lunes, 12 de noviembre de 2018


EL ENTRENADOR Y LA GESTIÓN DE RESULTADOS.
/Conceptuando. /opinión.

Sobre la influencia del entrenador en los éxitos o fracasos de sus equipos  podríamos decir que depende. Es quién debe tener claridad para descubrir en que sector de la cancha resulta más eficaz un jugador, por ejemplo. Y ensamblar esas características a una idea colectiva de juego. Él será quién defina las estrategias y tácticas. En definitiva es un organizador. Si se equivoca, el conjunto se verá en circunstancias complicadas. Debe ser el entrenador un gran complemento para las ideas, capacidades, de sus jugadores, es vital eso. Un buen entrenador debe convertir a sus jugadores en lo más importante del juego, a través de su talento, su creatividad, su motivación, su carácter, personalidad, su clase,  su manera de transmitir lo que se necesita.

Dice Angel  Cappa que se puede ganar un partido de varias maneras. Inclusive de casualidad, pero hay una sola forma de  jugar bien. No hay alternativa, se juega bien o se juega mal., aunque de vez en cuando la suerte influye perjudicando o protegiendo a un equipo.

Lo primero que define la calidad de un equipo es su relación con la pelota. Innegociable. Paciencia, control y pases precisos, combinaciones rápidas para mover al adversario, amplitud en juego por bandas que permita utilizar con ventaja los carriles interiores, defender bien para atacar mejor, o atacar bien para defender mejor pero siempre que vayan unidas en ese accionar de conexiones, interacciones, que exige un inteligente juego colectivo.

Un entrenador tiene su idea de juego. Pero debe adaptarla no solo a las características de sus jugadores sino a su saber hacer. Eso es clave. Dar en la tecla, como bien dice Guardiola. A partir de ahí va llevando progresivamente a sus jugadores, construyendo y reconstruyendo siempre, aprovechando cada entrenamiento, cada juego, cada triunfo o derrota, gestionando con inteligencia, coherencia ese orden y caos que se alternan durante todos los momentos del partido.

El jugador de fútbol debe convencerse razonando. No obedeciendo. Jugar, actuar, sin sentido a lo que se hace en la semana previa al partido es nefasto. El jugador debe concientizarse de que cada que entre a un entrenamiento o juegue un partido, al finalizar éste debe salir mejorado. La autoexigencia será un factor clave para ir en la búsqueda de esa excelencia, que será imposible de alcanzarla, pero le obliga a avanzar, crecer, mejorar.

Primero están las ideas, después los jugadores y sus características y luego el modelo de juego y su continua evolución. El entrenador ver-observar-comprender- todas las situaciones que se van viviendo e ir adaptándolas.

El juego y su intratable dinámica impensada, muchas veces no gana quién tiene las mejores cartas, sino quién juega mejor con las que ya tiene. En la vida, en el fútbol, y su maravilloso juego, no existe una verdad única que sea igual para todos. Hay que distinguir lo diferente. Apreciar lo similar. Cada quién es cada cual. La incertidumbre y la certeza juegan un papel decisivo en su acertada gestión de cara a los intereses del equipo y los rendimientos.  

“Voy avanzando muchas veces con más dudas que certezas. Sé que la duda es ansiogénica y la certeza es analítica, pero en ese camino, construyendo conocimiento, prefiero convivir con el riesgo de la incertidumbre que con la ilusión de la certeza”.

miércoles, 7 de noviembre de 2018


Perarnau: “Guardiola ha aprendido a matar el dogma”
Para comprender a Guardiola, hay que seguirle los pasos desde muy cerca. Eso es lo que ha hecho Martí Perarnau durante los últimos 3 años. Le entrevistamos
MARCEL BELTRAN04/11/2016.

Camisa blanca, sonrisa de hilo y manos encajadas con ternura, como si estuvieran protegiendo a un pajarillo. A su derecha, un cuadro de colores. A su izquierda, una mesa de madera sobre la que descansan un pilón de folios y dos vasos de agua. Por todos lados, palabras. Martí Perarnau nos atiende en plena promoción del segundo libro que ha escrito sobre Josep Guardiola, La metamorfosis (Editorial Córner). Sabe que le caerán encima muchas preguntas durante las próximas semanas. Lo sabe. Pero aun así estira y estira sus respuestas, dejando que su voz ocupe todo el espacio necesario. 
Tal vez lo hace por cortesía; tal vez porque es consciente que en estos tiempos nombres como el de Pep flotan en el imaginario colectivo envueltos en material explosivo, y no conviene ponérselo fácil a los pirómanos. A lo largo de la conversación, insiste en que el nuevo técnico del Manchester City no se corresponde con la figura que las etiquetas indican. Un poco como él mismo, un poco como Martí Perarnau, piensa el periodista. Un hombre alto que habla bajo. Una mente analítica que dice no saber nada. Un apasionado del deporte que cita a Nietzsche. Un observador silencioso que, durante el día de hoy y los que siguen, es y será el observado.

Saltador olímpico, periodista y escritor sobre fútbol. Estaremos de acuerdo que no es el relato común. ¿Cómo se gesta un cambio así?
No hay ningún plan. Las cosas te llevan al cambio. Yo era atleta, y luego empecé a trabajar como periodista escribiendo de atletismo. Por aquel entonces, mis maestros en la profesión, gente como Alfonso Soteras o Alex Botines, sabían mucho de fútbol, y se encargaron de que yo fuera aprendiendo algunos de sus fundamentos. También es verdad que aquella era una época en la que el trabajo de periodista era más próximo, más cercano a los protagonistas. Yo, por ejemplo, tuve relación con Johan Cruyff desde muy jovencito, porque ese fútbol al que yo me acerqué por primera vez era mucho más abierto, podías estar al lado de los jugadores y de los entrenadores. Así fui aprendiendo. Aunque uno nunca sabe de fútbol, ni de ningún deporte. El conocimiento es algo gradual, y siempre te deja la sensación de que falta mucho por comprender.
Te has apartado de los medios de comunicación en dos ocasiones.
Sí, bueno. Primero los abandoné para dar el salto a otros ámbitos de gestión. Monté mi propia empresa de publicidad, que es de lo que sigo viviendo, y estuve más o menos diez años sin tener ninguna relación con los medios. Después, de la mano de Jordi Basté, volví un poquitín a la radio, más tarde retomé mis colaboraciones con algunos periódicos, y así hasta que hubo un momento en el que parecía que casi volvía a ser periodista. Pero luego vino la propuesta que le hice a Pep de ir el primer año a Múnich y hacer un libro sobre él (Herr Pep), y claro, eso me creó una contradicción, que era conocer las interioridades de un equipo de élite y luego a la salida seguir ejerciendo mi labor en los medios. Me pareció que eso era incompatible, y por eso volví a abandonar el periodismo. Entonces, en esa evolución, descubrí que el mundo del libro era muy interesante y apasionante, y ya voy por el tercero. Pero insisto: no hay ningún plan.
¿Cuándo y cómo conociste a Guardiola?
A Pep lo conocí en 2010, cuando yo estaba trabajando en Senda de campeones, un libro sobre la metodología de trabajo de La Masia. Durante el proceso de documentación para ese proyecto, se me ocurrió que él me podría echar una mano, aportándome algunos datos sobre el tema. Se lo propuse, tuve la suerte de que aceptara y un día tomamos un café durante una hora en el Camp Nou, en la que estuvo contándome su visión sobre la cantera del Barça. Después de eso ya no volví a verle más hasta 2013. Yo estaba buscando un tema para escribir un segundo libro, porque me había gustado la experiencia del primero, y no me salía nada, pero de pronto un día el Bayern anunció que fichaba a Guardiola, y pensé: ‘hombre, pues esta sería una aventura que me gustaría vivir: irme a Alemania, conocer la Bundesliga y ver cómo le va a Guardiola’. Pero yo me imaginaba más bien haciéndolo desde el exterior, como un observador. Al final me decidí a hacerle llegar esa idea, para saber qué le parecía, y al cabo de unos meses recibí la respuesta. Me dijeron que Pep no lo veía mal, y que sí, que me acercara y que ya iríamos viendo. Entonces me fui a Múnich, y de la manera más natural, ocurrió. En otro momento hubiera sido imposible, pero me abrió las puertas y poco a poco, porque esto no fue desde el minuto cero, se fue creando una cierta confianza entre nosotros. Él vio que me podía ir contando cosas y que yo no las soplaría en la calle. Y así es como primero salió Herr Pep y más tarde La metamorfosis.
Imagino que radiografiar a Guardiola en su dimensión de entrenador no es tarea sencilla. Su mente tiene pinta de ser tan interesante como compleja y desbordante. ¿Cómo se acomete un propósito así?
Mira, para empezar, te diría que igual Guardiola no es tan complejo como pensamos. Yo matizaría. En primer lugar, hay una facilidad, y es que su lenguaje es muy llano. La manera que tiene de comunicarse es muy poco sofisticada, lo cual supone una ventaja. La desventaja es que es verdad que Guardiola es un ser desbordante. Más desbordante que complejo, diría yo. Y lo es porque siempre, ante cualquier situación, te plantea variantes a lo que está ocurriendo. Para que nos entendamos. Es como si un jugador de ajedrez, cuando te está explicando la jugada que acaba de hacer, también se pone a contarte todas las variantes de ese movimiento, y no solo eso, sino que además te expone todas las cosas que podría hacer el rival tras esa jugada, con sus propias variantes. Hay mucho movimiento en la cabeza de Pep, y si no estás concentrado, te pierdes. Yo mismo, de hecho, y aunque siempre he intentado prestar mucha atención a sus palabras, a veces me he perdido. Durante estos tres años que he pasado a su lado, lo que he aprendido es que no sé. Y como no sé, he intentado esforzarme mucho para comprender todo lo que me estaba contando. También me ha tranquilizado el hecho de que he visto que hay muchos entrenadores o jugadores, personas del mismo mundo del fútbol, a los que les cuesta seguirle. Eso me ha reconfortado un poco [risas].

“Guardiola no es tan complejo como pensamos. Yo matizaría. Hay una facilidad, y es que su lenguaje es muy llano. La manera que tiene de comunicarse es muy poco sofisticada”

¿Qué te cautiva más? ¿Guardiola como persona y personaje? ¿O Guardiola como uno de los entrenadores más exitosos de nuestro tiempo?
Posiblemente, cuando me fui a Alemania para escribir Herr Pep, mi motivación era que se trataba de unos de los grandes entrenadores de la historia, y yo era consciente de la oportunidad única que tenía al acercarme a él. Esa era la motivación inicial, sí. Pero si esa misma pregunta me la hicieras respecto al segundo libro, entonces cambiaría la respuesta. Mi motivación en el segundo y el tercer año de Pep en Múnich ya no es la aproximación a uno de los grandes entrenadores, sino la aproximación a una persona mucho más llana, sencilla, clara y sincera de lo que las etiquetas indican. Es decir, a medida que vas conviviendo con él, te vas dando cuenta que Pep no tiene un personaje detrás. Y no digo que sea una virtud. Al contrario: creo que eso en muchas ocasiones le ha perjudicado. A veces, cuando uno está tan expuesto al público, posiblemente sea bueno tener ese personaje que te permita proteger tu esfera privada. Pero en su caso esta barrera no existe. Él es transparente, para lo bueno, sí, pero también para lo malo. También para sus defectos es transparente. Se le ven mucho los errores. Fíjate. Cuando en alguna rueda de prensa utiliza una expresión de manera incorrecta, cuando nota que alguna palabra no acaba de reflejar del todo lo que él quiere, se ve muy fácilmente como se pone nervioso.
Es igual en privado que ante los medios. Exactamente igual. E insisto: no tengo nada claro que eso sea una virtud, sobre todo tratándose de un personaje que está sometido a la presión pública. Eso te deja sin protección.
Tu ejemplo, sin duda, constituye una muestra de que ese muro imaginario que separa a los protagonistas del deporte (jugadores, entrenadores) y a los medios de comunicación (periodistas) no tiene por qué estar siempre presente. Pero es la excepción que confirma la regla. ¿Por qué crees que ambos mundos tienden a estar cada vez más alejados? ¿Qué se ha hecho mal?
Para mí la responsabilidad es de los medios de comunicación. Rotundamente. Además, tengo la ligera impresión de que cuanto más se vayan popularizando otros deportes, posiblemente más se irá extendiendo este fenómeno. Yo creo que los medios han empujado al futbolista a blindarse. ¿Cómo? Pues a base de faltarle al respeto. A base de mala educación, de no querer aprender ni comprender cuál es su realidad. A base de utilizar el espectáculo pensando en su propio beneficio. El ejemplo más clásico es el habitual, la típica pelea entre dos jugadores en un entrenamiento. ¡Pero es que no nos damos cuenta que esa es la esencia del deporte! A mí me ocurrió mil veces en el atletismo. Tu entrenador te decía algo, tú intentabas hacer lo que te decía, no te salía, y a partir de ese punto te cabreabas y todo se calentaba. Situaciones de ese tipo las he tenido yo con 18, con 20 y con 25 años con mi entrenador de atletismo de toda la vida. ¡Y todavía hoy le quiero a horrores! Bueno, pues esto mismo que te estoy contando que a mí me pasaba, y que es la esencia y la naturaleza de la progresión deportiva, los medios de comunicación lo han utilizado simplemente para exaltar y encender los instintos más primarios que tenemos los seres humanos. Y entonces ese roce natural lo hemos transformado en ‘Koke ha insultado a Gabi’ o en ‘Cristiano se ha metido con fulanito’. ¿Por qué? Pues porque ha habido un momento en que, no los periodistas sino los que mandan en industria periodística, han creído que esa era la línea a seguir, porque iba a llevar al periódico o a la televisión ‘x’ a un incremento de sus ingresos en un contexto de crisis. ¿Y al final qué se ha conseguido? Pues poner al futbolista o al entrenador contra las cuerdas, y provocar en ellos la reacción tremenda de encerrarse por completo, que también es una reacción negativa, pues acaba repercutiendo en su rendimiento.
Volvamos a los libros. ¿Qué hay en La metamorfosis que no estuviera ya en Herr Pep?
Herr Pep era un proyecto que arrancó con un objetivo relativamente claro: irme a Alemania para ver y contar lo que ocurría con Guardiola y su equipo. Luego la metodología fue cambiando, entre otras cosas porque el acceso que tuve a la información fue infinitamente más extenso de lo que yo había imaginado, pero el fin en sí mismo siguió siendo el mismo. El segundo libro, en cambio, ya no nace con un plan tan programado. Es decir, cuando termino el primero yo no tengo ninguna idea de hacer un segundo libro. De hecho, lo único que ocurre es que no provoca reacciones negativas, ni en el entorno de Pep ni tampoco en el Bayern, en contra de lo que ha dicho mucha gente. Entonces, cuando ves que la respuesta ha sido correcta y que nadie está dispuesto a cerrarte las puertas, te dices: ‘Esto es una experiencia única, y yo ya he tomado la decisión de abandonar el periodismo. ¿Por qué no sigo yendo a Múnich?’. Pero no con el objetivo de hacer un segundo libro, sino simplemente porque soy consciente que es una experiencia atípica en estos tiempos. Tengo la oportunidad, pues sigo aprovechándola y tomando notas. Y bueno, con el paso del tiempo, llega marzo de este año, y ya es cuando de pronto, hablando con Isaac Lluch, que era corresponsal en Múnich de varios medios de comunicación, empiezo a ver que realmente, más que el día a día y más que esas notas que estoy recogiendo, o sea, más que un Herr Pep 2, aquí lo importante es cómo ha cambiado Guardiola con el paso de las temporadas, porque ha cambiado mucho. Y es a partir de ahí cuando comienzo verdaderamente el trabajo del libro, planteándome un guion… etcétera. Pero, como digo, al principio escribir La metamorfosis no entraba en mis planes.

Tú que lo conoces de cerca… ¿Hasta qué punto es difícil ser Guardiola? Dices de él que “su partido perfecto siempre está por jugarse”. Y eso debe generar un desgaste enorme en uno mismo.
Sí, por supuesto. Pero creo que estamos otra vez ante uno de esos aspectos que magnificamos cuando los vemos desde fuera. Vale, de acuerdo, Guardiola es muy exigente consigo mismo, pero bueno, también les pasa a otros entrenadores como Ancelotti, Luis Enrique o Mourinho. Todos tienen mucha presión, todos juegan cada tres días, y todos son muy perfeccionistas, cada uno focalizando su atención en aquellos conceptos que considera prioritarios. Todos están obligados a destinar una dedicación completa a su trabajo. Dicho esto, uno de los grandes cambios que ha experimentado Guardiola en estas últimas temporadas, y que va precisamente en la línea de tu pregunta, es el intentar ser más eficiente en el gasto de la energía. Siendo muy importante el entrenamiento, en su entorno se proponen dejar que sea el resto del cuerpo técnico el que se desgaste con la preparación del entreno, de modo que Pep solo dedique intensamente la hora y media o las dos horas que dure la sesión, y que gracias a eso pueda centrarse más en análisis del rival, es decir, en aquellas facetas que suponen sus mayores fortalezas. Al final, estamos hablando de ahorrar energía, de saber de cuánta dispones y en qué vale la pena destinarla.
¿Y le ha costado autorregularse?
Yo creo que no, no mucho. Los cambios se producen cuando algo te induce a ver que estás cometiendo un error. La cuestión no es tanto si te cuesta o no adaptarte a ellos, sino si las circunstancias te han sugerido que los lleves a cabo.
En La metamorfosis retratas a un Guardiola que tras pasar por el filtro del Bayern cada vez está más abierto a nuevos dibujos tácticos, pero que al mismo tiempo sigue aferrándose a sus ideas de siempre. ¿Cómo conviven en él esas dos directrices?
Para responder a esto tendríamos que abrir una reflexión muy larga sobre lo que significa el cambio en el ser humano, no ya en un entrenador de fútbol. Pero si lo hiciéramos nos quedaríamos sin tiempo, así que voy a intentar resumirlo. Para que se dé el cambio en el ser humano es cuestión de que haya una cierta armonía entre tus esencias, lo que tú eres, y lo que aprendes y percibes en otros entornos. Eso es lo que se plantea Guardiola: cómo conseguir mantener su identidad (que en su caso es el ‘quiero ser protagonista del partido’, ‘quiero ser ofensivo’, ‘me construyo a través del balón y me defiendo a través de atacar’), pero a la vez ser capaz de captar y apropiarse de todas las virtudes que se va encontrando por el camino. Y en mi opinión lo que acaba consiguiendo después de los tres años en Múnich es reafirmar aún más sus ideas-fuerza, e incorporarle a estas una serie de conceptos del fútbol alemán muy diferentes e incluso opuestos a los que creíamos que manejaba. Mata el dogma y se vuelve muy ecléctico.
Durante ese proceso de reconversión tuvo que vérselas con el Barcelona. Es interesante, porque de algún modo, Guardiola, en esos encuentros, se enfrenta a su propio legado. Más allá de lo especial que debe ser para él volver a casa, ¿cómo has notado que afronta ese reto desde el punto de vista futbolístico?
De momento ha jugado en tres ocasiones contra el Barça [esta entrevista se realizó una semana antes del partido de Copa de Europa jugado el martes en el Etihad], y pienso que se han dado distintas lecturas. Cuando se produjo la eliminatoria de Champions estando él en el Bayern, que emocionalmente fue muy intensa porque era la primera vez que Guardiola se reencontraba con el Barça, los recursos con los que contaba eran un drama. Un drama. Faltaban Robben, Ribery, Alaba, Javi Martínez, Badstuber… Y luego estaban Lahm y Thiago, que venían jugando solo media hora cada uno después de recuperarse de dos lesiones graves. Ese equipo era un cromo, estaba totalmente destruido físicamente. Vamos, te diré que Lewandowski fue al Camp Nou, aparte de con la máscara facial, con una clavícula rota, algo que ocultaron en el Bayern para evitar que un defensa le pudiera dar un golpe en esa zona. Es por este motivo que Guardiola afrontó esos dos duelos desde el intento de supervivencia, no con la intención de pelearle de tú a tú al mejor equipo del mundo, porque sabía que no podía. En primer lugar, porque el Barcelona, sencillamente, era superior. Y en segundo lugar, porque los azulgranas se encontraban en un estado de forma óptimo, mientras que el Bayern, en cambio, llegaba a la eliminatoria roto. Ahí había muy poco que afrontar. Tal vez lo más interesante fue la huella sentimental que dejaron en él esos dos encuentros, que eso es algo que sí le sirvió muchísimo para mejorar su relación con los jugadores. Porque él, asumiendo ese contexto nefasto, vio como 14 futbolistas, algunos hechos polvo, se dejaban la piel por intentar algo que sabían que no se podría conseguir. A Pep lo que más le emociona es cómo en el partido de vuelta, con el 3-2 y el billete a la final prácticamente imposible, el Bayern siguió rematando y peleando arriba. Eso a él le sirvió para estrechar lazos con el vestuario. Hay una frase que dijo entonces a la prensa alemana y que resume muy bien ese sentimiento: “Estos jugadores siempre serán mis héroes, porque se han dejado la vida en esto”.
El enfrentamiento con el City, en cambio, es aún más diferencial, porque se enfrentan un equipo sólido y un equipo que está en construcción. Hay dos jugadores que ejemplifican la distancia que existe hoy entre el Barça y el City, y que son Gerard Piqué y John Stones. Piqué ya es el central consagrado, uno de los mejores del mundo, con un recorrido de 10 años en la élite. Y Stones, por su parte, es un proyecto de aspirante a ser un gran central. Pero claro, está muy lejos de Piqué. Y ese es el mejor reflejo del duelo que vivieron los dos equipos en el Camp Nou. Uno está consagrado, y el otro está en construcción, con lo que este segundo comete errores y los seguirá cometiendo. Antes de un año y medio, dudo que el City ofrezca una solidez consistente. Podrá dar algunas grandes exhibiciones, sí, pero me refiero a mantener un nivel altísimo de manera continuada.
Respecto a ese proceso de apertura que apuntas de Guardiola hacia los jugadores del Bayern, ¿acaso no lo vivió en su primera etapa en el vestuario del Barcelona?
Al contrario. El Barça le influyó para lo contrario, le influyó para tener esa distancia con los jugadores. Pero no lo veo como algo negativo, sino como una reacción ante un contexto determinado. ¿Por qué en el Barça mantiene distancias con el grupo? Pues porque cuando él llega al banquillo del primer equipo, se encuentra a Xavi, a Puyol, a Iniesta… A sus amigos. Xavi era y es su amigo. Xavi no era un simple jugador para él. Entonces, Pep, e insisto, creo que es correcta su postura, dice: ‘yo no puedo estar próximo a los jugadores, porque soy amigo de este, soy amigo del otro…’. Creyó que no podía poner su amistad por delante del fútbol, porque si favorecía mucho los lazos con los futbolistas, y luego no los ponía en la alineación, estos no lo entenderían. Por lo tanto le influye el Barça, sí, pero le influye al revés de lo que le pasó en el Bayern. Dejó muy claro su rol de entrenador para evitar que esa cercanía pudiera acabar influyendo negativamente en la dinámica del grupo.
Aun así, y eso es importante decirlo, no tiene nada que ver lo que te estoy exponiendo con que luego cogiera a uno en el entrenamiento y le diera un beso, o una patada en el culo, o una colleja, o un abrazo… Son cosas diferentes. Una cosa es el trato minuto a minuto, que en eso Pep siempre ha sido muy próximo a los jugadores, y otra cosa es la relación que establece con ellos fuera del campo.
Cuando llega al Bayern, en un principio, mantiene esa misma actitud distante con el grupo. Pero entonces ocurre lo que hemos mencionado antes, la epidemia de lesiones, los partidos dramáticos, y allí es donde Pep dice: ‘hostia, es que estos tíos me están dando un ejemplo de unidad, de sacrificio, de cariño hacia mí’. Y los hechos le hacen cambiar.

“Pep es un tipo transparente, pero no tengo nada claro que eso sea una virtud, sobre todo tratándose de un personaje que está sometido a la presión pública”

Sigamos un poco más con sus reencuentros con el Barça. ¿Hasta qué punto Guardiola, que lo ha entrenado, es consciente que Messi supone un elemento diferencial, que hay ciertos jugadores a los que no puedes frenar con ninguna partitura? Esa ‘imposibilidad’ algún técnico podría vivirla como una ‘incapacidad’, como una derrota.
¿Y cómo quieres enfrentarte a Messi? Pues con la coraza, no hay enfrentamiento [se ríe]. Yo creo que Messi es uno de los hechos diferenciales más gordos de la historia del fútbol. No sé si el más gordo, pero si uno de ellos. A mí no me gusta nada el concepto del ‘mejor’, porque yo directamente no sé definir qué es ser el mejor en algo tan complejo como el fútbol. No lo sé, y por tanto no entro en ese juego. Pero que Messi es uno de los hechos diferenciales más brutales de la historia del fútbol, eso, es un hecho. Mourinho ya dijo en su día que un equipo es un equipo, y que un equipo con Messi es otra cosa. Y es así. Nos guste o no. Luego viene el Alavés y le para, porque el deporte no es lineal, tiene sus curvas y sus altibajos, aunque luego viene el Atlético y no le para, y representa que el Atlético debería tener más opciones de pararle que el Alavés. Pero independientemente de esos partidos más flojos, que acaban siendo anécdotas, Messi es el gran hecho diferencial. El deporte tiene muy pocas certezas, pero hoy en día básicamente hay cuatro de consolidadas: los All Blacks, Usain Bolt, Katie Ledecky y Leo Messi. Son certezas. Con los All Blacks sabes que después de la Haka vendrá esto y lo otro, y que luego en el minuto 60 te arrasarán. Y con Leo Messi sabes que, el día que toca, aparecerá. ¿Cómo te enfrentas a él? Pues, por lo que yo sé, Guardiola se enfrenta a él como otros entrenadores, sabiendo que hay esa diferencia. Él me dijo una vez: “si tengo que perder, por lo menos quiero perder como yo quiero”. Es decir, no desnaturalizándose. Si al final Leo Messi tiene que marcar la diferencia, que no sea porque has metido diez defensas dentro del área, que al final así te ganará igual, pero tu habrás renunciando a tus principios.
Últimamente se dice mucho eso de que los equipos estelares, más que un entrenador muy preparado en lo táctico, necesitan a un entrenador con dotes motivacionales. Ahí está la comparación Benítez-Zidane, por ejemplo. ¿Piensas que hay algo de cierto en esa observación o que es simplificar demasiado? Te lo pregunto porque esta idea choca frontalmente con lo que muestras que es Guardiola, un tipo que cuida cada detalle del juego.
Yo no haría mucho caso de las conclusiones sociológicas que se hacen en el corto plazo. Como en cualquier ámbito de la vida, los análisis se tienen que hacer de manera reposada, con todos los elementos de juicio sobre la mesa. Y eso es lo opuesto a lo que se hace en el día a día de los medios de comunicación, con lo cual me vale muy poco todo lo que se esté comentando ahora de que a ciertos equipos grandes les vale con un simple motivador. Hay una serie de etiquetas que se van adjudicando rápidamente a los jugadores y a los entrenadores para poder clasificarlos velozmente, pero que yo creo que luego no se corresponden con la realidad. Solo con los años uno puede ir viendo cual es el peso de los jugadores y los entrenadores. Ahora, por ejemplo, pienso que estamos en un tiempo en el que ya podemos empezar a valorar de verdad a personajes de los 70, 80, 90… Ahora es cuando podemos empezar a sacar conclusiones, si nos documentamos bien, sobre la aportación al fútbol de hombres como Happel, Lobanovski, Béskov, Michels, Sacchi, Cruyff… Es ahora. Y dentro de un tiempo podremos valorar a los Benítez, Ancelotti, Mourinho o Klopp. En primer lugar porque ellos no son, sino que están siendo. Están en evolución. Todos han cambiado y mientras estén en activo lo seguirán haciendo, no solo Guardiola, también Zidane o Luis Enrique.
Guardiola, sin quererlo, polariza el mundo futbolístico como pocos. Sus afines apenas le encuentran defectos, y sus detractores parece que no puedan ni verle. ¿Hasta qué punto le preocupa a él eso?
Yo no le he visto preocupado. Pienso que él es consciente de que pasa esto, y que es una realidad. Él es el primero que sabe, porque lo ve en el entorno, que genera amores y odios. Y que hay los que están con él y los que están contra él. Y no descarto que esto mismo ocurra también con Simeone o Luis Enrique, ¿eh? Demos tiempo al tiempo. Normalmente nadie es profeta en su tierra, y no lo es porque, como decía Nietzsche, los pueblos solo aman a los tibios, nunca a los apasionados. Da la sensación de que se quiere más a los tibios contemporáneos que a los muy apasionados. Pero yo lo que no veo es que esto a Guardiola le preocupe. Este es un cambio que también ha vivido en Alemania. Darse cuenta que no te puede querer todo el mundo. Y darse cuenta de algo más importante todavía: que no vale la pena que te quiera todo el mundo. Te tiene que querer aquel que realmente te importe a ti.




ENTREVISTA EN FRANCE FOOTBALL
Mourinho se confiesa: "Ahora estoy más apaciguado...
PETER POWELL
EFE

El entrenador del Manchester United ha dado una entrevista en el medio francés donde repasa aspectos de su vida profesional: filosofía de trabajo, competencia, evolución...
Frédéric Hermel
 
21 marzo 2017.

José Mourinho se sincera en una entrevista que saldrá publicada hoy en France Football. En ella, el técnico portugués hace un repaso sobre aspectos de su vida profesional. Después de muchos años siendo The Special One, ahora el propio Mourinho se ve como The Calm One.

Para Mourinho, su filosofía a la hora de gestionar equipos y grupos es muy importante: “Hay que adaptarse a la realidad del club y a sus necesidades. Eso se llama ser inteligente (…). La prioridad es establecer relaciones de paz y amor en el grupo y establecer una estabilidad.

El United ya no tiene estas superpersonalidades que eran los Giggs, Scholes o Keane. Aún están Rooney y Carrick, las últimas caras de esta generación, y hay un nuevo grupo de jugadores que deben adaptarse. Por eso era importante para mí que viniera Ibra. En este equipo tenía, sin ser inglés y sin conocer la cultura del club, la personalidad y el perfil para ser más que un simple jugador”.

Para el luso, la competencia en los últimos años es terrible: “En Inglaterra, los clubes son tan potentes económicamente que el mercado está abierto a todos.Tomad el ejemplo del Bayern en Alemania. ¿Sabe cuándo empieza el título cada año? Cuando en verano compran al mejor del Dortmund. Lo hicieron con Lewandowski y Hummels. Ningún club en Inglaterra, sea United, Liverpool o City, puede dominar siempre. El poder se ha dividido. Todo es más difícil: comprar, ganar, construir”.

Lo que está claro es que Mourinho ha evolucionado. Así lo reconoce: “El Mourinho hombre intenta ser lo contrario al Mourinho entrenador. Intenta ser discreto, tranquilo. 
Puedo volver a casa y no ver un partido, puedo no pensar en el fútbol.
 Al principio de mi carrera no podía, estaba conectado las 24 horas del día. He tenido que encontrar una cierta madurez. 
Ahora me siento bien con mi personalidad de hombre. He madurado, me siento más apaciguado.
Una victoria ya no representa la luna y una derrota ya no es el infierno.
Y creo que ahora soy capaz de transmitir esta serenidad a los que trabajan conmigo y a mis jugadores. Ahora controlo más mis emociones”.

Por último, habló sobre su metodología de trabajo y puso como ejemplo el Inter: “Tengo más empatía cuando un grupo es fuerte. La mentalidad de tratar de maniobrar a alguien psicológicamente a través de los medios de comunicación es una manera de crear un estado de ánimo, pero es más eficaz con un equipo lleno de personalidades. Como me pasó en el Inter. Estaba como pez en el agua con Materazzi, Córdoba, Ibra, Milito, Thiago Motta. Antes de ir en una dirección hay que entender primero las personas con las que se trabaja”.

“Prefiero ganar la Europa League que ser cuarto”
José Mourinho ve en la Europa League la mejor manera de entrar en la Champions de cara a la próxima temporada, aunque no tira la toalla en la lucha por entrar entre los cuatro primeros en la Premier League. Su equipo, el Manchester United está clasificado para los cuartos de la Europa League (se medirá al Anderlecht) y en el campeonato doméstico es quinto, a cuatro puntos de esa cuarta plaza que da acceso a la Champions. El portugués, como suele ser habitual en él, se mostró sincero respecto a este aspecto: “Si tengo que elegir, prefiero ganar la Europa League que acabar cuarto, porque al final te da lo mismo.
La Europa League es un trofeo prestigioso, es un trofeo europeo y te permite jugar la Supercopa de Europa al año siguiente”.
Sin embargo, Mou añadió que no se rendirá en la pugna por esa cuarta plaza: “Chelsea, Tottenham, Liverpool, Arsenal y City ya no juegan competición europea. Sólo tienen un partido por semana, pero vamos a luchar como hemos hecho hasta ahora en liga”.


miércoles, 31 de octubre de 2018


Mirar, ver y comprender

 El fútbol es un deporte de equipo donde existe un contexto que cambia constantemente. Un contexto que ofrece gran cantidad y diversidad de estímulos que condicionan el juego. De esta manera, no es difícil entender que los jugadores deben estar capacitados para pensar mientras juegan, procesar la información que les ofrece el juego, y así poder tomar decisiones acordes con el contexto.

Las teorías modernas explican que el futbolista es un organismo que responde utilizando todas las capacidades de forma interrelacionada, y por lo tanto no podemos desprestigiar ninguna de las demás, ya que todas intervienen en su rendimiento. Pero también es verdad que la capacidad cognitiva relacionada con la comprensión táctica del juego tiene un protagonismo especial. Lo técnico, físico y psicológico siempre va a estar condicionado por el componente táctico del juego.

“En los juegos deportivos colectivos, la dimensión táctica ocupa el núcleo de la estructura del rendimiento, por lo que la función principal de los demás factores, sean ellos de naturaleza técnica, física o psíquica, es la de cooperar en el sentido de facultar el acceso a desempeños tácticos de nivel cada vez más elevado”.
Julio Garganta.

El juego nos habla, debemos concentrarnos y escucharlo para poder responder a lo que necesita. No obstante, ofrecerle lo que necesita no es tarea fácil. El contexto se transforma continuamente y nunca repite el disfraz. Se trata de un juego no lineal donde hay situaciones similares, pero nunca iguales. Será fundamental mirar, ver y comprender lo que sucede a nuestro alrededor y actuar de una forma determinada en un espacio y tiempo restringidos. Debemos ser capaces de adaptarnos a la complejidad, a las nuevas situaciones que se plantean. Si nos adaptamos adecuadamente y le ofrecemos al contexto lo que necesita, seremos recompensados.

El contexto no se conforma con cualquier respuesta, cada vez nos exige más y nos la debemos ingeniar para solucionar lo que nos propone. ¿Sabéis que a medida que se tienen detalles con la pareja, uno mismo va poniendo el listón más alto? Algo parecido pasa con el jugador y el contexto de juego. Cada vez le será más difícil encontrar soluciones, ya que los adversarios procurarán defenderle mejor teniendo en cuenta sus características y sus anteriores intervenciones. En ocasiones, será necesario evolucionar tácticamente si queremos seguir sorprendiendo y huir de la previsibilidad que generamos si nos estancamos en un solo jugar.
Los jugadores son capaces de tomar buenas decisiones sin destinar mucha atención a la comprensión del juego. Su organismo está tan habituado al uso de mecanismos de toma de decisión que se autorregula desde el subconsciente, sin necesidad de racionalizar minuciosamente lo que sucede delante de ellos. Si todo lo que tenemos delante lo procesáramos conscientemente, moriríamos por sobredosis de información. Por eso el cerebro es capaz de autorregularse, priorizando la atención sobre aquello que cree importante y tomando decisiones de forma espontánea.

“…en su proceso y culminación es mucho más lo que se hace porque sale, que lo que se piensa y se hace”
Dante Panzeri.

No obstante, en el fútbol, nos encontramos con que muchas de las decisiones tomadas por los jugadores no son exitosas por haberse integrado comportamientos inadecuados o bien por no atender a determinados aspectos del contexto que reclaman otra solución. Desde esta perspectiva, cada vez más entrenadores defienden la necesidad de educar conscientemente a los jugadores en la comprensión del juego, ya que si el jugador está pensando y atendiendo activamente a aquello que el contexto propone, será más fácil actuar siempre en coherencia a las necesidades de cada situación. Un buen guiño a esta afirmación es el título de la autobiografía de Andrea Pirlo: Pienso, después juego. El italiano es un futbolista que pasará a la historia por su gran inteligencia y capacidad de elegir la mejor solución en cada momento.

Para seguir reflexionando sobre la comprensión del juego, encuentro necesario desarrollar las ideas a través de una reflexión semántica que nos permita diferenciar entre los verbos mirar, ver y comprender. Verbos que a veces utilizamos para referirnos a la comprensión táctica de los jugadores. Buscaremos sus respectivas definiciones y procuraremos entender lo que significan cada una de ellas contextualizadas en el fútbol.
En primer lugar, si nos fijamos en el verbo mirar, la primera opción que se propone nos describe la acción de dirigir el sentido de la vista sobre un objeto. La segunda entrada nos expone observar las acciones de alguien. Dando un salto a la cuarta entrada, de forma parecida se explica el hecho de tener en cuenta algo o atender a algo. Finalmente, en la sexta entrada es interesante acentuar el significado que tiene en relación a buscar algo para informarse de ello.

Mirar
(Del lat. mirāri).
1. Dirigir la vista a un objeto.
2. Observar las acciones de alguien.
4. Tener en cuenta, atender.
6. Inquirir, buscar algo, informarse de ello.
 Siguiendo la misma idea, si buscamos el verbo ver, en la segunda entrada que se expone aparece el verbo percibir, relacionándolo con los sentidos o la inteligencia. En la tercera, se habla de observar desde el punto de vista de considerar algo que sucede (entiéndase con ello que es algo más profundo que mirar). En cuanto a la octava entrada, aparece el verbo advertir y reflexionar, existiendo pues, ciertos procesos cognitivos detrás. Finalmente, en la novena, nos describen el hecho de prevenir las cosas del futuro entendiendo lo que pasa en el presente.

Ver
(Del lat. vidēre).
2. Percibir algo con cualquier sentido o con la inteligencia.
3. Observar, considerar algo.
8. Considerar, advertir o reflexionar.
9. Prevenir las cosas del futuro; anteverlas o inferirlas de lo que sucede en el presente.
De esta manera, nos damos cuenta de que mirar no es lo mismo que ver. Podemos afirmar que tienen una estrecha relación porque la segunda requiere de la primera, pero la primera no necesariamente incluye a la segunda, ya que el componente cognitivo no existe en el simple acto de mirar. Por lo tanto, hablamos de cosas diferentes. ¿Cuántas veces escuchamos “¡Mira antes de recibir!”? Comparto totalmente la necesidad de mirar antes de recibir, es necesario mirar lo que ofrece el juego, entendiendo mirar como fijar la atención en aquella información relevante del entorno. Pero lo que realmente es interesante no es el simple hecho de mirar, sino ver lo que está sucediendo; percibir, observar, considerar, darse cuenta de una situación, saber qué respuesta futura es la acertada ante el contexto presente que se plantea. Estaríamos hablando de relacionar los sentidos de la vista con los esquemas de conocimiento del juego que poseemos.

 De forma anecdótica, quiero destacar una situación muy relacionada con la diferencia entre mirar y ver lo que sucede. Pongámonos en el contexto del fútbol base. En alguna ocasión he visto jugadores que ante los gritos del entrenador pidiendo que miren antes de recibir, giran la cabeza antes de recibir el balón. Este giro de cabeza supuestamente sirve para recoger información del entorno cuando nuestra orientación corporal nos otorga un ángulo de visión limitado que no nos permite ver todo aquello que deseamos: espacios a nuestra espalda normalmente. La cuestión es que algunos jugadores giran la cabeza para ver espacios donde no es necesario recoger ningún tipo de información, y eso me hace reflexionar sobre la importancia de diferenciar ambas conductas. Imagínense un extremo pegado a la banda, girando la cabeza para mirar hacia fuera del campo antes de recibir un balón. Carece de sentido, ¿verdad? Miramos para obtener una serie de estímulos dentro del juego que nos permitan valorar la situación, no es cuestión de mirar por mirar. De hecho, si miramos mal estamos perdiendo tiempo o atendiendo a estímulos innecesarios que pueden complicar la toma de decisiones.

Finalmente, si buscamos la definición de comprender, podemos destacar el significado de rodear por todas partes algo. También entender, alcanzar, penetrar el tema en cuestión, entendiendo estos verbos como la descripción de un conocimiento mucho más profundo de la situación. De todos modos, lo verdaderamente interesante es incidir en la primera entrada, ya que el hecho de rodear algo por todas partes implica dominar su complejidad, algo difícil, pero muy deseado en el fútbol.

Comprender
(Del lat. comprehender).
1. Abrazar, ceñir, rodear por todas partes algo.
3. Entender, alcanzar, penetrar

 Podemos obtener una relación entre los distintos verbos comentados si los contextualizamos en el fútbol. Dentro del terreno de juego, el verbo mirar tendría que ver con el campo visual de los jugadores; el verbo ver, con entender lo que sucede en una situación concreta una vez se ha mirado; y el verbo comprender englobaría la comprensión del todo, es decir, ver las interrelaciones que se establecen entre las situaciones y la totalidad de elementos que componen el contexto de juego.
Por lo tanto, podemos concluir que miramos para ver, necesitamos ver para comprender y debemos comprender el entorno para decidir y jugar bien. Una buena percepción del entorno será fundamental para rendir de forma óptima. El adecuado procesamiento de la información permitirá a los jugadores dominar las situaciones y anticiparse a aquello que sucederá. De forma intrínseca a ello, se jugará mejor y será más fácil obtener éxito.

“El valor táctico de un jugador reside en la capacidad para descifrar las informaciones que el juego va produciendo”
Laureano Ruiz.

Es evidente que el jugador no puede atender a todo lo que pasa en el terreno de juego mientras juega. El entrenador deberá facilitar la tarea enseñando aquellos estímulos significantes, normalmente visuales, que darán información sobre lo que sucede en el juego. Una vez que el jugador aprenda a detectar estos estímulos, sabrá que tienen una consecuencia en el juego, la cual deberá resolver de una o varias maneras determinadas. Xavi Hernández, uno de los mejores jugadores del mundo tácticamente hablando, expresaba lo siguiente hace tiempo:
“Mi supervivencia en el terreno requiere la comprensión del juego antes de recibir la pelota, para saber qué tengo que hacer después con ella”.
Xavi Hernández.

De todos modos, cuando hablamos de comprender el juego, no debemos referirnos únicamente al jugador que tiene el balón, pensando en su visión y habilidad para distribuir el juego. Se trata de que todos los jugadores tomen dicho protagonismo. Cada jugador forma parte de un sistema y, por lo tanto, es vital que cada uno de ellos entienda las relaciones que se establecen en él para poder engranarlo bien. Nadie puede dejar de pensar, se trata de una necesidad colectiva, tal y como explica Mourinho cuando habla de su equipo ideal:
“Mi equipo ideal es aquel en el que, en cualquier momento y en cualquier situación, todos los jugadores piensan de la misma manera”
José Mourinho.

Debido a esta exigencia mental, cada vez oímos hablar más de la fatiga cognitiva o fatiga táctica. Una fatiga relacionada con los procesos mentales y que se diferencia de la fatiga puramente física. Si entrenamos cognitivamente a nuestros jugadores, será interesante controlar la carga de entrenamiento bajo este término y no solamente desde lo condicional. Dani Fernández escribió hace varios años el artículo Fatiga cognitiva en este mismo Magazine. Muy interesante si queréis profundizar más en el tema.

Si reflexionamos sobre el tiempo que un solo jugador está en posesión del balón, nos damos cuenta de que este es muy reducido. Es evidente que hay jugadores por los que el balón transita más, pero en términos generales el tiempo de posesión individual no es generoso. Por lo tanto, si el juego está consecutivamente planteando situaciones y la mayoría del tiempo debo moverme sin balón, es igual o incluso más importante que los jugadores sin balón se concentren, piensen y comprendan bien lo que deben hacer continuamente. Hace tiempo, Menotti mencionaba las siguientes palabras, muy acordes a lo explicado:
“Se puede dejar de correr, o dejar de entrar en juego durante largos minutos. Lo único que no se puede dejar de hacer es pensar”
César Luis Menotti.

Aunque se trate de un contexto imprevisible que cambia constantemente, el hecho de comprender el juego nos permite un mayor rendimiento porque existe una lógica comportamental dentro de la aleatoriedad. Tal como expresa Panzeri en su obra:
“No se interprete con todo esto que el fútbol es una voluntad del azar. El fútbol tiene lógica, mucha lógica, es casi siempre lógica”
Dante Panzeri.

Si somos capaces de comprender esta lógica, podremos ir un paso por delante a lo que va a acontecer y por lo tanto podremos obtener las ventajas que consideremos necesarias. Si por el contrario siempre somos reactivos al cambio, en muchas ocasiones no llegaremos a actuar a tiempo, ya que la línea que separa el éxito del fracaso es muy delicada.

 Un equipo de fútbol se organiza en coherencia a la posición del balón y, por lo tanto, el jugador que en un momento dado es poseedor del mismo llevará la iniciativa. Sus acciones determinaran cómo va a evolucionar el entorno. Los compañeros se adaptarán a él para crear ventajas y superioridades, sean numéricas o posicionales, para aprovecharse de los desequilibrios del rival en el juego. Mientras, los adversarios se adaptarán para contraponerse de la forma que mejor crean para defenderse. Esta dinámica nos muestra que cualquier jugador necesita procesar información contextual para poder actuar; sin ella no podría desenvolverse, puesto que desaparecerían los estímulos que promueven sus comportamientos e intenciones. En relación a ello, Guardiola defendía la importancia que tiene el contexto cuando se trata de valorar a un jugador:
“No entiendo al jugador por sí solo. Intento verlo dentro de un contexto general y del equipo”
Pep Guardiola.

Algunas veces, encontramos jugadores que no brillan por su despliegue físico, pero en cambio, suelen estar siempre en el lugar indicado. ¿Cómo puede ser? Pues son jugadores inteligentes que comprenden mejor el juego,someten a los adversarios sin necesidad de desgastarse;son capaces de tomar buenas decisiones y también de condicionar el juego a su antojo. Muy a favor de este tipo de jugadores estaba Cruyff al afirmar que:
Todos los entrenadores hablan sobre movimiento, sobre correr mucho. El fútbol es un juego que se juega con el cerebro. Debes estar en el lugar adecuado, en el momento adecuado, ni demasiado pronto ni demasiado tarde”
Johan Cruyff.

En consonancia con la importancia de estar en el lugar adecuado, en el momento adecuado, sin necesidad de correr mucho, suelen verse casos de jugadores que a medida que envejecen toman otros roles dentro del equipo. Sus capacidades físicas han disminuido, pero a la vez la experiencia les ha dotado de conocimiento para comprender el juego y esto les permite desarrollar funciones más organizacionales dentro del equipo.
 De esta manera disfrutan de una carrera deportiva más larga, puesto que aún perdiendo facultades en otras capacidades, mantienen el rendimiento gracias a su gran desempeño táctico.
Comprender tácticamente el juego tendrá mucho que ver con entender lo que sucede en los distintos espacios del terreno de juego. Percibir la dinámica que existe en los espacios durante el desarrollo del juego nos va a dotar de mucha información para tomar buenas decisiones. Por ejemplo, no son los mismos los comportamientos que existen cerca del balón que los comportamientos que se dan a medida que nos alejamos de él. De igual manera, no serán iguales los comportamientos de los jugadores alejados de la portería que aquellos que se desarrollan cerca de ella. El espacio aparece o desaparece, crece o decrece, de manera que será interesante entender a qué se deben tales transformaciones si queremos dominarlo y progresar hacia el deseado gol.

Entender el espacio y el tiempo nos permite comprender el juego de forma sistémica. Es decir, de forma interrelacionada. Por ejemplo, si el espacio cercano y el espacio intermedio están muy poblados de jugadores adversarios, por lógica, en el espacio lejano no existirán tantos adversario. Y viceversa: si los espacios alejados están más poblados porque el rival está replegado, tendré más espacio para jugar en espacios cercanos e intermedios. Del mismo modo, si quiero llegar a un espacio alejado, puedo valorar si necesito pasar por un espacio intermedio o puedo jugar directamente en largo sin necesidad de madurar la jugada. Hay tantísimas situaciones que se vuelve necesario entender lo que sucede al jugar. Si lo logramos, disfrutaremos de una relación bonita con la complejidad.

 Cada jugador es diferente, bien sabemos que son individuos con distintas características. Por lo tanto, encontramos una diversidad importante en relación a las capacidades de comprensión. Cada uno interpreta las situaciones desde su singularidad, una realidad que será interesante conocer para exigir según qué a los jugadores. Algunos jugadores tienen una capacidad táctica superior a otros, pero si entramos en detalle, encontramos jugadores que comprenden mejor algunas situaciones concretas. En cambio, no comprenden con tanta facilidad otros estímulos. Por eso cada jugador se especializa en aquello que potencialmente sabe hacer mejor y se desenvuelve mejor en alguna posición concreta. En concordancia a este párrafo, cabe citar a Óscar Cano, un autor que aporta valiosas reflexiones sobre la relación del entrenador con los jugadores y el propio juego.
“¿Tan difícil es entender que al jugador es imposible hacerle ver aquellas cosas que es incapaz de sentir, que no forman parte de su natural construcción?”
Óscar Can.
o
Asimismo, debemos tener en cuenta que existen jugadores que no tienen la capacidad de observar y pensar por mucho que entrenen. En estos casos, podemos potenciar su rendimiento haciéndolos jugar en posiciones menos complejas y a la vez cerrándoles el juego. Es decir, reduciéndoles los estímulos a los que deben atender y explicándoles las soluciones que deben escoger en cada situación. De forma contrastada y extraordinaria, también existen jugadores capaces de jugar eficazmente en muchas posiciones, debido al gran talento cognitivo e interpretativo que poseen.

 Hablando de posiciones en el campo, es interesante apreciar que el nivel de complejidad perceptiva varía en función de la posición que ocupemos en el terreno de juego. Los jugadores más exteriores suelen tener menor complejidad que el resto. Me refiero a las posiciones que permiten dar la espalda a los límites del campo, y por lo tanto el ángulo de visión al cual se debe atender es mucho más reducido. No es lo mismo jugar de extremo, donde la orientación natural del cuerpo ya permite ver prácticamente todo el terreno de juego con relativa facilidad, que jugar de mediocentro, donde la información es bombardeada en todas las direcciones y sentidos, y se debe orientar el cuerpo en función del balón y los espacios que interesan ver. Si queremos comprobarlo nosotros mismos, solo hace falta introducir por dentro a algún jugador que normalmente juegue por fuera. No será extraño que se sienta más estresado de lo habitual y con ello se perturbe su toma de decisiones. En caso contrario, quién sabe, quizá descubramos nuevas posibilidades en su juego.

Cabe comentar también que existen jugadores superdotados, que rinden de forma extraordinaria sin percibir ni comprender conscientemente el juego. Se trata de casos excepcionales, jugadores tan talentosos y, normalmente, con tanta experiencia que su organismo se adapta y ofrece soluciones de forma natural y autorregulada. Al preguntarles el porqué de su decisión, no saben decirnos exactamente el motivo, aunque su conducta sea la más acertada de todas. Un claro ejemplo son las declaraciones de Messi cuando se le preguntó sobre sus actuaciones años atrás:
“No imagino los partidos ni pienso las jugadas. Sale lo que sale en el momento, cuando tengo la pelota”
Leo Messi.

Estamos hablando de decisiones tomadas desde el subconsciente. Parece ser que el procesamiento de esa información está tan integrado que el organismo fluye sin más. Mientras las respuestas sean óptimas, la resolución de las situaciones de forma inconsciente no es negativa, sino todo lo contrario. De hecho, tal y como defiende Vítor Frade en su Periodización Táctica, entrenamos de forma consciente para que, llegados a cierto nivel, esos comportamientos se integren en nuestro jugar y se manifiesten por sí solos de forma espontánea, es decir, desde el subconsciente. Este estado mental, además, promoverá que la creatividad y la intuición se puedan manifestar de forma inteligente.

Desde la perspectiva del entrenador no es un proceso fácil que los jugadores comprendan y dominen el juego. Cuando se exige que los jugadores piensen sobre el contexto por primera vez, podemos entorpecer su rendimiento, ya que en un primer momento puede ser difícil procesar la información. Sobre todo si los jugadores no están habituados a pensar activamente mientras juegan. Por eso, si apostamos firmemente en ampliar el conocimiento táctico de los jugadores, es fundamental aceptar que el proceso puede privarnos de obtener resultados positivos a corto plazo.

 Para asegurarnos de que el jugador está enriqueciendo su cultura táctica y es consciente de lo que sucede en el juego, deberemos ayudarle a encontrar las decisiones más coherentes, de manera que pueda construir un esquema táctico cada vez más sofisticado. Para ello, será importante asegurarnos que su evolución no se trate únicamente de aprendizajes declarativos, es decir, que el jugador sepa lo que hay que hacer cuando le preguntamos, pero en cambio no sea capaz de aplicarlo mientras juega. Es importante diferenciar entre el hecho de saber lo que hay que hacer y realmente hacerlo. El rendimiento, claro está, lo determina lo segundo.

Otra consideración interesante es que hablamos de habilidades intangibles, ya que no podemos alcanzar lo que sucede dentro de la mente de los jugadores. Solamente juzgamos a través de las conductas observables, que vienen a ser la fase final del proceso de toma de decisiones, es decir, la respuesta a nivel motor. En esta misma línea debemos contemplar que un jugador pueda comprender y tomar una buena decisión, pero en cambio no sea capaz de ejecutar correctamente la respuesta al existir elementos que perturban la ejecución. De forma habitual se valora únicamente lo observable, algo normal y comprensible, pero podemos valorar un poco más allá. Evidentemente que podemos exigir más de la ejecución, pero también podemos valorar la intención pretendida, desde una visión más constructiva que punitiva. En la siguiente ocasión intentará mejorar la ejecución, porque seguro que tendrá más ocasiones si está dotado de una buena comprensión del juego.

 Si los jugadores tienen el hábito de percibir y comprender la complejidad inherente al juego, acabarán consiguiendo que la conducta sea más operativa. De tal manera que los jugadores se enriquecerán en el plano táctico y se permitirán afrontar el entorno cambiante con más comodidad y libertad. A algunos les puede sorprender hablar de libertad cuando estamos sometiendo al jugador a estar pensando todo el rato en lo que debe hacer, pero recuerden que no se trata de limitar su juego, sino ayudarlo a desenvolverse mejor en él. Tal y como explicó Xabi Alonso en una entrevista cuando se le cuestionó sobre el trabajo táctico que propone el entrenador:
“Para mí, ese trabajo supone enriquecer al jugador, y esa es una cualidad de los entrenadores que no te quieren imponer todo, sino darte las herramientas y las facilidades para que tú puedas jugar mejor o interpretarlo mejor”
Xabi Alonso.

 De esta manera, y para concluir, cada vez que los jugadores se expongan a distintos estímulos, adquirirán más recursos para dar respuesta a las situaciones. Las alternativas disponibles para solucionar una situación aumentarán y el desarrollo del juego fluirá con relativa facilidad en las próximas intervenciones. Si sumamos que la comprensión de lo que sucede es realizada a nivel colectivo, todos los componentes del equipo interactuarán de la forma más coordinada posible. Hablaremos de sinergias que se retroalimentarán de forma positiva, y el rendimiento del equipo se potenciará significativamente en busca de la excelencia.


* Gerard Piniés.




FUERA DE JUEGO./ fútboldeprimera/olé.

"Nada es más humo que el ganar como sea".
Angel Cappa y una charla futbolera con Olé. Francia campeón, el juego de Argentina en el Mundial, Guardiola, Mourinho, Menotti y su famoso Huracán: "Con el VAR éramos campeones". 
Publicado el 19-10-2018

-Luego de cada Mundial suele copiarse el modelo de juego del equipo campeón. ¿Cree que ocurrirá un cambio de paradigma con Francia y su estilo de contra y juego vertical?
-Primero, siempre se suele copiar al que gana. Hay gente a la que no le interesa otra cosa porque piensa que lo que gana es lo que está bien y punto. Habría que discutir qué es el éxito porque para mí, no sólo es ganar. En cuanto a Francia tuvo algunas virtudes y muy buenos jugadores, pero yo creo que nadie quiere jugar de contragolpe. El que juega a eso es porque no sabe jugar de otra manera. Si yo le cedo la pelota al rival significa que voy a estar corriendo detrás de ella y no creo que a alguien le guste eso.


-¿Pero no puede ocurrir que un entrenador elija esa estrategia porque se siente inferior a su rival?
-Claro que sí. También. Una vez le pregunté a Cruyff por qué no existían muchos más entrenadores cercanos a la idea de juego que él representaba y me contestó: "Fácil, porque hay que saber". Jugar así, esperando atrás, luchando, corriendo, apelando a una pelota parada, es más fácil. Lo difícil es lo otro. Y para eso, hay que saber del juego. Francia jugó así porque se agrupaba bien atrás y tenía jugadores para jugar de contra. Pero imitar al que gana es un error grave porque hay que ver qué es lo que yo tengo en mi equipo. Si el que gana juega con dos wines y yo no los tengo, ¿cómo lo imito? Es una estupidez pero es una tendencia habitual.
-En el fútbol argentino suele haber críticas a los entrenadores que intentan salir jugando justamente con el argumento de que no tienen futbolistas capacitados para eso. Que no se puede imitar al Barcelona de Guardiola sin aquellos jugadores.
-A los detractores de ese estilo no les digo nada porque cada uno tiene derecho a pensar como quiera. Para mí, para jugar así hay que saber y muchos no saben cómo se hace. Muchos se la dan de prácticos y para mí no hay nada que sea más humo que decir "hay que ganar como sea". Una vez se lo pregunté a un plantel que dirigí. Les dije "Bueno muchachos, hoy hay que ganar como sea. ¿Alguien sabe lo que significa?”. El que dice que lo único que importa es ganar lo que hace es menoscabar al juego y también a ellos mismos. Si yo fuera carpintero, quisiera hacer una mesa de la mejor manera posible. Si digo "la hago así nomás, total me la van a comprar igual porque lo que importa es vender", me estoy faltando el respeto a mí mismo.
-¿Por qué mucha gente prefiere que el defensor la revolee? ¿Hay mucho miedo al error o se cree que salir jugando se hace por una cuestión estética?
-Es que el error forma parte del juego. Los que juegan a no jugar también cometen errores como todo el mundo. Si yo tengo 50.000 pesos para ir al casino y tengo miedo de perderlo, más vale que no vaya porque eso está dentro de las posibilidades. Salir jugando no es una cuestión estética sino una necesidad del juego. Al fútbol se juega con una pelota y yo necesito tenerla para, a partir de ahí, usarla bien y generar situaciones de gol. Claro que tenerla por tenerla no sirve.
-¿Lo que define la intención del entrenador es su interés por la pelota? Algunos dicen que no les importa la posesión.
-El primer amor que tiene alguien que juega al fútbol es la pelota. Cuando alguien dice que se siente cómodo sin ella no lo entiendo. Es como si el nadador dijera que se siente cómodo sin el agua o el tenista sin la raqueta.
-¿No le parece que atrasa 30 años la discusión sobre la importancia de ganar?
-Y sí. Me parece algo tan obvio los que dicen que hay que ganar... Es como si yo dijera que para vivir hay que respirar... ¡Ya sé que juego para ganar! Pero también juego para jugar. Eduardo Galeano decía que se juega para jugar y que el triunfo es una recompensa. Un tipo enfermo por la timba va al casino y le dicen "mire, no puede entrar. Tome 1.000.000 de pesos y váyase". Ese tipo se va a jugar a otro lado, no se va a la casa. ¡El tipo quiere ganar, obvio, pero quiere jugar! Las dos cosas van juntas. Claro que hay que ganar, por supuesto. Pero decir eso es una estupidez que roza lo inaudito. Todos ganamos y perdemos. Pero yo me identifico y tengo un sentido de pertenencia a través del juego.
-En una entrevista declaró que Mourinho es un entrenador que desprecia el juego. ¿No siente que eso es cuestionar a alguien que tiene una idea distinta que la suya?
-Despreciar es no apreciar, no tenerlo en cuenta. Sé que hay otro significado cultural de la palabra desprecio que es menoscabar. Eso no. Lo que yo quise decir es que no tiene en cuenta al juego, le da igual. Mourinho juega a no jugar. Y gana y pierde como todos. Y ojo, juega así con futbolistas de más de 100.000.000 de dólares cada uno. No es que lo hace con el equipo de acá de la esquina. Si mañana tiene que jugar contra el equipo de los empleados del supermercado de enfrente, va a jugar igual. Nadie en el fútbol tiene la garantía de que va a ganar. El problema es que los prácticos la van de ganadores. Una vez le comentaron a Sacchi: "Trapattoni es un ganador". ¿Qué dijo él? "Sí, cuando le toca...".
-¿A Simeone lo ubica en la misma vereda que a Mou?
-Sí. No lo ubico yo. Lo dice él. Esos mensajes de "ganar como sea", "no me importa nada", "el que gana tiene razón", son más dañinos que el propio juego del equipo.
-En los '80, en el fútbol argentino, se solía dividir a los entrenadores en trabajadores y vagos, resultadistas y líricos. Guardiola, en cambio, dice que él los divide en "valientes y miedosos". ¿Y usted qué división hace?
-Hay muchas divisiones. Los que saben y los que no saben. Los que entienden el juego y a los que no les importa entender. Para jugar bien hay que trabajar el doble porque exige una participación mental importante del futbolista. Exige que el jugador piense. Un buen entrenador ayuda al jugador a tomar decisiones correctas, lo entrena para que él sea capaz de tomar las mejores decisiones en el campo de juego. De los otros entrenadores se dice que trabajan mucho porque tiran 58 corners de un lado y 58 del otro. A mí eso me parece una estupidez porque vos trabajás con los suplentes, no con los rivales del domingo. Sí que hay que trabajar la pelota parada, pero no exageremos. En Universitario de Perú, mi equipo hizo el 50% de los goles de pelota parada. ¿Sabés por qué? Porque había buenos ejecutantes y buenos cabeceadores. En el Huracán del 2009 hicimos varios goles por esa vía. ¿Y cuánto trabajábamos eso? Media hora por semana.
-¿No cree en los automatismos dentro del fútbol?
-Sí. El automatismo es hasta para vivir. Salís de tu casa, te sentás en el auto y no pensás en lo que hacés, sale natural apretar el embrague, poner primera... Un equipo tiene un funcionamiento y se mejora practicando y también jugando. Por eso es necesario un proceso de un año al menos porque así se van generando entre los jugadores distintos automatismos por conocimiento. Yo sé que a este no se la tiro larga porque le gusta al pie, al otro le gusta que se la pase de otro modo... Son todas complicidades que se dan jugando.
-¿Qué opina de los gps, de las planillas de estadísticas con datos de los jugadores...?
-Todo puede ser una ayuda, pero el análisis tiene que partir del juego y de lo conceptual, no de datos fríos. Tratan de convertir todo en un número. Por ejemplo, hablan de los kilómetros recorridos por cada jugador. Según un estudio que leí, el 80% de ese recorrido es caminando. Y ese dato de los kilómetros da la sensación de un esfuerzo que en realidad es mentira. Me dicen "fulanito recibió 20 pelotas y acertó 18 pases". ¿Pero a quién, en qué lugar de la cancha? Si yo soy el 2 y le doy 40 pases al 4, es probable que no falle ninguno si es a cinco metros. En España se ha llegado a la idiotez de informar la velocidad máxima y media de cada jugador. Algo que no tiene sentido. Lo que corrió un tipo es secundario. Yo no sé si corrió para adelante, para atrás, si fue productivo... Creo que lo hacen para venderles programas a los entrenadores, que los compran para ser tildados de modernos y no quedar como antiguos.
-Igual, ante la paridad existente en el fútbol, muchos partidos se definen a veces por pequeños detalles.
-Como siempre. A mí Guardiola me parece por mucha diferencia el mejor entrenador del mundo, el más respetuoso, el de mayor convicción... aunque no quiere decir que todo lo que haga está bien porque también se ha equivocado. Y él, por supuesto, también trabaja los detalles y ha ganado muchos partidos así.
-¿Qué le pareció Argentina en el Mundial?
-Vi a una Selección que fue una desorientación absoluta, de principio a fin. Como dice el tango, no sabía qué trole hay que tomar. La verdad es que no dejó absolutamente nada para destacar. Si al mejor jugador del mundo lo hacemos jugar mal, ya eso lo dice todo. Mirá que es muy difícil lograr eso...
-El hincha de Huracán seguro, pero el neutral… ¿le sigue hablando de aquel famoso equipo del 2009?
-Sí, claro. Para mí no era el Huracán de Cappa como lo llaman. Era el Huracán de Huracán porque nuestro mayor mérito fue ser fiel al estilo histórico del club. Fue el lugar donde más disfruté como entrenador. En Universitario de Perú salimos campeones con un plantel que cobró sólo dos meses y lo que hicieron esos jugadores me quedó grabado para siempre. El Racing del 98 jugaba muy pero muy bien. Pero ese Huracán fue como yo soñaba que tenía que ser un equipo de fútbol. Así quería que jugara un equipo dirigido por mí. Ojalá como jugador hubiera podido jugar en un equipo así. Desde el banco me emocionaba tanto como la gente. Porque el fútbol, si no es emoción, no es nada.
-¿Le sigue doliendo aquella polémica final con Vélez?
-Es la bronca que te queda porque una cosa es perder. Perdiste, te duele, pero se terminó. Puede ocurrir. Otra cosa es que te roben. ¡Le robaron a todo Parque Patricios! Eso es durísimo y cuesta aceptarlo. Yo veía el amor de esa gente… Se puso en funcionamiento la maquinaria más sucia y corrupta para quitarle a toda esa gente lo que se merecía.
-Mire si en esa final hubiera existido el VAR…
-Lo pensé. Con el VAR éramos campeones… Apenas me enteré de la existencia del VAR, no me gustó. Hasta que me recordaron esa final. Y ahí cambié de opinión porque es una herramienta para esas injusticias. Sería un obstáculo muy grande para la corrupción que hay en el fútbol argentino porque ya tenés que sobornar también a los tipos del VAR y ahí imagino un escándalo mayor.
-Si aquel Huracán fue el equipo que mejor pudo expresar su idea futbolística, ¿cuál sería la antítesis?
-Gimnasia. Estuve 11, 12 partidos dentro de un clima de mucha urgencia e histeria. Sentí que no me alcanzó el tiempo. En Atlante de México, por ejemplo, no obtuve resultados y me tuve que ir pero ahí fue diferente porque el equipo no jugaba mal.
-¿Y River? Su campaña está dentro del período en el que se fue al descenso.
-Aquellos a los que no les agrado dicen cosas para herirme pero saben que es mentira. En esos 100 y pico de partidos que hubo en esa etapa, yo saqué el mejor porcentaje de puntos (NdeR: segundo detrás de Jota Jota López y por encima de Astrada, Gorosito y Simeone). Así que hay que dejarlos que hablen. Para mí fue un tremendo orgullo haber estado en River y tengo la tranquilidad de conciencia de que siempre quise respetar lo que significa River futbolísticamente. Además, al descenso lo mandaron. Lo perjudicaron en partidos claves. Eso quedó clarísimo.
-¿Le ve salida al fútbol argentino?
-En la medida en que no haya un proyecto que comience por describir qué significa el fútbol para todos los argentinos y a partir de ahí trabajar en la Selección y en los clubes, todo va a ser casualidad. Podemos ganar, podemos perder… Lo que sé es que mientras no haya un proyecto serio para encontrar nuestro estilo, será difícil. Una idea para ayudar sería que un futbolista debe jugar al menos dos años en la Argentina antes de irse. Pero eso choca con la libertad de trabajo. Habría que buscar una variante porque eso no favorece a nuestro fútbol.
-¿Cree que Menotti debería tener un lugar en estas reformas?
-Naturalmente. No tener en cuenta a Menotti dentro de la organización del fútbol argentino es algo imperdonable. Tener lejos, tomando café con los amigos, me parece un desperdicio  escandaloso. César, para mí, es uno de los entrenadores más importantes de la historia contemporánea del fútbol mundial y la figura más importante de la historia del fútbol argentino.



El “Kloppismo”
Por
 Nicolás Tapia

Lo táctico en el fútbol es necesario, sumamente necesario. Te hace competir, estar a la altura de las exigencias, básicas, pero exigencias al final del día. Sin orden, sin idea de juego, la organización de un grupo de jugadores sería nula y su capacidad de luchar en igualdad de condiciones, utópica.

Lo técnico entretiene o frustra. Da continuidad u obstruye. Es la carretera de lo táctico. Y si esta tiene hoyos o un pavimento muy deteriorado, el tránsito puede pasar a ser desde difícil hasta imposible. Si está en perfectas condiciones, hasta sobresaliente, puede ser un conductor de espectáculo puro. La única desventaja es que es un concepto individualista y, como sabemos, un jugador te puede ganar partidos más no campeonatos.


Y luego viene la cereza del pastel. Lo que muchos entrenadores, chapados a la antigua, menosprecian por no saber el impacto que puede llegar a tener en un grupo. La motivación. Lo emocional. Lo humano. Para conseguir resultados positivos en el fútbol usando el factor motivacional, es estrictamente necesario tener noción de los dos conceptos anteriores. Sin embargo, si se quiere llegar a marcar diferencia, construir un legado, entonces este último punto es vital. Sin él no hay premio. Es una simbiosis particular cuyo equilibrio se rompe de acuerdo a los objetivos. Si quieres competir, crea una máquina. Si quieres dejar huella, crea una familia.

Jürgen Klopp, entrenador del Borussia Dortmund, equipo que estará disputando este Sábado la final de la UEFA Champions League ante el Bayern München de Jupp Heynckes, ha aprendido, ejecutado y fomentado esta filosofía de trabajo. Al técnico alemán, de pasado como jugador entre pocos reflectores, no le interesa ver los títulos como una obsesión, más prefiere ser recordado por haber dejado una marca significativa, tanto en el fútbol, como en la sociedad.

“Por encima de los títulos, deseo que me recuerden como un entrenador que siempre trató de mantener la luz encendida. No sé qué se vive en el vestuario del United, pero escuchar ahora a los jugadores del Manchester hablar de Sir Alex es el mayor trofeo que se llevará. Todos en el Dortmund saben que Klopp exige, que pide y les transmite que el fútbol sin diversión no es nada. Eso sí, allí dentro (señala el estadio), el que manda soy yo. Todos los integrantes del Dortmund debemos entender que somos unos afortunados y si alguien no lo ve así es que no se entera de nada”, señala Jürgen en una entrevista para el periódico deportivo español AS.

“Busco el sentido común. Piense que los jugadores son tratados como superestrellas. No sólo en Dortmund o en Alemania, en todo el mundo, por lo que en el vestuario se generan preguntas y tú debes saber encontrar las respuestas.”

Esta forma de pensar ha llevado a Jürgen Klopp a buscar, realizar y mejorar métodos de trabajo novedosos y extraños para el resto. Para él, los aspectos psicológico y emocional son los más importantes ya que sabe que en plenitud mental, el jugador es capaz de sacar lo mejor de sí mismo. Así lo refleja en un ejemplo con el Mainz 05:
“Estando en Mainz decidimos hacer parte de una pretemporada en unas islas de Suecia, de las que no recuerdo el nombre. Lo que nunca olvidarán mis jugadores es que tuvieron que hacer ejercicios de supervivencia para poder comer.”

“Llegamos al sitio y sólo teníamos las tiendas de campaña para dormir. El resto era buscarse la vida. Con las canoas y divididos por grupos, los primeros que llegaban a la isla siguiente debían encontrar la leña para encender el fuego, hervir el agua…”

“Debíamos pescar para poder comer. Todo el día llovía y cuando salía el sol, ¡zas!, los mosquitos entraban en acción. No entiendo cómo la gente puede vivir en esos sitios. Mi ayudante me decía si era idiota por pensar ese tipo de acciones, pero el grupo entendió la metáfora: si queríamos hacer una buena temporada con el Mainz en la Bundesliga nadie nos iba a regalar nada y tendríamos que encontrar soluciones a los problemas. Volvimos a casa creyéndonos Braveheart (‘Corazón Valiente’, la película).”

Al formar una familia, Klopp y sus muchachos saben que, aparte de un lazo deportivo fuerte, generan uno emocional. El entrenador teutón celebra el clímax de un jugador dentro y fuera del terreno de juego, así como lamenta su partida. Así lo refleja con el reciente traspaso de Mario Götze al Bayern München.
 “No creía que fuera a irse esta temporada. Fue un drama la manera de recibir la noticia. [Lo recuerdo] Como si me hubiesen pegado dos tiros al corazón. Fue una sensación muy confusa. Después de eliminar al Málaga, al cabo de un día, estando en el campo de entrenamiento, se me acercó Michael Zorc, nuestro director deportivo, con una cara algo extraña.”

“Me fui. No quería hablar con nadie. Esa noche tenía que acudir con mi esposa (la escritora Ulla Sandrock) a un estreno de cine. Lo cancelé todo.”

“Con el paso de los días me fui recuperando hasta que convoqué a siete jugadores en un día libre para explicárselo todo y acabé comprendiendo que Mario, lo que quería, era estar a las órdenes de Guardiola.”
Así mismo, Klopp comenta el episodio de la despedida con Shinji Kagawa, actual jugador del Manchester United.

“Triunfará seguro en el United, no tengo duda alguna. Este año fue de transición. Es uno de los mejores futbolistas del mundo. El día que me dijo que se iba nos abrazamos y estuvimos 20 minutos llorando. Fue un drama, la verdad.”
Si vemos el pasado y presente de Jürgen Klopp, entonces encontramos muchos indicios de causalidad, en lugar de casualidad. El estratega alemán, desde un inicio, puso siempre por encima los ideales que tenía en mente pese al trato de terceros.

“Interés de otros clubes, sí [hubo], bastantes. El Hamburgo, por ejemplo. Ficharon finalmente a Bruno Labbadia, aunque me llamaron por tener algunas dudas. Me dijeron que era el entrenador necesario, pero el director deportivo me miraba raro. Vio cómo vestía, con mis tejanos (jeans) y mi chaqueta (chamarra) de chandal, comprobó que fumaba y se declinó por Martin Jol. La colilla de ese cigarro debería estar en una vitrina: gracias a ella estoy ahora en Dortmund. Eso sí, también me llamó el Bayern. Fue Hoeness el que descolgó el teléfono para tantearme. Fue sincero y aseguró que había otro candidato. Era la época posterior a Ottmar Hitzfeld. Le recordé que yo era un técnico que estaba entonces en la segunda alemana, pero cierto es que para el Bayern eso no es un problema.”

Y cuando le preguntan sobre su futuro después de conseguir la atención de todos tras estas tres últimas campañas, de mucho éxito, Klopp se mantiene en su barco.
“Seguro que hay otros sitios más bonitos, con más glamour y sol, pero Dortmund y el Borussia tienen algo especial.”
Klopp finaliza la entrevista enalteciendo el fútbol que practican afuera de su círculo dortmunesco. Primero con Leo Messi y Cristiano Ronaldo, y luego con el Barcelona, equipo que usa de ejemplo en sus jugadores de una manera muy peculiar.

Sobre Messi y Ronaldo.
“[Messi] Es el jugador más increíble o soñado que he visto. ¿Usted vio lo que hizo contra el PSG? Él solo, medio cojo, salió y resolvió el pase a semifinales del Barcelona en la Champions. Su sola presencia cambia los partidos. Y lo peor de todo es que no puedes practicar nada para cerrarle; Leo siempre tiene una salida. Si piensas que se va por la izquierda, aparece por la derecha o al revés. Y si dudas, por el centro. Es mágico, algo único en el mundo. No hay táctica que lo pueda frenar.”
“Cristiano es tan rápido, tan fuerte, tan increíble, pero tiene un problema: Leo Messi. Me recuerda mucho a lo que le sucedió en su momento a Michael Stich, el tenista alemán. Estaba destinado a escribir una página de oro en su deporte, pero apareció Boris Becker y le marcó la carrera.”

Sobre el Barcelona.
“Ganó la Liga y se quedó a las puertas de la final de la Champions y de la Copa. El Barça ha tenido muchos problemas con las enfermedades de Tito Vilanova y la que ya padeció con Abidal. Se levantaron bien a la decisión de Guardiola de irse. Los pongo como ejemplo a mis jugadores en muchas cosas.”
“No digo nada en concreto, pero hago ver fotografías. Lo que quiero hace entender a mis futbolistas es que vean el hambre con la que los futbolistas del Barça siguen celebrando los goles que anotan, pese a haberlo ganado todo en los últimos años. Es ejemplar cómo tras sus sonados triunfos explotan de rabia cuando consiguen anotar. Eso es un ejemplo para todos los futbolistas, desde la élite hasta el de formación.”



Simon Critchley: "El fútbol es una contradicción"
FÚTBOL. El filósofo británico presenta su libro 'En qué pensamos cuando pensamos en fútbol'
Jon Prada
01/06/2018 

Critchley posa con su libro 'En qué pensamos cuando pensamos en fútbol' de la editorial Sexto Piso.
Las letras y el balón son las dos grandes pasiones de Simón Critchley (Hertfordshire, Inglaterra, 1960). "El Liverpool es mi religión", confiesa el filósofo británico a MARCA mientras presenta su obra 'En qué pensamos cuando pensamos en fútbol'. Con la insignia del club red en su solapa, analiza un juego sobre el que profundiza en sus escritos.


¿En qué pensamos cuando pensamos en fútbol?
Pensamos en todo cuando vemos un partido: en el significado de la vida, el espacio, el tiempo, la racionalidad, las emociones, la pasión... Pero, también es un juego en movimiento que disfrutamos. Pensamos y vemos el choque al mismo tiempo.

¿Es el fútbol la continuación de la guerra?
Es una forma optimista de ver la guerra. Hace años, había guerras y la gente moría. El fútbol es una forma simbólica de esas batallas. Hay violencia, pero nadie muere. Es entrenamiento, disciplina, poderío y emociones que pueden convertirse en violencia. Un lugar en el que algo similar a la guerra puede suceder.

¿Saca lo peor de la gente?
Puede hacerlo. A mí me gusta decir que el fútbol permite a las personas expresarse libremente sobre temas que conocen y les importan. Creen en su equipo y lo defienden.

En su libro, usted afirma que el "fútbol es socialismo". Bajo ese concepto, ¿qué opina de los altos salarios que cobran las estrellas y los grandes traspasos que se pagan por ellas?
El fútbol es socialismo, pero también es dinero en grandes cantidades de corporaciones internacionales que lo controlan. Los salarios, los traspasos... son asquerosos. Están arruinando su esencia. El fútbol es social, un deporte colectivo y colaborativo. Los futbolistas tienen que jugar unidos y compartir todo con sus aficionados. El fútbol es para ellos y existe a la par en su concepto más puro y con todo ese dinero. Es una contradicción.

¿Ve cómo íconos a futbolistas como Messi o Cristiano?
Algunos son modelos y otros no. Messi es más ejemplar que Cristiano. Ronaldo es más individualista, juega en equipo pero no es un futbolista de equipo. Messi lo hace de otra forma. Luego, hay otros como Mata que, además del fútbol, trabajan en proyectos sociales.

¿Han cambiado los videojuegos el fútbol?
Es interesante que los futbolistas jueguen con ellos mismos en las videoconsolas. Lo están cambiando, pero no puedes jugar si no sales a la calle y corres. Los videojuegos, la televisión... han transformado la manera de entender un fútbol que sigue igual. Necesitas ser inteligente, moverte, tener el balón...

Antes de un Mundial, con 32 selecciones batiéndose, ¿es el nacionalismo perjudicial?
No es malo. Hay que mirarlo en su contexto. Todos tenemos nacionalidad. Puedes estar orgulloso o no de tu país, pero no hay que justificarlo todo en el nacionalismo... ni en la globalización.

Usted señala que el "fútbol es una esperanza constante". ¿Lo hace eso tan especial?
Es delirante. La gente cree incondicionalmente. Tras la derrota, estás hundido, pero piensas en lo siguiente. Es extraño.

¿Es el fútbol la nueva religión del mundo?
¡Es la religión más antigua del mundo! Antes del monoteísmo, la gente tenía dioses locales y la historia estaba conectada con ellos y con sus lugares. Y el fútbol es así. Es una especie de religión politeísta con dioses y relatos en cada club. A su vez, los hinchas reconocen y respetan a los mitos que no son suyos, que es lo más importante. En el fútbol, la intensidad de la creencia es similar a la religión, pero no requiera exclusividad.

Usted es aficionado del Liverpool. ¿Cómo puede un jugador como Karius superar sus dos fallos en la final? ¿Cómo se socializa la derrota?
No lo sé. Es muy duro. Fueron dos errores inexplicables, elementales y hay que aceptarlo. En la derrota, experimentas solidaridad con otros, pero es doloroso y extraño. Te sientes vacío. Tras perder la final, estaba con mi hijo y no sabíamos qué decir. ¿Por qué le damos tanta importancia? Es estúpido. Es únicamente un juego.

Se ha declarado creyente de Klopp. ¿Cuál es su dimensión?
Ha entendido la cultura del Liverpool y que todo debe girar alrededor de los hinchas. Ha construido un equipo a su imagen y semejanza y me gusta su estilo heavy metal.

¿Cómo ve la rivalidad entre Guardiola y Mourinho?
Es fútbol contra antifútbol. El City es bonito de ver, fantástico...  Pep tiene un temperamento filosófico sobre la humanidad y sus limitaciones. Y Mou ha evolucionado hacia una mentalidad defensiva y negativa. Obviamente, hay muchas formas de belleza en el fútbol. A mí me gusta la escuela del Barcelona y de Holanda, el fútbol total... pero también hay belleza en la Juve y el Leicester que ganó la Premier.

Usted le dedica un capítulo en su libro a Zidane. ¿Cómo ha podido pasar de ganar la Champions a irse?
No lo sé. Zidane es Zidane. Es único. No ha habido un jugador como él por la forma en la que controla su pasión. Ha sido capaz de ser un futbolista y un entrenador brillante. Ha proyectado su autoridad en un Real Madrid que impresiona por su tenacidad. No fallan. Tienen algo especial con la Champions.