiene pinta de ser tan interesante como compleja y desbordante. ¿Cómo se acomete un propósito así?
Mira, para empezar, te diría que igual Guardiola no es tan complejo como pensamos. Yo matizaría. En primer lugar, hay una facilidad, y es que su lenguaje es muy llano. La manera que tiene de comunicarse es muy poco sofisticada, lo cual supone una ventaja. La desventaja es que es verdad que Guardiola es un ser desbordante. Más desbordante que complejo, diría yo. Y lo es porque siempre, ante cualquier situación, te plantea variantes a lo que está ocurriendo. Para que nos entendamos. Es como si un jugador de ajedrez, cuando te está explicando la jugada que acaba de hacer, también se pone a contarte todas las variantes de ese movimiento, y no solo eso, sino que además te expone todas las cosas que podría hacer el rival tras esa jugada, con sus propias variantes. Hay mucho movimiento en la cabeza de Pep, y si no estás concentrado, te pierdes. Yo mismo, de hecho, y aunque siempre he intentado prestar mucha atención a sus palabras, a veces me he perdido. Durante estos tres años que he pasado a su lado, lo que he aprendido es que no sé. Y como no sé, he intentado esforzarme mucho para comprender todo lo que me estaba contando. También me ha tranquilizado el hecho de que he visto que hay muchos entrenadores o jugadores, personas del mismo mundo del fútbol, a los que les cuesta seguirle. Eso me ha reconfortado un poco [risas].

“Guardiola no es tan complejo como pensamos. Yo matizaría. Hay una facilidad, y es que su lenguaje es muy llano. La manera que tiene de comunicarse es muy poco sofisticada”

¿Qué te cautiva más? ¿Guardiola como persona y personaje? ¿O Guardiola como uno de los entrenadores más exitosos de nuestro tiempo?
Posiblemente, cuando me fui a Alemania para escribir Herr Pep, mi motivación era que se trataba de unos de los grandes entrenadores de la historia, y yo era consciente de la oportunidad única que tenía al acercarme a él. Esa era la motivación inicial, sí. Pero si esa misma pregunta me la hicieras respecto al segundo libro, entonces cambiaría la respuesta. Mi motivación en el segundo y el tercer año de Pep en Múnich ya no es la aproximación a uno de los grandes entrenadores, sino la aproximación a una persona mucho más llana, sencilla, clara y sincera de lo que las etiquetas indican. Es decir, a medida que vas conviviendo con él, te vas dando cuenta que Pep no tiene un personaje detrás. Y no digo que sea una virtud. Al contrario: creo que eso en muchas ocasiones le ha perjudicado. A veces, cuando uno está tan expuesto al público, posiblemente sea bueno tener ese personaje que te permita proteger tu esfera privada. Pero en su caso esta barrera no existe. Él es transparente, para lo bueno, sí, pero también para lo malo. También para sus defectos es transparente. Se le ven mucho los errores. Fíjate. Cuando en alguna rueda de prensa utiliza una expresión de manera incorrecta, cuando nota que alguna palabra no acaba de reflejar del todo lo que él quiere, se ve muy fácilmente como se pone nervioso.
Es igual en privado que ante los medios. Exactamente igual. E insisto: no tengo nada claro que eso sea una virtud, sobre todo tratándose de un personaje que está sometido a la presión pública. Eso te deja sin protección.
Tu ejemplo, sin duda, constituye una muestra de que ese muro imaginario que separa a los protagonistas del deporte (jugadores, entrenadores) y a los medios de comunicación (periodistas) no tiene por qué estar siempre presente. Pero es la excepción que confirma la regla. ¿Por qué crees que ambos mundos tienden a estar cada vez más alejados? ¿Qué se ha hecho mal?
Para mí la responsabilidad es de los medios de comunicación. Rotundamente. Además, tengo la ligera impresión de que cuanto más se vayan popularizando otros deportes, posiblemente más se irá extendiendo este fenómeno. Yo creo que los medios han empujado al futbolista a blindarse. ¿Cómo? Pues a base de faltarle al respeto. A base de mala educación, de no querer aprender ni comprender cuál es su realidad. A base de utilizar el espectáculo pensando en su propio beneficio. El ejemplo más clásico es el habitual, la típica pelea entre dos jugadores en un entrenamiento. ¡Pero es que no nos damos cuenta que esa es la esencia del deporte! A mí me ocurrió mil veces en el atletismo. Tu entrenador te decía algo, tú intentabas hacer lo que te decía, no te salía, y a partir de ese punto te cabreabas y todo se calentaba. Situaciones de ese tipo las he tenido yo con 18, con 20 y con 25 años con mi entrenador de atletismo de toda la vida. ¡Y todavía hoy le quiero a horrores! Bueno, pues esto mismo que te estoy contando que a mí me pasaba, y que es la esencia y la naturaleza de la progresión deportiva, los medios de comunicación lo han utilizado simplemente para exaltar y encender los instintos más primarios que tenemos los seres humanos. Y entonces ese roce natural lo hemos transformado en ‘Koke ha insultado a Gabi’ o en ‘Cristiano se ha metido con fulanito’. ¿Por qué? Pues porque ha habido un momento en que, no los periodistas sino los que mandan en industria periodística, han creído que esa era la línea a seguir, porque iba a llevar al periódico o a la televisión ‘x’ a un incremento de sus ingresos en un contexto de crisis. ¿Y al final qué se ha conseguido? Pues poner al futbolista o al entrenador contra las cuerdas, y provocar en ellos la reacción tremenda de encerrarse por completo, que también es una reacción negativa, pues acaba repercutiendo en su rendimiento.
Volvamos a los libros. ¿Qué hay en La metamorfosis que no estuviera ya en Herr Pep?
Herr Pep era un proyecto que arrancó con un objetivo relativamente claro: irme a Alemania para ver y contar lo que ocurría con Guardiola y su equipo. Luego la metodología fue cambiando, entre otras cosas porque el acceso que tuve a la información fue infinitamente más extenso de lo que yo había imaginado, pero el fin en sí mismo siguió siendo el mismo. El segundo libro, en cambio, ya no nace con un plan tan programado. Es decir, cuando termino el primero yo no tengo ninguna idea de hacer un segundo libro. De hecho, lo único que ocurre es que no provoca reacciones negativas, ni en el entorno de Pep ni tampoco en el Bayern, en contra de lo que ha dicho mucha gente. Entonces, cuando ves que la respuesta ha sido correcta y que nadie está dispuesto a cerrarte las puertas, te dices: ‘Esto es una experiencia única, y yo ya he tomado la decisión de abandonar el periodismo. ¿Por qué no sigo yendo a Múnich?’. Pero no con el objetivo de hacer un segundo libro, sino simplemente porque soy consciente que es una experiencia atípica en estos tiempos. Tengo la oportunidad, pues sigo aprovechándola y tomando notas. Y bueno, con el paso del tiempo, llega marzo de este año, y ya es cuando de pronto, hablando con Isaac Lluch, que era corresponsal en Múnich de varios medios de comunicación, empiezo a ver que realmente, más que el día a día y más que esas notas que estoy recogiendo, o sea, más que un Herr Pep 2, aquí lo importante es cómo ha cambiado Guardiola con el paso de las temporadas, porque ha cambiado mucho. Y es a partir de ahí cuando comienzo verdaderamente el trabajo del libro, planteándome un guion… etcétera. Pero, como digo, al principio escribir La metamorfosis no entraba en mis planes.

Tú que lo conoces de cerca… ¿Hasta qué punto es difícil ser Guardiola? Dices de él que “su partido perfecto siempre está por jugarse”. Y eso debe generar un desgaste enorme en uno mismo.
Sí, por supuesto. Pero creo que estamos otra vez ante uno de esos aspectos que magnificamos cuando los vemos desde fuera. Vale, de acuerdo, Guardiola es muy exigente consigo mismo, pero bueno, también les pasa a otros entrenadores como Ancelotti, Luis Enrique o Mourinho. Todos tienen mucha presión, todos juegan cada tres días, y todos son muy perfeccionistas, cada uno focalizando su atención en aquellos conceptos que considera prioritarios. Todos están obligados a destinar una dedicación completa a su trabajo. Dicho esto, uno de los grandes cambios que ha experimentado Guardiola en estas últimas temporadas, y que va precisamente en la línea de tu pregunta, es el intentar ser más eficiente en el gasto de la energía. Siendo muy importante el entrenamiento, en su entorno se proponen dejar que sea el resto del cuerpo técnico el que se desgaste con la preparación del entreno, de modo que Pep solo dedique intensamente la hora y media o las dos horas que dure la sesión, y que gracias a eso pueda centrarse más en análisis del rival, es decir, en aquellas facetas que suponen sus mayores fortalezas. Al final, estamos hablando de ahorrar energía, de saber de cuánta dispones y en qué vale la pena destinarla.
¿Y le ha costado autorregularse?
Yo creo que no, no mucho. Los cambios se producen cuando algo te induce a ver que estás cometiendo un error. La cuestión no es tanto si te cuesta o no adaptarte a ellos, sino si las circunstancias te han sugerido que los lleves a cabo.
En La metamorfosis retratas a un Guardiola que tras pasar por el filtro del Bayern cada vez está más abierto a nuevos dibujos tácticos, pero que al mismo tiempo sigue aferrándose a sus ideas de siempre. ¿Cómo conviven en él esas dos directrices?
Para responder a esto tendríamos que abrir una reflexión muy larga sobre lo que significa el cambio en el ser humano, no ya en un entrenador de fútbol. Pero si lo hiciéramos nos quedaríamos sin tiempo, así que voy a intentar resumirlo. Para que se dé el cambio en el ser humano es cuestión de que haya una cierta armonía entre tus esencias, lo que tú eres, y lo que aprendes y percibes en otros entornos. Eso es lo que se plantea Guardiola: cómo conseguir mantener su identidad (que en su caso es el ‘quiero ser protagonista del partido’, ‘quiero ser ofensivo’, ‘me construyo a través del balón y me defiendo a través de atacar’), pero a la vez ser capaz de captar y apropiarse de todas las virtudes que se va encontrando por el camino. Y en mi opinión lo que acaba consiguiendo después de los tres años en Múnich es reafirmar aún más sus ideas-fuerza, e incorporarle a estas una serie de conceptos del fútbol alemán muy diferentes e incluso opuestos a los que creíamos que manejaba. Mata el dogma y se vuelve muy ecléctico.
Durante ese proceso de reconversión tuvo que vérselas con el Barcelona. Es interesante, porque de algún modo, Guardiola, en esos encuentros, se enfrenta a su propio legado. Más allá de lo especial que debe ser para él volver a casa, ¿cómo has notado que afronta ese reto desde el punto de vista futbolístico?
De momento ha jugado en tres ocasiones contra el Barça [esta entrevista se realizó una semana antes del partido de Copa de Europa jugado el martes en el Etihad], y pienso que se han dado distintas lecturas. Cuando se produjo la eliminatoria de Champions estando él en el Bayern, que emocionalmente fue muy intensa porque era la primera vez que Guardiola se reencontraba con el Barça, los recursos con los que contaba eran un drama. Un drama. Faltaban Robben, Ribery, Alaba, Javi Martínez, Badstuber… Y luego estaban Lahm y Thiago, que venían jugando solo media hora cada uno después de recuperarse de dos lesiones graves. Ese equipo era un cromo, estaba totalmente destruido físicamente. Vamos, te diré que Lewandowski fue al Camp Nou, aparte de con la máscara facial, con una clavícula rota, algo que ocultaron en el Bayern para evitar que un defensa le pudiera dar un golpe en esa zona. Es por este motivo que Guardiola afrontó esos dos duelos desde el intento de supervivencia, no con la intención de pelearle de tú a tú al mejor equipo del mundo, porque sabía que no podía. En primer lugar, porque el Barcelona, sencillamente, era superior. Y en segundo lugar, porque los azulgranas se encontraban en un estado de forma óptimo, mientras que el Bayern, en cambio, llegaba a la eliminatoria roto. Ahí había muy poco que afrontar. Tal vez lo más interesante fue la huella sentimental que dejaron en él esos dos encuentros, que eso es algo que sí le sirvió muchísimo para mejorar su relación con los jugadores. Porque él, asumiendo ese contexto nefasto, vio como 14 futbolistas, algunos hechos polvo, se dejaban la piel por intentar algo que sabían que no se podría conseguir. A Pep lo que más le emociona es cómo en el partido de vuelta, con el 3-2 y el billete a la final prácticamente imposible, el Bayern siguió rematando y peleando arriba. Eso a él le sirvió para estrechar lazos con el vestuario. Hay una frase que dijo entonces a la prensa alemana y que resume muy bien ese sentimiento: “Estos jugadores siempre serán mis héroes, porque se han dejado la vida en esto”.
El enfrentamiento con el City, en cambio, es aún más diferencial, porque se enfrentan un equipo sólido y un equipo que está en construcción. Hay dos jugadores que ejemplifican la distancia que existe hoy entre el Barça y el City, y que son Gerard Piqué y John Stones. Piqué ya es el central consagrado, uno de los mejores del mundo, con un recorrido de 10 años en la élite. Y Stones, por su parte, es un proyecto de aspirante a ser un gran central. Pero claro, está muy lejos de Piqué. Y ese es el mejor reflejo del duelo que vivieron los dos equipos en el Camp Nou. Uno está consagrado, y el otro está en construcción, con lo que este segundo comete errores y los seguirá cometiendo. Antes de un año y medio, dudo que el City ofrezca una solidez consistente. Podrá dar algunas grandes exhibiciones, sí, pero me refiero a mantener un nivel altísimo de manera continuada.
Respecto a ese proceso de apertura que apuntas de Guardiola hacia los jugadores del Bayern, ¿acaso no lo vivió en su primera etapa en el vestuario del Barcelona?
Al contrario. El Barça le influyó para lo contrario, le influyó para tener esa distancia con los jugadores. Pero no lo veo como algo negativo, sino como una reacción ante un contexto determinado. ¿Por qué en el Barça mantiene distancias con el grupo? Pues porque cuando él llega al banquillo del primer equipo, se encuentra a Xavi, a Puyol, a Iniesta… A sus amigos. Xavi era y es su amigo. Xavi no era un simple jugador para él. Entonces, Pep, e insisto, creo que es correcta su postura, dice: ‘yo no puedo estar próximo a los jugadores, porque soy amigo de este, soy amigo del otro…’. Creyó que no podía poner su amistad por delante del fútbol, porque si favorecía mucho los lazos con los futbolistas, y luego no los ponía en la alineación, estos no lo entenderían. Por lo tanto le influye el Barça, sí, pero le influye al revés de lo que le pasó en el Bayern. Dejó muy claro su rol de entrenador para evitar que esa cercanía pudiera acabar influyendo negativamente en la dinámica del grupo.
Aun así, y eso es importante decirlo, no tiene nada que ver lo que te estoy exponiendo con que luego cogiera a uno en el entrenamiento y le diera un beso, o una patada en el culo, o una colleja, o un abrazo… Son cosas diferentes. Una cosa es el trato minuto a minuto, que en eso Pep siempre ha sido muy próximo a los jugadores, y otra cosa es la relación que establece con ellos fuera del campo.
Cuando llega al Bayern, en un principio, mantiene esa misma actitud distante con el grupo. Pero entonces ocurre lo que hemos mencionado antes, la epidemia de lesiones, los partidos dramáticos, y allí es donde Pep dice: ‘hostia, es que estos tíos me están dando un ejemplo de unidad, de sacrificio, de cariño hacia mí’. Y los hechos le hacen cambiar.

“Pep es un tipo transparente, pero no tengo nada claro que eso sea una virtud, sobre todo tratándose de un personaje que está sometido a la presión pública”

Sigamos un poco más con sus reencuentros con el Barça. ¿Hasta qué punto Guardiola, que lo ha entrenado, es consciente que Messi supone un elemento diferencial, que hay ciertos jugadores a los que no puedes frenar con ninguna partitura? Esa ‘imposibilidad’ algún técnico podría vivirla como una ‘incapacidad’, como una derrota.
¿Y cómo quieres enfrentarte a Messi? Pues con la coraza, no hay enfrentamiento [se ríe]. Yo creo que Messi es uno de los hechos diferenciales más gordos de la historia del fútbol. No sé si el más gordo, pero si uno de ellos. A mí no me gusta nada el concepto del ‘mejor’, porque yo directamente no sé definir qué es ser el mejor en algo tan complejo como el fútbol. No lo sé, y por tanto no entro en ese juego. Pero que Messi es uno de los hechos diferenciales más brutales de la historia del fútbol, eso, es un hecho. Mourinho ya dijo en su día que un equipo es un equipo, y que un equipo con Messi es otra cosa. Y es así. Nos guste o no. Luego viene el Alavés y le para, porque el deporte no es lineal, tiene sus curvas y sus altibajos, aunque luego viene el Atlético y no le para, y representa que el Atlético debería tener más opciones de pararle que el Alavés. Pero independientemente de esos partidos más flojos, que acaban siendo anécdotas, Messi es el gran hecho diferencial. El deporte tiene muy pocas certezas, pero hoy en día básicamente hay cuatro de consolidadas: los All Blacks, Usain Bolt, Katie Ledecky y Leo Messi. Son certezas. Con los All Blacks sabes que después de la Haka vendrá esto y lo otro, y que luego en el minuto 60 te arrasarán. Y con Leo Messi sabes que, el día que toca, aparecerá. ¿Cómo te enfrentas a él? Pues, por lo que yo sé, Guardiola se enfrenta a él como otros entrenadores, sabiendo que hay esa diferencia. Él me dijo una vez: “si tengo que perder, por lo menos quiero perder como yo quiero”. Es decir, no desnaturalizándose. Si al final Leo Messi tiene que marcar la diferencia, que no sea porque has metido diez defensas dentro del área, que al final así te ganará igual, pero tu habrás renunciando a tus principios.
Últimamente se dice mucho eso de que los equipos estelares, más que un entrenador muy preparado en lo táctico, necesitan a un entrenador con dotes motivacionales. Ahí está la comparación Benítez-Zidane, por ejemplo. ¿Piensas que hay algo de cierto en esa observación o que es simplificar demasiado? Te lo pregunto porque esta idea choca frontalmente con lo que muestras que es Guardiola, un tipo que cuida cada detalle del juego.
Yo no haría mucho caso de las conclusiones sociológicas que se hacen en el corto plazo. Como en cualquier ámbito de la vida, los análisis se tienen que hacer de manera reposada, con todos los elementos de juicio sobre la mesa. Y eso es lo opuesto a lo que se hace en el día a día de los medios de comunicación, con lo cual me vale muy poco todo lo que se esté comentando ahora de que a ciertos equipos grandes les vale con un simple motivador. Hay una serie de etiquetas que se van adjudicando rápidamente a los jugadores y a los entrenadores para poder clasificarlos velozmente, pero que yo creo que luego no se corresponden con la realidad. Solo con los años uno puede ir viendo cual es el peso de los jugadores y los entrenadores. Ahora, por ejemplo, pienso que estamos en un tiempo en el que ya podemos empezar a valorar de verdad a personajes de los 70, 80, 90… Ahora es cuando podemos empezar a sacar conclusiones, si nos documentamos bien, sobre la aportación al fútbol de hombres como Happel, Lobanovski, Béskov, Michels, Sacchi, Cruyff… Es ahora. Y dentro de un tiempo podremos valorar a los Benítez, Ancelotti, Mourinho o Klopp. En primer lugar porque ellos no son, sino que están siendo. Están en evolución. Todos han cambiado y mientras estén en activo lo seguirán haciendo, no solo Guardiola, también Zidane o Luis Enrique.
Guardiola, sin quererlo, polariza el mundo futbolístico como pocos. Sus afines apenas le encuentran defectos, y sus detractores parece que no puedan ni verle. ¿Hasta qué punto le preocupa a él eso?
Yo no le he visto preocupado. Pienso que él es consciente de que pasa esto, y que es una realidad. Él es el primero que sabe, porque lo ve en el entorno, que genera amores y odios. Y que hay los que están con él y los que están contra él. Y no descarto que esto mismo ocurra también con Simeone o Luis Enrique, ¿eh? Demos tiempo al tiempo. Normalmente nadie es profeta en su tierra, y no lo es porque, como decía Nietzsche, los pueblos solo aman a los tibios, nunca a los apasionados. Da la sensación de que se quiere más a los tibios contemporáneos que a los muy apasionados. Pero yo lo que no veo es que esto a Guardiola le preocupe. Este es un cambio que también ha vivido en Alemania. Darse cuenta que no te puede querer todo el mundo. Y darse cuenta de algo más importante todavía: que no vale la pena que te quiera todo el mundo. Te tiene que querer aquel que realmente te importe a ti.